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martes, 9 de febrero de 2016

El sexo en el carnaval del Renacimiento

“Nuestras herramientas son finas, nuevas y útiles; 
Siempre las llevamos con nosotros; 
Sirven para todo, 
Y si quieres tocarlas, puedes hacerlo. 

Esta canción, traducida por Peter Burke, es típica del carnaval florentino, y fue cantada por un grupo de fabricantes de llaves a las mujeres que presenciaban su desfile. Teniendo en cuenta que aún hoy la palabra chiave en Italia significa “pene”, el doble sentido es muy claro.  
El término carnaval (que parece derivar de las palabras carne levare) significa literalmente “llevarse la carne”, obviamente no solo aludiendo a la animal, sino también al sentido sexual de la palabra carne. El carnaval es un tiempo de indulgencia, un momento del año en el que todo vale, previo a la abstención (en muchos aspectos) posterior obligada en la cuaresma. La carne, el vino, las burlas a las autoridades, la violencia y el sexo eran los principales protagonistas de esta fiesta.  
Las imágenes de elementos que tienen que ver con la sexualidad en los carnavales de la época son muy numerosas. Era muy común ver a hombres con máscaras que poseían largas narices, que eran interpretadas como un símil de la longitud del miembro viril. Además, también era típico en muchas de estas fiestas carnavalescas comer salchichas, de modo que las conversaciones en la comida derivasen directamente a chistes relacionados con el sexo. Existe un caso concreto, en Konigsbergdonde se mandó a realizar una salchicha que pesó 440 libras. 

                                        Músicos disfrazados de judíos. Franco Bertelli. 1642
En Alemania, era tradición que las mujeres solteras desfilasen tirando de un arado por las calles mientras los hombres restallaban látigos por encima de sus cabezas; en muchas ciudades italianas las prostitutas celebraban carreras (era muy particular el caso de Venecia, en el que se hacían regatas entre ellas). Muy curioso era el caso de las bodas burlescas, en las que los hombres se disfrazaban de novia y “se casaban” con un animal, que podía ser un perro o un oso. Más conocidos son los casos de las fiestas de enmascarados en Italia y España, donde al ser anónimos se gozaba de una mayor libertad, pudiéndose dotar los individuos de una personalidad nueva.   
Aunque el carnaval era predominante en las zonas mediterráneas de Europa (Italia, Francia y España), también encontramos fiestas carnavalescas en la Inglaterra moderna, con la diferencia de que se celebraban en el mes de mayo, debido a las duras temperaturas en esta zona durante los primeros meses del año y el carácter callejero de la fiesta. Enrique VIII era muy aficionado a dar mascaradas en su corte y la gente en las calles se divertía bailando, filtreando, haciendo carreras y otros deportes. Los jóvenes se escondían en el bosque para, según una descripción del siglo XVI, “pasar toda la noche participando en placenteros pasatiempos”. Los índices poblacionales de la época muestran una mayor concepción en este mes que en cualquier otro del año en Inglaterra.  
El hecho de que el carnaval fuese una fiesta con un contundente contenido sexual (además de llevar intrínsecas otras conductas éticamente poco correctas) hizo que los partidarios de la reforma protestante se pusieran en contra de esta fiesta. Tal y como afirma Peter Burke, “los reformadores eran puritanos en el sentido literal del término, pues su objetivo era purificar”. Pretendían, si no suprimir los festivales carnavalescos, cambiar algunos elementos de la cultura popular. Y no solo las condenaron verbalmente, sino que se entrometieron en la celebración en multitud de ocasiones y cerraron teatros, quemaron panfletos y destruían imágenes.  
Sobre las hipótesis del significado real del carnaval hay mucho hablado, y van desde las más funcionalistas (el carnaval como vía de escape de una sociedad tan estrictamente estructurada, es decir, la ruptura del orden social establecido como fin primero) hasta las más abstractas (fiesta en la que se pretende construir un mundo paralelo y utópico, una ilusión). Puede que en muchos sentidos el significado de la fiesta haya cambiado, pero una gran cantidad de elementos que hacen que sea una de las fiestas más esperadas del año en muchos lugares permanecen: la musicalidad, los disfraces, los desfiles… 

El Carnaval: Una sordera temporal

Durante siglos el carnaval ha ocupado un lugar preeminente en el calendario popular de fiestas. La fiesta de las máscaras, acompañada de los excesos en la bebida y la comida, eran prácticas muy arraigadas en la sociedad de la Europa Moderna. No obstante, aunque el presente artículo pueda ser aplicado a este espacio y tiempo determinado y en particular al caso de España a principios del siglo XIX, no debemos olvidar que lo carnavalesco ha estado y está presente en muchísimas culturas tanto contemporáneas como pasadas, dando lugar a fiestas muy similares por ejemplo en el mundo judío, grecorromano, asiático y americano.

Son muchas las interpretaciones que desde relatos contemporáneos y desde la comunidad académica actual se han dado sobre el carnaval. Sin embargo hay una vertiente especialmente interesante sobre el papel desempeñado por esta fiesta no sólo en la protesta social, sino también en el control social.
Las máscaras, los disfraces, las letrillas y las bromas servían para despersonalizar las acciones, desinhibirse y atreverse a hacer en estos días de carnestolendas lo que el resto del año les estaba totalmente prohibido. En muchas ocasiones a lo largo de los siglos XV-XIX se relataba que en estos días la gente comía y bebía lo equivalente a un mes, había muchos matrimonios y se practicaba mucho más sexo que el resto del año. Las proporciones pueden ser exageradas pero ponen de relieve la generalidad de estas prácticas en los ámbitos populares justo antes del periodo de recogimiento, ayuno y restricción de la Cuaresma.

La sátira, como también hoy, era algo indispensable en el carnaval y parte de la liberación de la expresión social cargaba contra las autoridades a través por ejemplo de los disfraces. Los más repetidos eran los de curas, monjas, caballeros, reyes, etc. y los disfrazados hacían suyos los roles de estos personajes a la perfección, de forma que no era extraño por ejemplo ver a niños disfrazados de curas bendiciendo por las calles. Eran unos días de ficción en el que el mundo parecía estar del revés.

Todo ello no sólo era una expresión burlesca y en cierto modo una forma de protesta social contra el orden establecido, sino que esta “supresión temporal de los tabúes y limitaciones, sirve obviamente para resaltarlos”, como decía Max Gluckman para el caso de algunas poblaciones africanas. De modo que, aunque se permitiera criticar a las autoridades, invitar a salir y hablar con damas de un estrato social más alto y burlar los castigos que normalmente se imponían en estos casos, dicha mofa tenía un doble filo y este es que reconocía y por tanto mantenía y fortalecía el orden social establecido. Por consiguiente, aunque nos pueda parecer que el carnaval era una fiesta de protesta social en la que la sociedad expresaba sus limitaciones infringiéndolas, realmente se hacía de forma controlada, acotada e institucionalizada. Todo el mundo era consciente de que tras estos días los roles volvían a su lugar inicial.

Por supuesto, desde las autoridades el carnaval estaba muy mal visto en todos los sentidos. La cultura cortesana que se había impuesto a partir del siglo XVI como espejo de la cultura popular, veía en estas prácticas algo grotesco e impropio de los gustos refinados de la aristocracia. La Iglesia prohibió constantemente a los curas y las monjas participar en estas fiestas, que por un lado condenaba pero que por otro tenía que aceptar. Por supuesto, tanto las aristocracias locales como los reyes trataron de abolir el carnaval en repetidas veces a lo largo de estos siglos. Un ejemplo de ello fueron las prohibiciones de las máscaras en 1523 por Carlos I en los territorios de la Monarquía Hispánica, o las constituciones sinodales de 1591, o en los estatutos de 1596 del Seminario eclesiástico en Cádiz.

A principios del siglo XIX en distintas ciudades de la Península Ibérica como Madrid y Cádiz, se dieron restricciones explícitas a las acciones que no se debían realizar en los días de carnaval. Entre los años 1808 y 1817 existen diversos expedientes que advierten “que desde hoy y siguientes dias de carnaval, ninguna persona sea osada a tirar en las calles, plazas y paseos de ella, ni otro sitio, huevos con agua, harina, lodo, ni cosa con que se pueda incomodar a las gentes y manchar los vestidos y ropas, y echar agua clara ni sucia de los balcones y ventanas con jarros, xeringas ni otro instrumento ni se de con pellejos, vexigas, ni otras cosas. Que no se pongan mazas a persona alguna, a los perros ni demás animales, pena a qualquiera que contraviniere a lo referido en todo o en parte de ello de veinte ducados y quince dias de prisión en la cárcel Real de esta Corte”. (Expedido por la Real sala de Alcaldes y Corte en 27 de febrero de 1808, días antes del carnaval de ese año).

Este no será un caso aislado, sino que tal y como he mencionado, año tras año se repetirán este tipo de expedientes advirtiendo el castigo a los que traspasaran ciertos límites. Sin duda es un intento de controlar dicha fiesta que dadas las continuas repeticiones parecía no tener mucho éxito.

El último ejemplo que quiero poner se dio el 5 de febrero de 1828 en la ciudad de Cádiz  por un edicto de José Aymerich y Varas, Teniente General de los Reales Ejércitos y Gobernador provisional de la misma ciudad, publicado en el periódico local, en el que prohíbe: hacer bromas, disparar cohetes, lanzar objetos desde las ventanas y balcones, dar gritos, voces o insultar por las calles y una larga lista de restricciones de las actuaciones propias del carnaval.

Sin embargo, este tipo de intentos tendrán algunas réplicas, por ejemplo la expresada por un autor anónimo en una letrilla en respuesta al edicto de José Aymerich e incluso en el mismo periódico, en la que decía “Déjame Antón, de consejos que estoy sordo el Carnaval” refiriéndose en este comienzo a las restricciones y terminaba diciendo: “Se me olvidaba decirte que el oído se me empata el Domingo de Piñata lo mismo que el Carnaval. Después vendrá el bacalao escoltado de potajes y sirviéndose de pages mariscos de fe neutral. Ya sano mi oído y curada mi locura, oiré la voz de mi cura que no entendí el Carnaval”, haciendo alusión a que la sordera temporal que sufre el escritor, y el resto de la sociedad, se va cuando empieza la Cuaresma y entonces vuelve a escuchar a las autoridades. 

Sin duda las tensiones representadas en estos edictos y estas letras reflejan a la perfección el ambiente que se podía vivir en carnaval tanto desde el punto de vista del que participaba y disfrutaba como desde el del que trataba de controlarlo y también lo condenaba como una expresión grotesca fuera del orden establecido. El mundo del revés y la sordera temporal estaban servidas en febrero al empezar el carnaval.

Bibliografía

Burke, P., La cultura popular en la Europa Moderna, Madrid: Alianza Editorial, 2014.

Ramos Santana, A. y Fernández Tirado, J. M. “El carnaval y el poder: Una muestra de contestación popular a las restricciones en una letrilla de 1828”, Trocadero, nº3 (1991), 77-84.

Ramos Santana, A., El Carnaval Secuestrado o Historia del Carnaval, Cádiz: Quorum editores, 2002.

Documentos de archivo

Archivo Histórico Nacional, Consejos, Legajo 1398, Expediente 63. 27-2-1808.

Archivo Histórico Nacional, Consejos, Legajo 1400, Expediente 48. 4-2-1809.


Archivo Histórico Nacional, Consejos, Legajo 1409, Expediente 166. 31-1-1816.


Imágenes

-Combate entre don Carnaval y doña Cuaresma, P. Brueghel: 
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/1a/Pieter_Bruegel_d._%C3%84._066.jpg/800px-Pieter_Bruegel_d._%C3%84._066.jpg

-don Carnal y doña Cuaresma: 
http://www.deliciasyvinosribera.com/la-historia-de-don-carnal-y-dona-cuaresma/

martes, 29 de diciembre de 2015

Call for papers - Especial carnaval



El segundo especial de Éufrates estará dedicado llevará el título "El carnaval en la historia", en él los tres fundadores de la revista escribiremos entorno a distintos aspectos del carnaval. Además, tal y como haremos en futuros especiales, abrimos nuestra revista a colaboradores que quieran escribir sobre el tema. Para ello sólo tenéis que poneros en contacto con nosotros y enviarnos vuestros trabajos antes del próximo 5 de febrero. 

¡Os esperamos!