martes, 4 de octubre de 2016

Mesa redonda revistas online

Tenemos el placer de anunciaros que el próximo 21 de octubre, Éufrates formará parte de una mesa redonda organizada por la Facultad de Humanidades de la Universidad Pablo de Olavide en el II encuentro de egresados de dicha facultad. Compartiremos mesa con otros proyectos editoriales online como La Odisea de la Historia, Mujeres Reseñando y Revista Itálica. Estaremos a partir de las 10 de la mañana en la Sala de Grados del edificio 7 en la Universidad Pablo de Olavide.  El encuentro contará con otras mesas redondas repartidas entre los días 20 y 21 de octubre y que podéis consultar en el siguiente programa provisional:



Este es un programa provisional que nos han pasado y que podría estar sujeto a modificaciones, nosotros os iremos informando conforme nos vaya llegando la información. Desde aquí os invitamos a todos los egresados a que vayáis, eso sí, tenéis que confirmar vuestra asistencia rellenando los datos del siguiente link:

https://www.upo.es/formularios/encuentro-egresados-fhum/

viernes, 30 de septiembre de 2016

Reseña: Europa ante el espejo (Josep Fontana)

La construcción sociopolítica, cultural y religiosa de lo que hoy reconocemos como Europa o “lo europeo” es fruto de un complejo y largo proceso. Tanto desde los libros como las aulas nos gusta ver el origen de esta construcción en el mundo grecorromano, desde donde se suele trazar una línea ascendente hasta el presente basándonos en una serie de evoluciones y mejoras técnicas que nos han permitido avanzar. Sin embargo esta visión progresiva de la historia se ha ido agotando gracias a publicaciones como la que hoy os reseñamos.

Europa ante el espejo es un libro breve (poco menos de 200 páginas), en el que se aborda la construcción de Europa a partir del reflejo que le han ido proporcionando a lo largo de la historia una serie de espejos deformantes, compuestos por el reflejo de aquellos “otros” que en cada etapa de la historia se han considerado la antítesis de lo civilizado. La división interna de esta obra dedicará un capítulo a cada uno de estos espejos.

El primer capítulo se titula “el espejo del bárbaro” y en él nos muestra cómo el concepto de lo griego primero y de lo romano después, se fue construyendo de forma paralela al de bárbaro. En él se nos muestra como frente a lo griego se situaba lo persa, frente a las libertades y pensamientos griegos, el despotismo político y cultural del persa.

En el segundo capítulo, “el espejo cristiano”, analiza el uso de la religión y la legitimación del poder en el Imperio Romano, explicando el paso de las tensiones con los grupos cristianos de los siglos I-III d. C. a la adopción del cristianismo como religión oficial del imperio y su dotación de los recursos para que fueran una de las estructuras del poder frente al paganismo y las distintas corrientes existentes dentro del cristianismo.

En “el espejo feudal” (tercer capítulo) se trata con cierto escepticismo la caída del Imperio Romano en manos de los pueblos germánicos, ya que el Imperio Romano de Oriente seguiría existiendo mil años más y, dentro de los territorios del Imperio Romano de Occidente, se tendió a no cambiar las estructuras que habían regido el imperio hasta entonces, con mayor o menor éxito. En este cambio siguió teniendo un papel muy importante el cristianismo como aglutinador y legitimador del poder. Es especialmente interesante, ya que busca romper con el pensamiento de que la caída del Imperio Romano supone una catástrofe, y muestra este pensamiento como el fruto de un discurso moderno que ha dejado su impronta en la identidad europea.

Los capítulos cuatro y cinco, “el espejo del diablo” y “el espejo rústico”, se profundiza en la construcción de estos reinos germánicos occidentales frente a las creencias y las culturas populares durante la Baja Edad Media. La alteridad de estas sociedades eran la herejía (cátaros, bogomilos, valdenses), el islam y las expresiones culturales que, aunque en el siglo XVI se empezarán a diferenciar, hasta entonces formaban parte de una cultura en la que participaban todos los estamentos sociales.

“El espejo cortés” (sexto capítulo) vendrá a reforzar esa crítica y cierto desprecio hacia la cultura popular, consecuencia de la creación de una cultura de élite seguida por los estamentos con mayor poder adquisitivo. La cultura del libro, la caballería, la ciencia, la moda, los bailes cortesanos y la religión oficial, frente a la superstición, el carnaval y las creencias marginales como el judaísmo o el islam.

El capítulo séptimo está dedicado al encuentro entre lo europeo y lo indígena o salvaje. En él se explica cómo el recién descubierto salvaje es ese otro al que lo europeos querrán domesticar en su pretendida superioridad cultural y religiosa.

El capítulo octavo corresponde una crítica precisamente a la idea del progreso que hemos expresado en las primeras líneas de esta reseña, y que se justifica a partir de esa superioridad técnica que permite a Europa ser la potencia principal durante los siglos XVI-XX. Es en la creencia en el progreso a partir del cual se generan una serie de modelos de Estado a la europea que se deben seguir para mejorar todos y cada uno de los territorios del mundo. El pasar del campo a la industria, del comercio local al ideal del libre comercio.

El penúltimo capítulo, “el espejo del vulgo”, habla en primer lugar de la construcción del “Estado Moderno” y como consecuencia de este, el "Estado-Nación" con las revoluciones de masas y la aparición de los gobiernos representativos. También dedica algunas líneas al nazismo y a la creencia casi racista soslayada de la superioridad de la cultura occidental.

“Fuera de la galería de los espejos” es el último capítulo que a modo de conclusión reflexiona sobre la deriva de estos reflejos y el papel general que han tenido estos espejos deformantes en lo que hoy conocemos como Europa. Una Europa que según el autor se ha empeñado en ir levantando muros hacia sus alteridades, que da la espalda a la inmigración y que se mira el ombligo, y donde termina diciendo que este hermetismo es lo que puede llevarla a la disolución.

Lo imprescindible de entender en este libro es captar que la existencia de puntos de inflexión de fechas y actos concretos que se estudia en algunos manuales y libros de texto de historia es una invención. Además de que es preciso entender los cambios en la historia como una confluencia de multitud de factores, no solo políticos o económicos, también sociales, religiosos, culturales, militares, etc. Es necesario aprender a huir de la mitificación de los grandes hitos y las grandes figuras históricas para comenzar a comprender la complejidad de los distintos procesos que han protagonizado la deriva histórica, que no siempre fue a mejor porque el mundo no funciona ni ha funcionado nunca de manera lineal y progresiva.


Por ello el libro de Josep Fontana me parece fundamental para todo aquel que quiera iniciarse en hacer historia, partiendo de una base que nos ayude a comprender de una forma más cercana las distintas realidades, historias y verdades que existen y que han dejado una huella en la ciencia occidental que tardará en irse, si es que algún día lo hace.


Referencia completa de la obra: FONTANA, J. Europa ante el espejo, Barcelona: Crítica, 2010.


martes, 27 de septiembre de 2016

El legado de Livia: emperatriz virtuosa

El uso de la imagen de las princesas y emperatrices romanas en la religión y política del imperio fue una constante a lo largo de toda la era imperial. La actitud, actuación y comportamiento manifestado por éstas tuvieron un peso importante de cara a la esfera pública, pues en ella residía el ejemplo de virtud femenina necesaria para la estabilidad del imperio en todas sus vertientes. Para que una emperatriz fuera digna de recibir honores, títulos, divinización y una clara aprobación por parte de los historiadores e intelectuales de su época, debía cumplir con unas series de características reconocidas y recopiladas en un estándar idílico. Sin embargo, para que todo estándar cobre forma, siempre ha de haber una primera premisa que sirva de ejemplo y marque el camino idóneo a seguir a lo largo del tiempo. Indudablemente, la emperatriz que sentó las bases y se erigió como primer y auténtico modelo de virtudes fue Livia, la esposa del emperador Augusto.

Tradicionalmente ha trascendido el dicho que detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer. En este caso, esta afirmación ha sido sustentada en las diversas premisas que expondremos a continuación. La domus imperial se erigía como familia idílica y ejemplar para el resto de ciudadanos, si Augusto fue un hombre modelo a vista de todo el imperio, su mujer así también lo debía ser. Las buenas virtudes de una emperatriz eran consideradas efecto de la buena acción de su marido, y como tal les servían al mismo de honra y gloria. Por consiguiente, al ser considerado Augusto el mejor de los emperadores y el mejor de los hombres, no sería descabellado pensar que por aquel entonces Livia debió de erigirse como la mejor de las mujeres, cuyas acciones y virtudes honraban y glorificaban a la figura de Augusto. Asimismo, la imagen del imperio como una gran familia otorga a Livia un estatus simbólico privilegiado frente al pueblo romano como mater patriae, conformando junto a su esposo la pareja idílica de parentes patriae, de tan relevante significado propagandístico en la ideología imperial. Unos títulos asumidos solo simbólicamente, puesto que tales nombramientos no fueron concedidos hasta Julia Domna, por la clara vinculación de éstos con la actividad pública.
La elaboración del modelo de emperatriz basado en Livia respondía a la asimilación de unas series de virtudes acorde con la tradición romana, cuya ideología muestra como referente clásico a las matronas. Aunque Livia no fue la primera mujer en recibir honores, ni en aparecer en las monedas imperiales, ni tan siquiera fue la primera mujer de la domus imperial en ser declarada diva; sí fue la emperatriz que más variedad y cantidad de honras recibió, del mismo modo que fue su culto el que más trascendencia tuvo. Innumerables virtudes y asociaciones, tanto imperiales como divinas permitieron definirla como la emperatriz más virtuosa. Cualidades como la fidelidad, concordia, piedad, fecundidad, modestia o castidad eran atribuidas a Livia y se procurará atribuir a las emperatrices que seguían su ejemplo.
Livia ocupó muy pronto una posición privilegiada en la sociedad romana a diferencia de otras mujeres. Gracias a las leyes dictadas por su esposo, Livia no sólo tenía garantizada su protección, sino además, tanto a ella como Octavia fueron liberadas de la titula masculina a la hora de dirigir sus propios asuntos. Tales privilegios hizo de Livia una mujer rica, aunque públicamente intentó mostrar siempre una imagen austera sin ostentación de lujos. Característica también muy relacionada con las matronas romanas. Asimismo, la gran personalidad de Livia la llevó a convertirse en uno de los personajes más atractivos para la propaganda oficial. Sus prácticas evérgetas beneficiaron a muchas ciudades y familias con problemas económicos. La sociedad romana supo reconocerle sus prácticas, méritos y posición contribuyendo en la enorme cantidad de honores y honras hacia su persona, no sólo una vez muerta, sino también en vida. La variedad y el exceso de pleitesías en honor a la emperatriz se percibe por todo los recovecos del imperio, tanto así que su recuerdo perduró  en la sociedad romana durante mucho tiempo.
Sin embargo, aunque su imagen trascendió a lo largo del tiempo como ejemplo de virtud femenina, no todas las fuentes literarias que hablan de Livia hacen honor a sus virtudes. De hecho, la imagen que se ha ofrecido de la emperatriz siempre ha sido de lo más distorsionada y contradictoria. Esto es un factor importante a tener en cuenta a la hora de analizar la imagen de cualquier personaje histórico, pues la información extraída de las fuentes siempre va atender a unos intereses concretos. Por ese motivo debemos de analizar las fuentes lo más minuciosamente posible, atendiendo siempre a las circunstancias y al contexto del autor.
Las obras de Suetonio, Tácito, Dión Casio entre los autores greco-latinos componen el cuerpo literario que presenta y describe la imagen de Livia. Tácito por su parte nos ofrece un perfil de la emperatriz bastante negativo. La imagen que transmite de ella es la de una mujer dura y dominante, en una posición acomodada por ser esposa y madre de emperador. En cierto modo, el autor carga sobre ella las muertes de los miembros de la familia Iulia que se interponían en el camino hacia el ascenso al trono de su hijo Tiberio. Por otro lado, Dión Casio ataca a la emperatriz por el deseo de ésta de involucrarse en asuntos de poder y recibir exceso de honores. Mientras, en cambio, Veleyo Patérculo, Valerio Máximo y Séneca parecen emitir juicios más amables de esta mujer. Junto a ellos, contrasta además toda la información recapitulada por la cantidad de representaciones iconográficas, estatuas, monumentos, monedas e inscripciones, donde se manifiestan afectos y homenajes a su persona.
Otro de los aspectos más característicos a destacar es que, pese a la idea de vincular a los emperadores de la dinastía Julio-Claudia con la figura de Augusto, la verdadera responsable y autora de dicha dinastía fue su mujer, Livia. La emperatriz era esposa de Augusto, madre de Tiberio, bisabuela de Calígula, abuela de Claudio y tatarabuela de Nerón. Su persona unía y vinculaba a todos los emperadores miembros de la dinastía Julio-Claudia. Todo ello, por supuesto, tras recibir la adopción de su esposo una vez que este falleció.
El ascenso progresivo de la esposa de Augusto hasta lograr el estatus divino se refleja en los cambios de su nombre, de hecho las transformaciones producidas en su nombre repercutieron en su posicionamiento tanto político como religioso. Durante su matrimonio con Augusto, la emperatriz se llamaba Livia Drusilla, a la muerte del mismo pasó a llamarse Iulia Augusta, y tras su deificación en el reinado de su nieto Claudio, fue finalmente apodada diva Augusta. La intervención de Livia en la deificación de su esposo, así como su nombramiento como Iulia Augusta y flamínica del culto a su esposo fue crucial, no sólo para la consolidación oficial del culto imperial en Roma, sino para que en torno a ella se fuera consolidando una imagen idílica que la llevó a su propia deificación años más tarde de su muerte en la capital, y la rendición de cultos y honores como diva en las provincias estando aún con vida. Ser la mujer y sacerdotisa de un dios y pertenecer a una familia de origen divino, hace pensar cuales fueron las principales razones por la que Claudio, a pesar del tiempo trascurrido desde la muerte de su abuela, quiso divinizar a Livia.

El ascenso de Livia a la escala divina fue decisivo en la legitimación de aspectos relacionados con la cuestión dinástica. Por medio de su divinización, Claudio conseguía legitimar su poder y actitud de gobernante de manera sacra, al convertirse en nieto directo de una diosa y por consiguiente, miembro de la domus divina. La necesidad partía de que Claudio, ni por nacimiento, ni por adopción descendía del divus Augustus, y solo podía justificar su vinculación con el fundador del Principado a través del parentesco con su abuela Livia. Asimismo, al no contar con ningún vínculo directo con Augusto, tampoco podía tener ningún carácter divino, por lo que la deificación de su abuela le sirvió también como legitimación divina, al consagrarse como nieto de diosa.
Tras ser divinizada, fueron acuñadas monedas conmemorando a la nueva diva, donde fue representada sobre un carro que la conducía al cielo. Además, Claudio mandó a colocar en el templo del divino Augusto una estatua de su abuela de manera que se adoraba a la nueva pareja de divi y su culto fue concedido a las vestales.

Bibliografía

Cid López, R. “Livia versus Diva Augusta. La mujer del príncipe y el culto imperial”,  Arys, 1, (1998), pp. 139-155.

Mirón Pérez, Mª D., Mujeres, religión y poder: el culto imperial en el occidente mediterráneo. Granada, Universidad de Granada, Instituto de Estudios de la Mujer, 1996.

Hidalgo de la Vega, Mª J., “Emperatrices paganas y cristianas: poder oculto e imagen pública”. En Mujeres en la antigüedad clásica. Género, poder y conflicto, Domínguez Arranz, Almudena. (ed.), pp. 185-207, Madrid: Sílex, 2010

Hidalgo de la Vega, Mª J., Las emperatrices romanas: sueños de púrpura y poder oculto. Salamanca. Ediciones Universidad Salamanca, 2012.

Lozano Gómez, F., “Santuarios tradicionales para nuevas divinidades: el templo de Livia en Ramnunte” Arys, 5, (2002), pp. 47-64.

Posadas, J. L., Emperatrices y princesas de Roma. Madrid: Raíces, D.L. 2008 

Imágenes

http://turistasypiratas.blogspot.com.es/2015/04/rostros-con-historia.html
http://augusto-imperator.blogspot.com.es/2014/07/livia-la-gran-emperatriz.html

Sobre la autora:
Cristina Cardador Ruíz
Graduada en Geografía e Historia por la Universidad Pablo de Olavide, promoción 2011-2015. Interesada en la Historia Antigua y en la Historia de las Religiones. Realizó su Trabajo de Final de Grado sobre el culto imperial en Itálica. Actualmente cursa el Máster en Religiones y Sociedades organizado por la Universidad Pablo de Olavide y la Universidad Internacional de Andalucía.

martes, 13 de septiembre de 2016

69 d. C.: El año de los cuatro emperadores

Nerón fue declarado enemigo público de Roma poco antes de suicidarse. Al ser el último miembro de la dinastía Julio-Claudia por no haber conseguido tener descendientes con ninguna de sus dos esposas (con la segunda tuvo una hija que murió a los pocos meses de nacer), su caída del poder precipitó una guerra civil que amenazó con destruir el sistema político del principado, que había sido pensado precisamente para evitar este tipo de conflictos.

Tras la conspiración de los Pisones (un complot contra el emperador en el que se planeó su muerte, en el que estaba involucrado el senador Cayo Calpurnio Pisón), Nerón comenzó a dejar ver su miedo hacia los comandantes más famosos y la nobleza en general, a los que hizo perseguir de forma descarada. La carga económica de las extravagancias del emperador había ido en aumento con los gastos derivados del incendio del 64 d. C.: una muestra de ello es la reducción del porcentaje de plata en los denarios en los años 64 y 65. Nerón, además, llevó a cabo abusos tributarios a las provincias, lo cual provocó que muchas de ellas se rebelaran y quisieran dejar de pagar impuestos.


Busto de Nerón, Giovanni Battista (Museo del Prado)

Esta situación provocó descontentos en todas las capas de la sociedad (especialmente en las superiores al ser atacadas directamente por las sospechas del emperador). Tácito cuenta como a Nerón se le apartó del trono “mediante mensajes y rumores, más que por la fuerza de las armas”.

Una vez que Nerón hubo abandonado la ciudad, la guardia pretoriana aclamó a Galba (un anciano consular de la nobleza republicana con un espléndido historial militar a sus espaldas, que llevaba ocho años gobernando en la provincia de la Hispania Tarraconensis). La vía política dejaba así paso a la vía militar: como afirma Tácito, en la primera crisis del principado se descubrió “el secreto del poder”, que no era otro que el control de los ejércitos provinciales. Por ello, es este momento cuando las provincias adquieren un verdadero protagonismo político frente a Roma e Italia, situación que se corresponde con la rivalidad económica ya existente entre ambas.

El Senado, que había declarado a Galba enemigo público de Roma por rebelarse ante la política fiscal de Nerón, condenó a éste (que se suicidó en la villa de un liberto) y proclamó a Galba emperador en junio del 68 d. C.


El emperador Galba, Taller Italiano (Museo del Prado)

La nobleza vio en el nuevo emperador a alguien capaz de velar por sus intereses y por la recuperación de la economía del Imperio, gravemente dañada tras los gastos llevados a cabo por Nerón. Además, al contrario que el anterior emperador, Galba trató de congraciarse con la población eliminando algunos impuestos y poniendo trabas a la actuación de los procuradores imperiales. Sin embargo, la pretendida reducción de gastos degeneró en avaricia: aunque en principio el emperador había recibido el apoyo de los soldados para llevar a cabo su reinado, pronto se pusieron en su contra al ver que no se les compensaba con los donativa prometidos cuando era aspirante al gobierno del Imperio. Por ello, los pretorianos lo eliminaron y los senadores propusieron al gobernador de Lusitania, Marco Salvio Otón (que, estratégicamente, había basado su propaganda política en su carácter generoso) como nuevo emperador.


Moneda de Otón 

Simultáneamente, Aulio Vitelio, gobernador de Germania Inferior, había sido ya nombrado emperador por su propio ejército, formado por las tropas del Rin. Aunque Otón contaba con el apoyo militar de las provincias occidentales, sucumbió ante la avalancha de las fuerzas de Vitelio en abril del 69, por lo que éste fue reconocido como emperador por el Senado. Para garantizar su seguridad personal, Vitelio retiró a los pretorianos del servicio activo y consiguió el apoyo de las legiones mediante promesas y donaciones que luego no resultaron ser tan efectivas como el emperador hubiera querido, pues surgirían sublevaciones en los ejércitos orientales que se pronunciaron a favor de Vespasiano, que cosechaba éxitos en Palestina, donde había sido destinado por Nerón antes de morir para parar las revueltas originadas en Judea en el 66 d. C.


Vitelio, Anónimo (Museo del Prado)

Vespasiano contaba con el apoyo de siete legiones y varios gobernadores provinciales, entre ellos el de Egipto, Tiberio Julio Alejandro (muy importante al ser este lugar el “granero” del Imperio). El apoyo provincial resultó decisivo para la victoria de Vespasiano en el 69 d. C., dado que la rivalidad planteada entre él y Vitelio solo podía resolverse mediante confrontación militar. Muerto Vitelio en Cremona (tras intentar en vano pactar con el nuevo emperador), Vespasiano preparó su marcha hacia Roma, que no llevaría a cabo hasta finales del año siguiente.

El nuevo emperador, primer miembro de la dinastía Flavia, llegó a restaurar el sistema imperial gracias a su acertado programa de administración, en el que la unidad del ejército y la reactivación económica de base presupuestaria e impositiva fueron los puntos clave.


Vespasiano, Giovanni Battista (Museo del Prado)

En el año 69, el Imperio sufre una crisis producida no solo por las carencias económicas provocadas por las circunstancias dadas en el gobierno de Nerón, sino por la ruptura de la línea sucesoria de la dinastía Julio-Claudia y los conflictos militares surgidos a partir de la misma, que amenazarán constantemente la unidad romana. Si se puede obtener una conclusión de estos conflictos entre ejércitos, es que desde este momento Roma ya no era la clave para gobernar el Imperio, sino una ciudad más, pues comienzan a surgir emperadores en las provincias y su éxito dependerá del apoyo que reciban de los ejércitos provinciales.


BIBLIOGRAFÍA

Barrett, Anthony A. (ed.), Vidas de los césares. Barcelona: Crítica, 2009.
Bravo, Gonzalo, Historia del Mundo Antiguo. Una introducción crítica. Madrid: Alianza Editorial, 2012.
Rabanal Alonso, Manuel Abilio. “Consideraciones sobre la crisis de los años 68-69”. Lucentum nº1 (1982): 183 – 188.



IMÁGENES

Página Web Museo del Prado (museodelprado.es) 

http://www.tesorillo.com/altoimperio/otho/otho5.jpg

La Edad Moderna (Siglos XV-XVIII)

       Manual para el estudio de la Historia Moderna, publicado por la editorial Marcial Pons, Ediciones de Historia. Esta nueva edición del celebérrimo compendio nos ayudará en el aprendizaje y la consulta de las edades comprendidas entre el siglo XV y el XVIII.


martes, 6 de septiembre de 2016

La catedral de Burgos: una muestra de arquitectura gótica

En el transcurso de la historia, la arquitectura ha ido sufriendo un proceso evolutivo de gran importancia, gracias al cual en la actualidad tenemos grandes iconos de estas distintas épocas. Uno de estos cambios se produce con el paso de la Alta Edad Media a la Baja, cuando la burguesía comienza a distinguirse como un nuevo estamento social  dejando de ser compatible con la que hasta entonces era la arquitectura en uso, la románica. Pero no solo cambia la demografía y el modo de entender las nuevas villas, el hombre se interesa por otras cuestiones ampliando así sus horizontes más allá de Dios. Sin embargo, los principales referentes del gótico seguirán siendo de carácter religioso.

La periodización está bastante distorsionada, ya que el siglo XII es el románico el estilo artístico por excelencia, aunque en este mismo momento se produce la reforma de la  catedral de Saint Denis en 1140 con cabecera gótica, hecho que se repite por toda Francia 10 años después. El siglo XIII es la época clásica del gótico en arquitectura y se  construyen las catedrales más altas, mientras que en los siglos XIV y XV se produce una simplificación arquitectónica con un recargamiento ornamental. En el siglo XIII se desarrolla por el comercio y por el equilibrio político  entre el rey y la nobleza feudal. Pero en el XIV  aparecerá peste: se acaban las catedrales que estaban en construcción y se empiezan muy pocas siendo éstas más bien iglesias, mientras que el siglo XV se caracteriza por ser más internacional con tendencias comunes en toda Europa, convirtiéndose en un arte cortesano que viaja de corte en corte.

La catedral Gótica es la expresión en piedra del pensamiento cristiano pues es la elevación hacia Dios imitando su grandeza y luminosidad, con muros reducidos a lo más indispensable, elegancia arquitectónica y vanos gigantescos ya que el muro no es soporte solo un cubrimiento lateral que casi siempre es de cristal. Por estos procedimientos, surge la conocida bóveda de crucería que concentra todo el peso en los vértices. Dichas catedrales son urbanas y enormes, convirtiéndose en  centros cívicos y solo encontradas en las más ricas y grandes ciudades que en ocasiones rivalizaban para ver quien tenía más poderío. Es ahora cuando la figura del arquitecto deja de ser anónima, pasando a ser reconocidos como artistas llegando incluso a tener privilegios y poder vivir de ello.


Todas estas características están perfectamente reflejadas en una de las catedrales góticas más importantes de la Península Ibérica, la catedral de Burgos levantada sobre los cimientos de un edificio románico y cuyo comienzo de la construcción estuvo a cargo del arzobispo Mauricio en el 1221 con la colaboración del Fernando III el Santo. Su inicio sigue un esquema completamente francés a cargo del arquitecto que primero aparece documentado conocido como el maestro Enrique, que al parecer también se encarga de las obras de la catedral de León. Junto a los rasgos artísticos que tienen una fuerte relación con obras francesas como son la catedral de Chartes o la de Reim, la índole ideológica está marcada con la monarquía viéndose reflejada en esta gran obra con figuras en relieve tanto de personalidades de la nobleza como son el Cid y su esposa Doña Jimena y miembros de la familia real. En Burgos, en pleno corazón de Castilla, otro de los maestros encargados de la obra, el maestro de las Torres, toma de Reims una triple manifestación de la realeza con la iconografía, la historia y el estilo que ya Alfonso X el Sabio preconiza. Aunque en el plano decorativo se entremezcle lo monárquico y lo naturalista, el interior no deja indiferente a nadie. Con una planta de tres naves con un crucero muy alargado y una girola de tramos de bóveda trapezoidales, muestra al visitante una sensación de magnificencia y solemnidad.

 En la fachada podemos encontrar un cuerpo central en medio de dos torres, mientras que en el espacio central se presenta un hermoso rosetón calado y sobre él un tercer cuerpo con una gran celosía de arcos de tracería. El largo crucero se abre a ambos lados con dos portadas espectaculares llamadas del Sarmental y de la Coroneria, ambas con una riqueza escultórica tanto en jambas como en las arquivoltas. Es en el exterior donde encontramos vestigios de siglos posteriores, más concretamente las esbeltas agujas de su fachada y el esplendido cimborrio central de finales del siglo XV. La esencia de la Catedral y sobre todo el estilo gótico se ha mantenido en las remodelaciones que se han llevado a cabo en el siglo XVIII como fueron la sacristía y la capilla de santa Tecla, en las cuales se utilizaron piedra caliza. Tanto en su planta, como en su concepción espacial y realización práctica la Catedral de Burgos responde a modelos del gótico más puro de la Francia del siglo XIII.


Declarado Monumento Nacional en 1885 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, es el templo católico de mayor rango en toda Castilla y León  y el único de toda España con distinción de forma independiente sin estar unido al centro histórico de la ciudad o a otros edificios. Sin duda, es una muestra del esplendor de un estilo arquitectónico que nos lleva acompañado a lo largos de la historia.
               

Bibliografía

Franco Mata, Á. “Alfonso X el Sabio y las Catedrales de Burgos y León”.Norba: revista de arte nº7 (1987).

Valdearcos, E. “El arte gótico”. Clio 33 (2007).

Imágenes

https://es.wikipedia.org


Sobre la autora



Lucía Lobato Hidalgo

Graduada en Geografia e Historia por la Universidad Pablo de Olavide, promoción 2011-2015. Interesada en la Historia Moderna y en la Historia del Arte, realizó su Trabajo Fin de Grado sobre los Bienes de Difuntos de Emigrantes Zafrenses en el siglo XVI. En la actualidad se dedica a impartir clases particulares y el próximo curso empezará un master enfocado en gestión cultural en la Universidad de Valladolid.

viernes, 2 de septiembre de 2016

El Príncipe, la Corte y sus Reinos. Agentes y prácticas de gobierno en el mundo hispano (ss. XIV-XVIII)

       Esta obra prologada por el profesor José Martínez Millán, reflexiona sobre la articulación de las cortes de los reinos y territorios de la Monarquía Hispana. A través de las relaciones personales de los cortesanos establecerán los vínculos constitutivos de la Monarquía. En consecuencia, esta perspectiva nos permite estudiar una amplia gama de agentes del poder monárquico: desde los primeros cargos del gobierno de la misma (virreyes, embajadores o ministros), los cargos eclesiásticos (obispos, arzobispos, inquisidores, predicadores o confesores), hasta individuos singulares que tuvieron contacto o interés con las dinámicas políticas de la Monarquía en cada momento: comerciantes, escribanos, consejeros, etc.


martes, 30 de agosto de 2016

El perro en Mesoamérica


Las últimas investigaciones sobre el ADN canino han descubierto que los primeros perros incursionaron en el Nuevo Mundo hace aproximadamente 15.000 años y lo hicieron acompañando a los grupos de cazadores-recolectores provenientes de Asia. El poblamiento del continente americano por los perros se llevó a cabo a través de varias migraciones y no en único viaje. Con base en los estudios de ADN es posible agrupar las diferentes razas caninas en cuatro grupos genéticos (Fig.1).



Figura 1. Árbol genealógico del perro, según los datos obtenidos a través del ADN. El perro común o itzcuintli, el perro maya y el tlalchichi (A) pertenecen al Grupo I. El xoloitzcuintle es la única raza que pertenece al Grupo IV. (Figura tomada de Valadez y Mestre, 2009).

A través de los estudios de los restos arqueofaunísticos, las fuentes literarias de época colonial y las representaciones iconográficas se han identificado cuatro razas de perros en Mesoamérica. 1) El itzcuintle fue la especie más abundante en Mesoamérica, tenía un tamaño medio y era muy parecido en aspecto a los perros “sin raza” que se encuentran hoy en día por todo México (Fig. 2). 2) El perro maya fue muy similar al perro común mesoamericano, pero con el rostro y cuerpo más corto y esbelto (Fig. 2). 3) El tlalchichi un perro de igual apariencia a su ancestro, pero con las patas tan cortas que apenas lograba despegar el vientre del suelo (Fig. 2). 4) Por último, el xoloitzcuintle es una raza endémica de Mesoamérica y se caracteriza por la ausencia de pelo y la carencia de algunos elementos dentales, como los premolares (Fig.3). Esta última especie es la más estudiada por la comunidad académica, principalmente porque su morfología ósea particular permite una mayor identificación. Cabe mencionar que las tres primeras razas mencionadas han evolucionado de un ancestro común (Fig. 1), mientras que el xoloitzcuintle es la única especie que creó a partir de un ancestro diferente a las anteriores, pero que en alguna posición genética comparten un ancestro.


Figura 2. Reconstrucción de las razas del Grupo I. El perro común o itzcuintle (A), el perro maya (B) y el tlalchichi (C). Reconstrucción de Valadez 1995 (Imagen tomada de Ramos 2009).




En Mesoamérica, los perros (Canis lupus familiaris) y los pavos (Meleagris gallopavo) fueron las únicas especies faunísticas domesticadas, aunque existió la práctica de mantener en cautiverio animales como venados (Odocoileus virginianus) y puercos de monte (Pecari tajacu). Los perros fueron animales de carácter polivalente y sumamente apreciados en las comunidades. Por ejemplo, razas como el Xoloitzcuintle necesitó de cuidados especiales, tal y como describe Sahagún en su obra: “Otros perrillos criaban que llamaba xoloitzcuintli, que penitus ningún pelo tenían, y de noche abrigánbalos con mantas para dormir [...].[1]”

Los perros fueron utilizados tanto para labores domésticas y económicas como en actividades religiosas. Por ejemplo, en las actividades seculares los perros se encargaron de cuidar la casa y a sus dueños [2], participaron en la cacería “[…] los perros, los cuales no saben ladrar ni hacer mal a los hombres y a la caza sí, que encaraman las codornices y otras aves y siguen mucho (a) los venados y algunos son grandes rastreando res […]” [3], fueron fuente de alimentos y regalos preciados “[…] crían en sus casas perros naturales de la tierra, que no muerden ni ladran, y los comen los indios y los tienen por mucho regalo […].[4]” Y finalmente los perros, en ocasiones, fueron criados y engordados para su venta y consumo.[5]

A menudo suele pensarse que los perros fueron parte de la dieta cotidiana de los pobladores mesoamericano. Sin embargo, la evidencia arqueofaunística y las fuentes etnohistóricas señalan que estos animales no fueron consumidos como un alimento común, sino como parte de una comida ritual (similar a los pavos), por lo tanto, éstos animales fueron sacralizados para personificar a una deidad y posteriormente ser sacrificados e ingeridos en un acto de comunión con el dios. Los resultados de los análisis de isotopos estables, en los restos óseos de perros  recuperados en el sitio de Colha y asociados a contextos rituales, sugieren que los perros destinados a ser sacrificados tuvieron una dieta basada en maíz, mientras que los materiales arqueofaunísticos recuperados en contextos seculares no hay evidencia de que el maíz hubiese sido parte de su alimentación. Principalmente se solía sacrificar y enterrar a los perros durante las ceremonias funerarias con el objetivo de que este animal ayudase a los difuntos (probablemente sus dueños) a cruzar el rio del inframundo, éste fue considerado el medio por el cual se establecía comunicación entre la vida mundana  y el inframundo. En ocasiones, los perros fueron depositados completos, o bien, algunas partes del cuerpo. Los restos arqueofaunísticos de perros a menudo están asociados a entierros de guerreros en el centro de México. Aunque para el área maya también se han identificado restos óseos de perros en entierros, por ejemplo, los contextos funerarios de la estructura Fn-183 (presuntamente de guerreros) del sitio arqueológico Xuenkal.
En resumen, el perro estuvo estrechamente relacionado a la vida cotidiana y religiosa en las sociedades mesoamericanas. Estos animales fueron compañeros de caza, guardianes, proveedores de materias primas, alimento, símbolo religioso y jerárquico, ofrenda de sacrificios, personajes de mitos, compañero de los dioses o representación en vida los mismos.


Notas:

[1] Sahagún, B. Historia General de las cosas de la Nueva España. Barcelona: linkgua, 2009.

[2] Ramos, C.  El papel del perro (Canis lupus familiaris) en la sociedad maya prehispánica de las tierras bajas del norte. Tesis para optar al grado de arqueólogo. México: Universidad Autónoma de Yucatán, 2009.

[3] Landa, D. Relación de las cosas de Yucatán. Mexico: INAH, 2010.

[4] Giral, N. “Las representaciones iconográficas de cánidos prehispánicos en el acervo de la Fundación Cultural Armella Spitalier.” Anales del museo de América 18 (2010): 77-98.

Bibliografía

Blanco, A, Bernardo Rodríguez y Valadez, R. “Colección arqueozoológica de perros del sitio Chac-Mool, Punta Pájaros, Quintana Roo.” Arqueología 22 (2009): 89-106

De la Garza, M. “Relación de la ciudad de Mérida.” En Relaciones histórico-geográficas de la gobernación de Yucatán, coordinado por Mercedes de la Garza, 65-84, México: UNAM, 1983.

De la Garza, M. “El perro como símbolo religioso entre los mayas y los nahuas.” Estudios de cultura Náhatl 27 (1997): 111-133.

Díaz, D. “Visual. El perro mesoamericano”. Arqueología Mexicana 125 (2014): 64-69.

Emery, K. “Animals from he maya underworld: reconstructing elite maya ritual at the Cueva de los Quetzales, Guatemala.” En Behaviour Behind Bones. The zooarcheology of ritual, religion, status and identity. Editado por S. Jones, W. Van Neet y a. Ervynck, 101-113. Oxford: Oxbow Books, 2004.
Giral, N. “Las representaciones iconográficas de cánidos prehispánicos en el acervo de la Fundación Cultural Armella Spitalier.” Anales del museo de América 18 (2010): 77-98.

Landa, D. Relación de las cosas de Yucatán. Mexico: INAH, 2010.

Masson, M. “Animal resource manipulation in ritual and domestic contexts at Posclassic Maya communities.” World Archaeology 31 (2009): 93-120.

Ramos, C.  El papel del perro (Canis lupus familiaris) en la sociedad maya prehispánica de las tierras bajas del norte. Tesis para optar al grado de arqueólogo. México: Universidad Autónoma de Yucatán, 2009.

Rivas, J. Los recursos faunísticos como un demarcador social en el sitio de Xuenkal, Yucatán. Tesis para optar al grado de arqueólogo. México: Universidad Autónoma de Yucatán, 2009.

Sahagún, B. Historia General de las cosas de la Nueva España. Barcelona: linkgua, 2009.

Seler, R. Las imágenes de animales en los manuscritos mexicanos y mayas. México: Editorial Juan Pablo, 2004.

Valadez, R. “El origen del perro americano y su dispersión.” Arqueología mexicana 125 (2014): 30-37

Valadez, R. y Mestre, G. “Nuestro conocimiento sobre el xoloitzuintle: un balance entre ciencia y tradición.” AMMVEPE 20 (2009): 64-72.

Valadez, R., Alicia Blanco y Christopher Götz. “Perros pelones del México prehispánico. Arqueobios 3 (20109): 5-19.

White, C., Mary Pohl, Henry Schwarcz, y Fred Longstaffe. “Isotopic evidence for Maya patterns of deer and dog use at Preclassic Colha”. Journal of Archaeological Science 28 (2001):89–107.


Sobre el autor:

Javier Adrián Rivas Romero

Estudió Arqueología enfocada en el área maya por la Universidad Autónoma de Yucatán. Actualmente estudia el Master en Religiones y Sociedades por la Universidad Pablo de Olavide. Está interesado en la arqueozoología y en los estudios sobre religión. 





martes, 23 de agosto de 2016

Introducción a una antropología de las sociedades vikingas

Las sociedades vikingas y su modo de vida están de moda. No hace falta escribir todo un artículo para justificar esta afirmación: series de televisión y películas, vestimentas con trazados étnicos normandos, actual atractivo de cortes de pelo y barbas muy similares a las que constan en los grabados históricos sobre los nórdicos, etc. La explicación de este fenómeno quizás escapa al trazado que pueda realizarse en un artículo de estas características, requeriría de investigaciones psicosociales de muy diverso tipo. Sin embargo, lo que justifica este artículo no es la actualidad de su tema, sino una pregunta más delicada, que en multitud de ocasiones puede herir nuestra sensibilizada dignidad: ¿cuánto de lo que conoce sobre los vikingos es cierto? Esta pregunta a su vez implica una anterior, más molesta si cabe: ¿ha contrastado alguna vez la información que los medios venden sobre los vikingos?


Tres protagonistas de la serie televisiva Vikings


La etnohistoria es la disciplina que busca profundizar a través de la cultura material y las técnicas historiográficas y arqueológicas en una cultura, a fin de poder realizar una antropología de esa sociedad o de alguna parte de ella. El interés que esto pudiera tener para nuestro tiempo le compete defenderlo a la autora o autor de la investigación misma, pues no todas las etnohistorias son interesantes y/o pertinentes. En el caso de los vikingos, quizás pueda no interesar a muchos de los apasionados recreadores y consumidores de los diversos productos vinculados con estas sociedades, pero sí es estrictamente pertinente. En primer lugar, porque nos permite diferenciar con exactitud ficción y realidad, sirviéndonos a su vez para cuestionar las lecciones confusas de historia que transmiten algunos charlatanes y medios. Por otro lado, tiende un puente entre el consumidor aficionado a la historia y su objeto de interés. Por último, cumple una función pedagógica de reconocimiento de nuestra propia realidad de forma comparativa. En las próximas líneas intentaré esbozar un recorrido bibliográfico que permita a los interesados investigar los fenómenos culturales y sociales que caracterizaban a estas sociedades con un fin meramente introductorio.

Organización Social. Apenas podemos encontrar referencias rigurosas sobre la estructura social de los vikingos en la cultura pop. Por este tema se pasa de puntillas mencionando, si acaso, datos pertenecientes más bien al anecdotario arqueológico, que a la propia organización social vikinga. Algunas de las características más serias que hemos visto en series de televisión y documentales son: que los nórdicos vivían en comunidades, regentadas por un Bigman [1] o un rey (Jarl); que las mujeres tienen un estatus inferior, aunque a diferencia de otras sociedades de la Alta Edad Media sí podían tener poder y relativa autonomía; o que el matrimonio es una institución formal y la unidad mínima de organización. Para profundizar en este ámbito, y no quedarnos con esa sesgada visión, recomendaría la lectura de dos obras capitales: “La vida cotidiana de los vikingos” de Regis Boyer y “El mundo de los vikingos” de Richard Hall. En estas obras podremos encontrar información sobre el hogar típico vikingo, las complejas relaciones de género de estas sociedades o las importantes relaciones socioecológicas entre los nórdicos y su entorno. Así mismo, podremos comprender algunos de fenómenos cotidianos que son imprescindibles para entender por qué la sociedad vikinga se lanzó al mar, convirtiéndose en los más peligrosos enemigos de los cristianos durante gran parte de la Alta Edad Media.


Miniatura del siglo XIV que ilustra y describe la invasión normanda de Inglaterra


Política. Como todo el mundo sabe gracias a la cultura pop, entre los vikingos existía el ostracismo, la esclavitud, el combate singular y el derecho de participación en las incursiones de cualquier hombre libre de la comunidad (el tema de la mujer es más complejo y merecería un tratamiento detallado que evidentemente nunca se le concede). Estos son los pocos ejemplos que normalmente conocemos del derecho nórdico. Sin embargo, a diferencia de lo que han afirmado constantemente los historiadores clásicos, el derecho nórdico era extremadamente rico y complejo. Su estructura social estaba muy jerarquizada; existían multitud de rituales y tradiciones que regulaban las relaciones entre las clases sociales, entre comunidades vecinas, entre reyes e, incluso, entre los invasores y las zonas invadidas. La guerra no era una suerte de frenesí organizado esporádicamente, sino que cada incursión estaba metódicamente estudiada, entre otras razones porque los recursos eran escasos y había que dejar que las zonas atacadas los años anteriores se recuperasen para así obtener jugosos botines. Para profundizar en estos ámbitos es imprescindible la lectura de la obra de Eric Oxenstierna “Los vikingos” y la de Peter Hayes Sawyer “Kings and Vikings: Scandinavia and Europe”.

Economía. La estructura política y social de los vikingos estaba mediada por su economía, ya que eran pueblos con recursos muy escasos que se adaptaron a condiciones de vida extremas, al menos en comparación con el resto de pueblos de Europa. Su economía, como es conocido popularmente, estaba basada en la agricultura/ganadería, la pesca y la piratería, y posteriormente se añadiría el comercio. De esas cuatro, la piratería ha sido la más publicitada desde los primeros contactos con los vikingos y, sin embargo, de facto fue la menos relevante de todas a un nivel estrictamente económico. La piratería era en principio un recurso complementario para su modo de vida, pero cuando creció el comercio y se mejoraron las técnicas de pesca y agricultura, servía más como mecanismo para regular el estatus de los guerreros y la legitimidad de sus líderes que como herramienta económica. Otros historiadores explican la piratería como un recurso para afrontar la densidad demográfica, lo cual también apoya la tesis de que no era una estrategia primara para la estructura económica vikinga, sino secundaria. Por ello, es muy recomendable la lectura del libro “Breve Historia de los Vikingos” de Manuel Velasco, “The Vikings” de Johannes Brøndsted y “The vikings and their origins” de M. David Wilson.


Piedra de Tjängvide

Con estas lecturas, el interesado podrá profundizar con rigor en la fascinante antropología de los vikingos, tan engañosa a primera vista como falseada por los medios y la tradición historiográfica europea-cristiana. Espero que este pequeño trazado introductorio pueda servir para evitar a todos los interesados el descalabro bibliográfico que yo mismo tuve que sufrir cuando comencé a interesarme por estas sociedades. Por supuesto, hay muchas lecturas más especializadas y profundas sobre estas cuestiones y muchas otras que no hemos tratado (religión, arte, sexualidad, simbólica, evolución histórica, etc.), pero he buscado primar aquellas que me resultaron más atractivas y menos pedantes. Ojalá alguno de estos libros pueda llegar a vuestras manos. Estoy seguro que ello provocará la retirada del velo de los prejuicios (a veces muy atractivos) que hemos asumido colectivamente sobre estas complejas sociedades.

Notas:

[1] En Antropología se denomina con este concepto a los líderes carismáticos, que ejercen un poder real pero limitado, apoyado por alguna tradición religiosa, mitológica o algún hecho singular. Estas personas no son una autoridad formal, pero su capacidad de influencia es muy elevada.

Imagenes:

Protagonistas serie televisiva Vikings: http://www.lavozdigital.es/tv/lvdi-ocho-cosas-no-sabias-serie-vikingos-201512290740_noticia.html

Piedra de Tjängvide: https://es.wikipedia.org/wiki/Piedra_de_Tj%C3%A4ngvide

Miniatura del siglo XIV: http://historia-maritima.blogspot.com.es/2012/01/los-vikingos.html



Bibliografía:

BOYER, R. La vida cotidiana de los vikingos (800-1050), Palma de Mallorca: El barquero, 2005.

BRØNDSTED, J. The Vikings, Harmondsworth: Penguin, 1965.

COHAT, Y. Los vikingos, reyes de los mares, Madrid: Aguilar Universal, 1989.

DONALD, L. F. The Vikings in history, Londres: Routedge, 1991.

HALL, R. El mundo de los vikingos, Madrid: Akal, 2008.

OXENSTIERNA, E. G. Los vikingos, Barcelona: Caralt, 1977.

PÖRTNER, R. La saga de los vikingos. Barcelona: Juventud, 1975.

SAWYER, P. H. Kings and Vikings: Scandinavia and Europe, A.D. 700-1100. Estocolmo: Routledge, 1985.

VELASCO, M. (2012). Breve historia de los Vikingos, Madrid: Nowtilus, 2012.


WILSON, M. D. The vikings and their origins, Londres: Tames & Hudson, 2010.


Sobre el autor:

Antón Guzmán Troncoso

Mi nombre es Antonio Jesús, pero desde hace mucho soy conocido como Antón. Soy antropólogo e investigador social. Actualmente, estudio Psicología en la UNED y trabajo como diseñador creativo e investigador social en la empresa CACTUS: Investigación Cualitativa y Comunicación S.L. Mis intereses son de lo más variopintos: la filosofía, la historia antigua, la música jazz, la teoría política, el cine… Pero lo que verdaderamente me apasiona es la literatura fantástica, vicio que me ha llevado por los más apasionantes senderos que he recorrido en mi vida.