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martes, 29 de agosto de 2017

Los templarios en la Corona de Aragón (1131-1312)

Al pensar en los caballeros templarios, nos vienen inmediatamente a la mente recuerdos de grandes batallas, luchas sin cuartel en Tierra Santa y de una actitud humilde y ejemplar propia de una orden religiosa.

No obstante, tras estas escuetas líneas quedan muchas piezas por descubrir y encajar para saber cuál fue realmente su historia. A lo largo de este artículo, daremos detalles sobre la misma haciendo hincapié en algunas cuestiones relacionadas con: su origen, nombre característico, su papel en la Corona de Aragón y cómo éste influiría posteriormente en la disolución de la orden junto a una serie de factores.


En primer lugar, cabría decir que el nacimiento de la Orden del Temple está altamente relacionado con el contexto posterior a la primera cruzada  (1096-1099). En este periodo histórico de campañas militares y grandes peregrinaciones armadas, los cruzados cristianos tomaron Jerusalén y parte de la actual al dominio musulmán. No obstante, el control sobre el territorio era bastante débil y poco efectivo en la práctica. Asunto que era fácilmente perceptible, al observar la gran cantidad de ataques que sufrían los peregrinos que acudían a Tierra Santa, en el trayecto entre la costa y Jerusalén.

Con el fin de garantizar la seguridad del peregrino y erradicar esta amenaza, surgió un pequeño grupo de caballeros cruzados que se asociarían hacia el 1119, a los cuales se les concedió como cuartel general el área del antiguo templo judío de Jerusalén, de ahí que empezaran a ser reconocidos como la “Orden del Temple”.

En los primeros años sufrieron serias dificultades, debido a la escasez de miembros y a la falta de financiación. Con el fin de buscar una solución a ello, el líder templario, Hugo de Payens partió en el 1127 hacia Roma para reunirse con el Papa Honorio II, con el objetivo de pedir el reconocimiento oficial de la Orden. Para debatir esta cuestión, el 13 de enero de 1129 en Troyes, se  convocaría un Concilio que portaría el mismo nombre de la ciudad francesa en la que se celebró.


Huge Payens

El resultado, fue que este mismo año se obtendría el reconocimiento eclesiástico y el respaldo de diversos intelectuales entre los que destacó Bernardo de Claraval, quien escribió una obra titulada “Elogio de la nueva milicia” para animar a la nobleza europea a entrar en el Temple. A  partir de este momento lograría un mayor éxito basado en un aumento sustancial del número de miembros y de las donaciones dadas a favor de su causa, dando solución de este modo a las carencias iniciales de la orden.

Tras su reconocimiento en el Concilio, pasarían 10 años hasta que el Papa Inocencio II la reconociera definitivamente como Orden oficial. Este estatus llevaría consigo, la dependencia directa de la autoridad pontificia y a su vez eximiría a la orden de la jurisdicción episcopal. A raíz de esto, podemos dejar constancia de que fue la primera orden de carácter religioso-militar, que configuró el prototipo de otras tantas que irían surgiendo a lo largo de los siglos XII y XIII, como es el caso de las órdenes de Calatrava (1158), Teutónica (1190) y de Santiago (1158).


En el colofón del siglo XII, la Orden del Temple no sólo sería considerada como una fuerza de escolta de peregrinos, sino más bien, como una de las fuerzas militares más destacadas del reino de Jerusalén, cuya influencia política era notable en el Oriente Latino.

Respecto a su papel en la Corona de Aragón, la Orden se instauró en estos territorios en el 1131, en el contexto del avance cristiano en la conquista de la península ibérica. La alta nobleza aragonesa y el propio rey le mostraron su reconocimiento y admiración por su labor en Tierra Santa  y los agasajaron con propiedades y rentas para conseguir su favor con vistas a que colaboraran en la empresa militar que estaban llevando a cabo.

Inicialmente, la Orden de los Templarios no tenía ningún interés en implicarse en esta conquista, sino que sus objetivos principales se basaban en recoger donativos y ganar adeptos para ayudar a sus compañeros en Tierra Santa. No obstante, tras la celebración de una asamblea el 15 de abril de 1134 convocada por el Conde de Barcelona (Ramón Berenger III) se les ofreció grandes privilegios si se decidían a colaborar a favor de la Corona de Aragón, como finalmente hicieron. De hecho, tras finalizar las campañas de Berenguer y su hijo Alfonso, las encomiendas templarias se extenderían por todo el territorio de la Corona, acentuando su presencia al sur del río Ebro y en la región montañosa de Teruel con la intención de proteger la frontera y preparar el avance hacia Valencia.

La influencia política del Temple en la Corona de  Aragón llegó a su culmen durante los reinados de Pedro II (1196-1213) y Jaime I (1213-1270), destacando las numerosas concesiones realizadas tras  la conquista de Valencia y Mallorca. De la primera, recibirían parte de la ciudad de Valencia, la torre de Alibufat y su barrio circundante, además, las posesiones de las ciudades de Peníscola, Xivert y Burriana dónde más adelante fundarían conventos. Y de la segunda, obtendrían la Almudaina de los judíos, 525 caballerías y 365 propiedades inmobiliarias.

Durante los reinados de Pedro III, Alfonso III y Jaime II, no hubo concesiones territoriales como se habían ido realizando en los anteriores. No obstante, se siguieron conservando los privilegios (exenciones reales y pago de varios impuestos). En estos tres reinados se les consideraba en palabras de Juan García Atienza: “huéspedes sin funciones que vivían de las glorias pasadas”.

En tiempos de Pedro III se enfrentarían a una difícil situación ante la conquista de Sicilia (1282), ya que se trataba de un feudo de la Santa Sede y ellos rendían fidelidad tanto al Papa como a la Corona de Aragón. Éstos no se opusieron directamente a la voluntad papal, pero sirvieron a Pedro III  y a su tierra, mostrando fidelidad a la Corona por encima de otras consideraciones.

A pesar del panorama exitoso, en 1291 tras la caída de Acre desaparecieron los Estados Latinos de Tierra Santa, hecho que tuvo como consecuencia la finalización de la misión originaria de la Orden. A la suma, se extendieron una serie de calumnias acerca de esta Orden que fueron secundadas por Felipe el Hermoso de Francia (1285-1314) y Jaime II de Aragón (1291-1314).Las cuales, desatarían una serie de persecuciones y la prohibición de usar nombres y símbolos distintivos de la Orden bajo pena de excomunión, por veredicto del Papa Clemente V.


Jacques Molay sentenciado a la hoguera

Ante esta situación muchos templarios se encerraron en sus fortalezas para luchar contra las fuerzas reales, pero éstas fueron sucumbiendo a lo largo del tiempo y los altos cargos de la Orden como es el caso de Jacques Molay, fueron sentenciados a morir en la hoguera.

Finalmente, en 1312 el Papa Clemente V disolvió definitivamente la Orden. Los templarios capturados serían absueltos a título de exclaustrados bajo la tutela episcopal.  Aquellos que pertenecieron a esta Orden religioso-militar se dispersaron y cada cual ocupó una nueva labor: muchos recalaron en otras órdenes, otros acabaron alistándose entre los almogávares de Oriente a modo de mercenarios y algunos se retiraron para llevar una vida fuera del campo de batalla.

Bibliografía:

Archivo Histórico Nacional,CODICES,L.598

Fuget, Joan, y  Carme Plaza. Los templarios en la Península Ibérica. Madrid: Editorial Círculo de Lectores, 2005.

García, Juan. Los enclaves templarios. Barcelona: Ediciones Martínez Roca, 2002.

Ortuño, Manuel. "Publicación digital de Historia y Ciencias Sociales". Revista de Claseshistoria, nº301 (2012),   http://www.claseshistoria.com/revista/2012/articulos/ortuno-templarios.html   (Consultado el 1 de Agosto de 2017).

De Moxó, Francisco . “Los templarios en la Corona de Aragón”. Aragón en la Edad Media, nº10-11 (1993), https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=108470 (Consultado el 1 de Agosto de 2017).


Imágenes:




Escudo de la orden de Calatrava: https://es.wikipedia.org/wiki/Cruz_de_Calatrava



Sobre el autor:

Francisco José Gómez García

Graduado en Geografía e Historia por la Universidad Pablo de Olavide, promoción 2012-2016. Periodo en el que desarrolló su interés en la violencia, redes de comercio y nodos de comunicación de la Monarquía Hispánica en Oriente durante la Edad Moderna. Su Trabajo Fin de grado, titulado “La masacre de los sangleyes en el contexto de la imprenta sevillana”, estuvo estrechamente relacionado con estos asuntos. Además, muestra interés por la historia militar, las catástrofes naturales en la historia y la archivística. Actualmente, está matriculado en el Máster en Historia y Humanidades Digitales, organizado por la Universidad Pablo de Olavide.

martes, 14 de marzo de 2017

Jaime IV de Mallorca, el desconocido rey errante

Muchos son los episodios históricos que, habiendo marcado el devenir de todo un pueblo, han sido completamente olvidados. Podríamos escribir mucho sobre ello y enfatizar cuánta razón tenía George Orwell al decir que "la historia la escriben los vencedores", pero en el siguiente artículo vamos a hablar de un rey que, habiendo tenido una vida realmente apasionante, apenas es conocido siglos después de su muerte. Y es que Jaime IV fue un monarca sin trono ni reino que, por avatares de la vida, se vio obligado a recorrer las cortes de la Europa medieval para obtener apoyos e intentar recuperar lo que, en manos de su tío, consideraba suyo por derecho propio.


Retrato de Jaime IV de Mallorca

Jaime IV (1336 – 1375) era hijo, sobrino y nieto de reyes. Descendiente de Jaime I el Conquistador, tanto él como su hermana Isabel eran fruto de la unión matrimonial entre Jaime III el Temerario, monarca legítimo del Reino de Mallorca, y Constanza de Aragón y Enteza, hija de Alfonso IV el Benigno. El enlace, pactado durante la infancia de sus progenitores, era la culminación de unos acuerdos que, constituidos con mucho esfuerzo, estaban llamados a poner fin de una vez por todas al largo conflicto que mantenían desde hacía décadas los reyes de ambos territorios. La enemistad entre las dos ramas familiares a raíz de la controvertida herencia dejada por Jaime I, las óptimas posibilidades económicas que ofrecía el reino y su posición estratégica en el Mediterráneo habían originado un crudo enfrentamiento que había desgastado a las dos facciones. Ante la necesidad de finalizar con una situación malsana para sus intereses, los acuerdos dieron paso a una época de tranquilidad que se truncaría con la llegada al trono catalano-aragonés de Pedro IV el Ceremonioso y la imprudente política internacional de Jaime III. El conflicto entre ambos monarcas no se haría esperar. La Batalla de Llucmajor sesgaría la vida de Jaime III en 1349 y Pedro IV, apoyado por los estamentos más poderosos, conseguiría apoderarse del trono.

Si bien el enfrentamiento había cesado y Pedro IV había obtenido el dominio del Reino de Mallorca, el rey era consciente de que quedaban frentes abiertos. ¿Qué debía hacer con sus sobrinos que en virtud de los últimos designios de Jaime I seguían siendo los herederos legítimos? Lo cierto es que poco sabemos de la infancia del príncipe Jaime, aunque con seguridad vivió en primera persona el enfrentamiento familiar y la creciente inestabilidad política. Separado de su madre durante un tiempo, el fallecimiento de su progenitor le sorprendió en el propio campo de batalla: con apenas 13 años presenció la muerte de su padre y de sus hombres. Herido, fue trasladado al Castillo de Bellver donde junto a su hermana fue hecho prisionero. Sacados a la fuerza de Mallorca, Isabel y Jaime (nominalmente monarca del Reino de Mallorca y príncipe de Morea, conde de Clarença y barón de Matagrifó) vivirían presos en diversos castillos y fortalezas durante 12 años hasta que el joven, auspiciado por una facción de nobles, fue liberado en 1362. Pedro IV, enterado de la fuga, mandó al gobernador de Mallorca a que vigilara los desembarcos efectuados en la isla al mismo tiempo que iniciaba la infructuosa búsqueda de su sobrino en Cataluña. Todo fue en vano.


Castell de Bellver

Sabiendo que su tío no tendría piedad si lo encontraba, Jaime IV iniciaría un largo periplo que le llevaría a refugiarse primero en Aviñón y luego en Nápoles. Su estancia en Nápoles le fue propicia puesto que además de contraer matrimonio con la reina Juana I y obtener tanto su protección como el título de duque de Calabria, en la corte napolitana empezaría a recabar apoyos para su venganza. 

Separado a los pocos años de su esposa, con la que siguió manteniendo una relación cordial, el pretendiente al trono optaría por viajar a Francia para atraer el apoyo de Carlos V de Valois. Rechazadas sus demandas ante el buen momento que atravesaban las relaciones entre éste y Pedro IV, Jaime se desplazaría hasta la Península Ibérica por su cuenta y riesgo para buscar apoyos entre la influyente nobleza castellana. Y es en este preciso instante cuando, sabiendo que Pedro I el Cruel demandaba auxilio entre la aristocracia para luchar contra su hermanastro Enrique de Trastámara, Jaime IV decidió involucrarse en la Primera Guerra Civil Castellana con la esperanza de que el monarca castellano, enemistado con su tío, le concediera posteriormente ayuda para su propia causa.

El conflicto castellano, gestado durante mucho tiempo, se había internacionalizado. La Guerra de los Cien Años mantenía enfrascados a los monarcas de Francia e Inglaterra en un crudo enfrentamiento feudal desde 1337 y el resto de gobernantes, según el curso de los acontecimientos, iban aliándose con uno u otro bando en pos de los intereses de sus reinos. Pedro I y Pedro IV no serían una excepción. Olvidando sus históricas rivalidades Pedro IV y Carlos V habían entablado una alianza que parecía fructífera para ambos; Pedro I, desprovisto de los apoyos suficientes entre la nobleza, decidió demandar ayuda a Eduardo de Woodstock, el famoso Príncipe Negro, para que le prestara auxilio y éste, luego de asegurar el compromiso del monarca de ceder territorios peninsulares a Inglaterra, comenzaría a entablar conversaciones con otros caballeros para que se unieran a Pedro I. Con el respaldo económico de su esposa, el patrocinio de Urbano V y una amistad creciente con el heredero al trono inglés, Jaime IV participaría junto a las fuerzas de Pedro I y el Príncipe Negro en la Batalla de Nájera (1367) donde sería apresado. Trasladado a Valladolid, sería liberado en 1369.

Rotas las alianzas con otros nobles que no deseaban una confrontación directa con el rey de la Corona de Aragón, Jaime abandonaría Castilla para volver al sur de Francia. En Montpellier recibiría la visita de su hermana Isabel que, viuda de Juan II Paleólogo, le instaría a retomar sus planes en contra de Pedro IV. Restablecidas las conversaciones con Carlos V (que mantenía un pleito con Pedro IV por el Rosellon) a través de Luis de Anjou y gracias a la asistencia económica de su hermana y de su esposa, Jaime IV reuniría un vasto ejército de mercenarios con el que atravesaría la frontera en dirección a Barcelona. Salvaguardada por el ejército del monarca la ciudad resistiría el asedio al que fue sometida durante un año hasta que Jaime IV, por cuestiones tácticas, se vio obligado a abandonar la campaña.

Con su ejército forzado a marchar hacia Castilla, Jaime comenzaría a mostrar signos de agotamiento. Sin apenas energías, herido y, según algunos historiadores, convenientemente envenenado por orden de Pedro IV, el hijo de Jaime III arribaría a Soria. En la ciudad castellana, el 20 de enero de 1375, el rey titular del Reino de Mallorca fallecía y su cuerpo, sepultado con todos los honores por voluntad del futuro Juan I de Castilla, encontraría descanso en el convento de San Francisco. Abandonado con el paso del tiempo y destruido parcialmente durante la Guerra de Independencia (1808-1814) el convento, que actualmente se encuentra en ruinas, alberga aún el enigma sin resolver del emplazamiento exacto donde fue inhumado el cadáver del rey errante que nunca pudo reinar.

 Bibliografía:

Casasnovas, M. À., Història de les Illes Balears. Editorial Moll: Palma de Mallorca, 2007

Ensenyat Pujol, G., La reintegració de la Corona de Mallorca a la Corona d’Aragó. Editorial Moll: Palma de Mallorca, 1997

Ferrando, J. E., La tràgica història dels reis de Mallorca: Jaume I, Jaume II, Sanç, Jaume III, Jaume IV, Isabel, Vol. 21. Editorial Aedos: 1960.

Palenzuela, V. A.A., Historia de España de la Edad Media. Editorial Ariel: Barcelona, 2002.

Imágenes:

Castell de Bellver - El hecho de ser apresado en el Castell de Bellver y ser prisionero en otros emplazamientos fuera de la isla marcaría la existencia de Jaime. Las fuentes señalan que la precariedad y hostilidad a la que fue sometido durante su encarcelamiento forjarían su carácter y la animadversión que mostró durante toda su vida por quién él consideraba un usurpador.

Retrato de Jaime IV de Mallorca - A la muerte de Jaime IV, Isabel I de Mallorca dedicó el resto de su vida a intentar hacer realidad los deseos de su hermano. Después de su fallecimiento en 1404 ninguno de sus hijos mostró inclinación alguna en luchar por recuperar el Reino de Mallorca. Jaime II de Urgel, nieto de Isabel, competiría con Fernando de Antequera por el trono de la Corona de Aragón.


Sobre la autora:

Romina Martínez
Licenciada en Historia por la Universidad de les Illes Balears (UIB), diplomada en Historia de les Illes Balears por la UIB y con el Máster de Formación del Profesorado (especialidad Geografía e Historia) por la misma universidad. Desde el 2012 colabora en diversos medios digitales que ha compaginado con la gestión de su propio blog llamado Tempus Fugit.





martes, 21 de febrero de 2017

La doncella de Orleans: Juana de Arco y la unificación de Francia


Joan of Arc.Dante Gabriel Rossetti (1882)

La figura de Juana de Arco permanece latente en el imaginario colectivo francés, aun cuando su efigie no sólo se define como representativa del nacionalismo galo, sino también de libertad, valor, fe y feminismo. A fecha de hoy, 21 de febrero de 1431, un tribunal inglés iniciaba los juicios contra la Doncella de Orleans, La Poucelle, que se prolongarían hasta su muerte en la hoguera bajo el título de hereje, blasfema y apóstata. Pero, pese a todo, el tiempo ha hecho de Juana de Arco un personaje de talla nacional en torno al que crecen las leyendas sobre sus hazañas y, con ello, la devoción hacia su figura.

Jeanne d'Arc nació en el pequeño pueblo de Domrémy el 6 de enero de 1412, en el seno de una familia campesina. Jacques Darc e Isabelle Romée, sus padres, acostumbraron a la muchacha desde bien temprano a las labores que correspondían al mantenimiento de la granja. Así fue cuando, un día en el que Juana cuidaba del rebaño, se vio acompañada de las voces del arcángel San Miguel, Santa Catalina de Alejandría y Santa Margarita de Antioquía. Según declaraba, «yo tenía trece años cuando escuché una voz de Dios», y hasta tres veces hubo de sentirla hasta que vio desaparecer su miedo y pudo reconocer alas santas y al arcángel, a cuyos llamados respondía con un profundo miedo yrespeto que llegaría a complicar sus confesiones años después. Las voces se sucedieron en más ocasiones, hasta que finalmente aconteció el mensaje clave en la historia de Juana de Arco: «Me decía que yo levantaría el asedio de Orleans». Por voluntad de Dios, Juana habría de luchar por defender el trono de Carlos VII contra una alianza entre Inglaterra y los territorios franceses del norte, quienes habían tomado enclaves importantes como el de Orleans.

El asedio de Orleans comenzó en octubre de 1428, en el corazón de un turbulento contexto donde la monarquía hallaba constantes conflictos internos con ciertas regiones francesas, añadido a la cruenta y larga serie de contiendas contra Inglaterra que se perpetuaba desde 1337, la Guerra de los Cien Años, iniciada el inglés Eduardo III reclamó la corona de Francia a Felipe VI. En los tiempos de Juana, las operaciones militares resultaban más favorables para el bando inglés, que dominaba entonces la mitad norte del país galo. Orleans se encontraba ya sitiada y con sus aliados de Borgoña llegó hasta la zona donde se ubicaba el pueblecito de Domrémy.

La situación había hallado aún más complicaciones tras las consecuencias del Tratado de Troyes, firmado en 1420: un propósito de finalizar la Guerra de los Cien Años entre los reyes Enrique V y Carlos VI, por el cual el rey inglés heredaría el trono francés en cuanto su por entonces dueño muriera. Pero, al fallecer ambos regentes con apenas dos meses de diferencia, el heredero al trono habría de suponerse que era el hijo del rey inglés, Enrique V, si bien el retoño de Carlos VI decidió igualmente asumir el control de los restantes territorios franceses que aún no pertenecían a Inglaterra.

La revelación de Juana de Arco llegó a oídos del delfín de Francia cuando la chiquilla contaba con apenas diecisiete años, en el 1429. Un año antes, Juana de Arco ya había tratado de llegar a Chinon, donde residía Carlos VII, sin éxito. Pero así finalmente y tras ceder a la insistencia de sus voces consiguió arribar a la corte del delfín, no sin suspicacias aunque con el apoyo ciego del capitán de la guardia, en la cual anunció su propósito de coronar a Carlos como rey en Reims. Y, aun cuando la muchacha fue tanteada por miembros de la corte durante semanas para zanjar si tales confesiones venían a causa de alguna posesión demoníaca, fue armada caballero y, a lomos de un corcel y con un estandarte de la dinastía Valois en mano, puso rumbo al rescate de Orleans.


Jeanne d'Arc en armure devant Orléans, Jules Eugène Lenepveu (1886-1890)

El triunfo no se hizo esperar, sucediendo el 8 de mayo de 1429, y así se sucedieron progresivas victorias que allanaron el camino de Carlos VII hacia la coronación en Reims, el 7 de julio. Sin embargo, pese a que tan sólo fracasó en las inmediaciones de París, los pasajes históricos hacen creer que el monarca negó el suficiente contingente militar necesario para proseguir la expulsión de los ingleses en las últimas campañas, y que ignoró a la heroína cuando fue atrapada por los ingleses el 23 de mayo de 1430.

Acaeció en la batalla de Compiégne, un mes antes de lo que las voces de Santa Catalina y Santa Margarita predijeron para Juana, de manos del duque de Borgoña. Manteniéndola cautiva durante unos meses, finalmente la vendió al bando inglés como si de un botín de guerra se tratase, siendo trasladada a donde comenzaría su juicio el 21 de febrero del año siguiente, la ciudad de Rouen. El proceso tuvo la intervención de los inquisidores de la Iglesia, quienes vieron un fácil recurso para condenar a Juana en las voces que escuchaba, aunque el tribunal secular llegó a darle más importancia a la cuestión en torno a las ropas masculinas de la joven que al mismo hecho de sus revelaciones. Engañada y sin contar con un abogado defensor, abjuró de su fe y aguardó su condena en una cárcel para hombres, aludiendo los jueces al hecho de que llevaba pantalones.

Sus setenta cargos eran castigados con la hoguera pública, destacando el más grave de todos, el Revelationum et apparitionum divinorum mendosa confictrix (‘‘Invento de falsas revelaciones y apariciones divinas”). Ello se cumplió así el 30 de mayo de ese mismo año en la plaza del mercado viejo de Rouen, donde más de diez mil personas se aglomeraron para ver incinerada a una joven de escasos diecinueve años, vestida con los ropajes que la Inquisición reservaba a las brujas. Aun con todo, el éxito militar siguió acompañando a Carlos VII, aunque no sería hasta cuarenta años más tarde, con Luis XI, cuando la monarquía central gobernaría definitivamente sobre los principados y se restauraría la unificación francesa, expulsando definitivamente a los ingleses.El turbulento caso de Juana de Arco fue revisado por el papa Calixto III en el 1456, cuando se le consideró inocente frente a la entonces declarada herejía de los jueces que la condenaron. No fue hasta 1909 que la Iglesia cambió rotundamente de parecer con respecto a su visión de Juana, cuando el papa Pío X la beatificó, siendo declarada santa en 1920 por Benedicto XV y santa patrona de Francia.


Joan of Arc's Death at the Stake,Hermann Stilke (1843)


 Lo que continúa trayendo de cabeza con respecto a la joven campesina y guerrera francesa son las posibles explicaciones en torno a sus revelaciones divinas. Se teoriza que pudo deberse a la falta de alimento en un tiempo en el que los borgoñeses ejercían su yugo sobre la zona de Domrémy, así como alucinaciones en respuesta a algún trastorno psiquiátrico, que recientemente se ha diagnosticado como epilepsia parcial idiopática. Pero cierto es que Juana de Arco consiguió en apenas tres meses, desde sus advertencias al delfín de Francia, hacerse de nuevo con el control de Orleans, y arrebatar a los ingleses una importante porción del territorio francés en los sucesivos tres años. El debate sobre qué fue lo que inspiró al talento bélico de Juana continúa abierto, aunque el argumento inquisitorial de la posesión demoníaca se ha tornado para los teólogos en un don especial para la guerra concedido por Dios.

Bibliografía

CORDIER, J. Juana de Arco. Su personalidad. Su papel histórico. México: Grijalbo. 1957.

DE WOHL, L. Juana de Arco. La chica soldado. Madrid: Palabra. 2003.

DENIS, L. Juana de Arco, médium. Vida, pasión y muerte de la doncella de Orleans, qué eran sus voces, visiones, premoniciones y mensajes. Barcelona: Víctor Hugo. 1953.

DUBY, G.; DUBY, A., Los procesos de Juana de Arco. Universidad de Granada. 2005.

Webgrafía

FERRER VALERO, S.. La santa doncella, Juana de Arco (1412-1431). Mujeres en la Historia, 25 de abril de 2011:http://www.mujeresenlahistoria.com/2011/04/la-santa-doncella-juana-de-arco-1412.html. [Consultado el 11 de febrero de 2017]

FERRER, A. ¿Por qué oía voces Juana de Arco?. Quo, 1 de agosto de 2016:http://www.quo.es/ser-humano/por-que-oia-voces-juana-de-arco[Consultado el 11 de febrero de 2017]

Juana de Arco fue condenada a la hoguera. National Geographic, 30 de mayo de 2013:http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/juana-de-arco-fue-condenada-a-la-hoguera_7318[Consultado el 12 de febrero de 2017]

Juana de Arco.Biografías y vidas: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/juana_dearco.htm.[Consultado el 12 de febrero de 2017]

Imágenes:

Joan of Arc.Dante Gabriel Rossetti (1882): (https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/44/b8/98/44b89800810785418c70997c43e7ac75.jpg) 

Jeanne d'Arc en armure devant Orléans, Jules Eugène Lenepveu (1886-1890): https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Lenepveu,_Jeanne_d%27Arc_au_si%C3%A8ge_d%27Orl%C3%A9ans.jpg

Joan of Arc's Death at the Stake,Hermann Stilke (1843): https://en.wikipedia.org/wiki/Joan_of_Arc#/media/File:Stilke_Hermann_Anton_-_Joan_of_Arc%27s_Death_at_the_Stake.jpg


Sobre la autora:

Marisa de las Heras

Estudiante de Antropología Social y Cultural por la Universidad de Sevilla y de Geografía e Historia por la UNED. Interesada en la Antropología Política y de las Sociedades Contemporáneas, centra sus proyectos en la prospectiva cultural ligada a las nuevas tecnologías y la globalización. Sus aficiones van desde la literatura hasta teatro, además del aprendizaje de temáticas alternativas a sus estudios como la fotografía, la filosofía o la astronomía.

martes, 11 de octubre de 2016

La caballería medieval en Castilla: la Orden de la Banda

La caballería medieval en el Reino de Castilla presenta una serie de matices diferenciadores respecto a otras caballerías europeas. Se podría decir que tenía un carácter “realista” frente a los ideales difundidos por la literatura cortés. Algunos factores como las necesidades de repoblación y guarda del ganado en las Extremaduras, desencadenaron la aparición de los denominados Caballeros Villanos, en la mayor parte de las ocasiones campesinos armados con caballo, a los cuales, se les concedía una serie de privilegios. En palabras de Menéndez Pidal esto "implicaba una extensión del concepto de nobleza, una democratización de los de arriba al aristocratizar a los de abajo, pues la reforma consistió en conceder privilegio de infanzonía a los caballeros villanos que servían a caballo en la guerra".

La fundación de la Orden de la Banda en 1332 por del Rey Alfonso XI se enmarcaba en esta misma línea “realista”, es decir, su objetivo inicial era la distinción por parte del monarca de guerreros destacados en las campañas contra los musulmanes. Muy pronto, ya con la redacción de los Estatutos de la Orden de la Banda (ordenamiento de la Banda) se aprecia un giro hacia los ideales caballerescos difundidos por la literatura cortés tan en boga en el resto de Europa y donde se recoge la normativa para la celebración de justas y torneos.


Crónica del Rey Alfonso XI

La democratización de la que habla Menéndez Pidal debida al fenómeno de los caballeros villanos hizo que en tiempos de Alfonso XI existiera una confusión entre la caballería villana y la caballería de linaje. La solución para lograr una diferenciación entre ambas caballerías únicamente podía realizarse a través del restablecimiento de una ceremonia de investidura de armas que había caído en el olvido, y a la que solo tuviera acceso la nobleza. Siguiendo esta línea, Alfonso XI viajó hasta Santiago para ser investido caballero ante la simbólica mirada del apóstol. A pesar de que con su ejemplo el monarca dio un gran impulso a las investiduras de los “ricoshombres” del reino, hay testimonios que parecen indicar  que  la ceremonia de entrada a la caballería de manera “formal” no se generalizó entre la nobleza. Un ejemplo lo tenemos en Pedro I, hijo de Alfonso XI, el cual, a pesar de su linaje y experiencia militar aún no había sido investido caballero antes de la Batalla de Nájera, enmarcada dentro de la guerra civil frente a su hermanastro Enrique de Trastámara. Será Eduardo de Woodstock “El Principe Negro”, quien había llegado al frente de sus tropas mercenarias a luchar bajo la bandera de Pedro I, quien celebre su ceremonia de acceso a la caballería.

Para consolidar la Orden Alfonso XI fue siguiendo una serie de etapas:

1.    Restablecimiento de la ceremonia de investidura.
2.    Celebración de Torneos en Valladolid y Burgos.
3.    Obtención en 1340 de los privilegios de Cruzada para la Campaña de Tarifa.

En 1345 la renovación en la caballería de linaje propiciada por estas reformas era más que notable. Pertenecer a la Orden de la Banda era la mayor de las distinciones del Reino, la cual, se mantendrá hasta Carlos I, período en que el Toisón de Oro alcance su preeminencia frente a otras  distinciones caballerescas.

Uno de los períodos más convulsos de Castilla en el que se verá envuelta la Orden de la Banda y sus caballeros fue el conflicto fratricida entre Pedro I, hijo legítimo de Alfonso XI, y su hermanastro bastardo Enrique II de Trastámara.

Pedro I intentará hacerse con el control de la Orden desde el primer momento, pero la política del nuevo rey orientada a una concepción económica basada en la ciudad, el comercio y la burguesía,  le enfrentaba directamente al bando de la alta nobleza terrateniente, la cual se decantará por Enrique de Trastámara. En la Batalla de Nájera (1367) el pendón de la Banda lucía en la vanguardia del ejército Trastámara. Entre los representantes de la Banda se encontraban los hombres más importantes de Castilla: Pedro López de Ayala como alférez de la Orden, el cual tuvo un papel esencial, no sólo como  cronista, sino como señala Julio Vadeón como propagandista de la legitimidad de la nueva dinastía. También encontramos a Don Tello, conde de Vizcaya o miembros de la más ilustre nobleza como los Hurtado, Mendoza, de la Vega, Haro...

La victoria en Nájera fue para las tropas petristas y según algunas fuentes fue en este momento cuando Pedro I colocó el escudo de la Banda de Castilla en los alcázares de Sevilla y Carmona. La encarnizada batalla ente los dos hijos de Alfonso XI repercutió también en las variaciones cromáticas  del escudo de la Orden, síntoma de esta disputa. Pedro I mantendría la banda negra sobre el blanco original, mientras que Enrique II adoptó el rojo y dorado usado por Alfonso XI en la Campaña del Estrecho, colores que también usaba la dinastía nazarí.


Escudo Orden de la Banda de Castilla

No se debe pasar por alto la relación entre el escudo usado por los miembros de esta Orden y los encontrados en las paredes de la Sala de los Reyes o de la Justicia en la Alhambra de Granada y en la Torre de Abū al-Haŷŷaŷ o del Peinador de la Reina. Las únicas diferencias entre ambos escudos son la desaparición de los dragantes de los extremos y la incorporación por parte nazarí de su célebre lema ‫الله ‫إل ‫غالب ‫ل (Sólo Alá es vencedor) en la banda.


Escudo nazarí encontrado en la Alhambra 

A medida que avance la dinastía Trastámara, la Orden de la Banda irá perdiendo sus connotaciones caballerescas, quedando relegada a una distinción que si bien por su antigüedad será más prestigiosa que otras de nueva fundación, estará completamente alejada de sus ideales iniciales.



Bibliografía


CONCEPCIÓN QUINTANILLA, M.  Nobleza y caballería en la Edad Media. Madrid: Arco Libros, 1996.

GARCÍA DÍAZ, I.  La Orden de la Banda. Roma: Archivum Historicum Societatis Iesu, 1991.

PAVÓN MALDONADO, B. Arte, símbolo y emblemas en la España musulmana. Al-qantara: Revista de estudios árabes, Vol. 6, Fasc. 1-2 (1985), 420-422.

DE AYALA MARTÍNEAZ, C. Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media (siglos XII-XV). España: Marcial Pons, 2007.

Imágenes

Escudo Orden de la Banda de Castilla:

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/0/08/Badge_of_the_Royal_Bend_of_Castile.svg/780px-Badge_of_the_Royal_Bend_of_Castile.svg.png


Escudo de la Banda del Reino Nazarí:

http://www.redjaen.es/francis/?m=c&o=24585&letra=&ord=&id=66718


Sobre el autor:

Iván García Casado

Graduado en Geografía e Historia por la UNED, promoción 2016. Su interés por la Historia Medieval y en especial la vinculada a Castilla bajo el reinado de la dinastía Trastámara, le lleva a realizar el Trabajo Fin de Grado titulado: “La Nobleza en el Reinado de Enrique II de Castilla”. En la actualidad sus investigaciones siguen centrando el foco en los siglos XIV - XV, especialmente en Catalina de Lancáster figura sobre quien prepara en estos momentos su próximo proyecto.