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martes, 15 de noviembre de 2016

Cristianos vs paganos: conflictos religiosos en el Imperio Romano durante el siglo IV d. C.

En el año 2009 el director Alejandro Amenábar estrenaba su esperada Ágora, un film que, precedido de otras dos películas de gran calado internacional, obtuvo un notable éxito comercial. A pesar de tratarse de una superproducción que cosechó valoraciones en su mayoría positivas, en algunos países la película sobre Hipatia de Alejandría fue objeto de numerosas críticas que acusaban al director de promover el odio contra los cristianos y reforzar los tópicos sobre la Iglesia Católica. Aunque estas acusaciones causaron aún más expectación entre el público, lo cierto es que la cinta mostraba con acierto la lucha entre una religión en decadencia y una fe que iba ganando progresivamente adeptos. Una confrontación desigual que perduró durante mucho más tiempo del deseado, poniendo en jaque a un imperio cada vez más sobrepasado por sus circunstancias. ¿Cómo pudo producirse esta situación? ¿Qué fue lo que impulsó a que el cristianismo consiguiera una importancia tal como para desbancar a unas creencias paganas sumamente antiguas muy enraizadas socialmente?


En el 380 d.C el conocido emperador Teodosio I (378-395) promulgó el Edicto de Tesalónica (también llamado Cunctos Populus, o A todos los pueblos) en donde decretaba que todos los habitantes de los territorios en su poder debían abandonar sus ancestrales creencias religiosas para adherirse al cristianismo. Dicho credo, oficial a partir de este momento en todos los rincones del Imperio Romano, había recorrido un largo camino desde su aparición, en el siglo I d.C. Los cristianos habían recibido todo tipo de amenazas y habían sido objeto de persecuciones y asesinatos en masa, pero su fe se había propagado con tal fuerza que además de sobrevivir a la crudeza de los tiempos había conseguido penetrar en todos los sectores sociales.


Crismón antiguo hallado en Argel. Muy populares durante los primeros tiempos del cristianismo, era un anagrama de Cristo formado por las letras X y P, iniciales del nombre de Cristo en griego. Se encuentra en el Museo del Louvre.

La implicación de emperadores como el propio Teodosio I, que acabaría ordenando la prohibición cualquier práctica pagana, radica esencialmente en que los emperadores habían tomado conciencia de que el "problema cristiano" (tratado por sus antecesores con excesiva rudeza) no iba a resolverse por medio de las armas. Galerio Maximiano (260-311) a través del Edicto de Tolerancia (311) pondría final a la política represiva en contra de los cristianos que con tanto ahínco habían aplicado algunos otros emperadores como Diocleciano. A esa concesión se le sumaría el Edicto de Milán (313) promulgado por Constantino I (272-337) que establecía absoluta libertad de culto para los cristianos. A pesar de estas concesiones el cristianismo había penetrado desde hacía tiempo en los diferentes territorios que englobaban el Imperio Romano, obteniendo una notoriedad significativa incluso mucho antes de que la legislación imperial favoreciera a este credo.

En el caso de Hispania, una de las áreas con más peso dentro del mundo romano, el cristianismo se practicaba con cierta normalidad desde antes del Edicto de Tesalónica, a pesar de que la realidad que se vivía en el siglo IV impedía que dicha religión desbancara a las ya existentes. Hispania, como algunas otras áreas del Imperio, evidenciaba el apego de una mayoría de sus gentes por sus ancestrales creencias paganas. Entre las evidencias arqueológicas que se han encontrado y que demuestran cómo el paganismo estaba muy activo en Hispania, disponemos de una serie de inscripciones halladas en Cantabria dedicadas a Erudinus, un dios pagano de la mitología cántabra. Asimismo, y al margen de las religiones indígenas prerromanas tan importantes en el área norte de la península, también habían tomado fuerza cultos orientales y mistéricos que pervivieron más allá del siglo IV d.C. Pero sin lugar a dudas nada podía compararse a la fortaleza que mostraba la religión estatal romana, la cual estaba provista de un importante número de devotos de toda clase y condición que intentaron frenar la creciente influencia del cristianismo.


En la imagen pueden apreciarse los restos arqueológicos del Templo de Diana, erigido en torno al siglo I a.C en Emerita Augusta (Mérida, Extremadura). Actualmente se cree que este espacio, antaño lujoso y muy decorado, estaba destinado al culto al emperador.


Aunque el avance del cristianismo parecía inexorable, el hecho de que se mostrara una pública resistencia de personalidades del mundo cultural y político abiertamente paganos fomentó la aparición de algunas comunidades cristianas de tipo rigorista que, a través de acciones violentas, intentaron imponer su fe. Las reacciones descontroladas de estos cristianos (los cuales demolerían obras y templos paganos como los santuarios altoimperiales de Ebora o Emerita) dieron a los paganos el argumento perfecto para defender sus creencias, aludiendo a cómo el cristianismo había roto la débil cohesión de un imperio cada vez más asediado por los problemas. Por contra, en el seno cristiano, dichas acciones fueron condenadas y criticadas por aquellos que consideraban negativo la forma en la que se pretendía imponer la fe. Decididos a conseguir que el cristianismo se antepusiera al paganismo de una forma más pacífica sin que ello implicara una división entre sus fieles, la Iglesia establecería una serie de medidas que incluían la prohibición a los cristianos a participar en cultos y prácticas paganas o el disponer de imágenes de divinidades paganas en sus hogares; además las destrucciones sistemáticas de templos y obras paganas serían condenadas.

El que se estableciera que los cristianos que fallecieran por participar en acciones contra santuarios paganos no serían considerados mártires frenó en buena medida la ola de ferviente exaltación religiosa, pero la situación tomaría un cariz sustancialmente diferente en años venideros. En un momento de extrema gravedad para el Imperio Romano algunos emperadores agudizaron esos enfrentamientos posicionándose aún más claramente al lado del cristianismo. Arcadio (378-408) y Honorio (384-423), emperadores del Imperio Romano de Oriente y Occidente, decretarían en el 408 que los bienes de los templos paganos existentes en sus dominios fueran incautados para ponerlos al servicio de los templos cristianos. Valentiniano III (419-455) iría más allá al permitir la destrucción de los santuarios paganos, que serían purificados colocando una cruz en su lugar. Todo ello haría que en algunas zonas se volvieran a producir ataques y actos violentos que se encontraban amparados por la legislación imperial, a pesar de que continuaban siendo prácticas mal vistas y peor aceptadas por sectores cristianos muy críticos.

Siguen existiendo evidencias arqueológicas que prueban que a pesar de que la Iglesia se esforzó para que el paganismo fuera erradicado a través de prohibiciones y evangelizaciones en masa, en época altomedieval siguieron rindiéndose culto a ciertas divinidades. Sabemos, por ejemplo, que en Hispania siguió rindiéndose culto a las ninfas (divinidades relacionadas con la naturaleza, lugares sagrados y elementos varios) en fechas posteriores al siglo IV. El paganismo, de alguna u otra manera, siguió estando presente por medio de festividades, celebraciones o costumbres que con el paso del tiempo terminaron siendo asumidas por un cristianismo que las asimiló como propias concediéndoles un carácter sagrado. Unas celebraciones paganas tales como la “Noche de San Juan”, de gran relevancia en muchos países de Europa, que también han llegado hasta nosotros aunque no seamos conscientes de ello.

Bibliografía

Fernández, Francisco J. G. "Paganismo y cristianismo en la Hispania del siglo V d. C." Hispania antiqua 24 (2000): 261-276.

Momigliano, A. y otros., El conflicto entre el paganismo y el cristianismo en el siglo IV, Alianza editorial, Madrid, 1989.

Muro, Manuel S. "Cristianismo primitivo y paganismo romano en Hispania." Memorias de historia antigua 5 (1981): 173-186.


Rives, James B., Religion in the Roman empire. Wiley-Blackwell, 2006.

Imágenes

Crismón antiguo hallado en Argel.

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiyU1y4W1UisgnwtA9VGZxbKYnBBPf7bx8SE90Oy3bGIVpmH9LJdwBOZ9Z9AjtCHvPcm1RCE3QDBSH9JvZFZ7VkPpIligoLFtNdOWF0K8Fqh1HZREPh5qbq_ZWh887uWivUeStEjpj2W-o/s1600/600px-Chi-rho_mensa_Louvre_Ma_3023%5B1%5D.jpg


Conocido como Templo de Diana.

http://www.vuelaviajes.com/wp-content/2010/01/templediana.jpg 


Sobre la autora:

Romina Martínez. Licenciada en Historia por la Universidad de les Illes Balears (UIB), diplomada en Historia de les Illes Balears por la UIB y con el Máster de Formación del Profesorado (especialidad Geografía e Historia) por la misma universidad. Desde el 2012 colabora en diversos medios digitales que ha compaginado con la gestión de su propio blog llamado Tempus Fugit.

martes, 28 de junio de 2016

Pablo de Tarso en la fundación y la expansión del cristianismo

Es imprescindible, para la correcta comprensión del presente artículo, leer los siguientes versículos de la Biblia, en los que se narra la conversión de Pablo:

Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, más sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió. Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.
Hch 9, 1:18

Aunque en sus cartas Pablo nunca dice dónde nació ni cuándo, se calcula que debió ser en torno al 5 – 10 d. C. Es en los Hechos de los Apóstoles (22, 3) donde se afirma que nació en Tarso, Cilicia (al sur de la actual Turquía) y no hay por qué dudar de este dato, pues aunque Pablo se criara en el seno de una familia judía muy religiosa, es obvio que era un judío de la Diáspora debido a que constantemente muestra rasgos característicos de un profundo carácter helenístico. El apóstol posee una mentalidad ciudadana y es consciente de su pertenencia a una realidad tan amplia como el Imperio Romano (aunque se duda que fuera ciudadano romano como tal, privilegio que no todos los habitantes del imperio poseían), lo cual tendría mucha influencia en su pensamiento religioso.


"San Pablo", por El Greco

Pablo afirma ser judío, de la tribu de Benjamín, y fariseo. Posee una buena formación, pues maneja e interpreta la Biblia (en su traducción al griego) tal y como lo hacían los rabinos de su tiempo. Gracias a sus cartas podemos observar cómo dominaba además la “epistolografía”, es decir, los tipos de composición de cartas de la época helenística, y también los recursos usuales de la retórica griega básica. Sobre sus cartas, los investigadores están prácticamente de acuerdo en que solo siete de las trece que llevan su nombre son auténticas (1 Tesalonicenses, Gálatas, Filipenses, Filemón, 1 y 2 Corintios y Romanos), las demás son obra de sus discípulos, más o menos directos.

La vida religiosa de Pablo de Tarso tuvo tres etapas bien diferenciadas. Como hemos dicho, Pablo era un judío fariseo convencido. En su juventud se dedicó a perseguir a todo aquel judío que afirmase que Jesús era el mesías. Esta tarea le hizo conocer cuál era el pensamiento de los primeros seguidores de Cristo.

Posteriormente, una segunda etapa se desarrollaría en su vida religiosa tras su “llamada” (pues él nunca llamó a su experiencia con Dios “conversión”). En ella, Pablo reflexiona, medita y madura su nueva fe, y hace los primeros viajes como apóstol. Su última etapa comienza cuando definitivamente reconoce su fe en el nuevo mesías, y parte desde Antioquía para realizar su primer viaje con misión evangelizadora por Chipre y Asia Menor, para proseguir más tarde prácticamente por todo el Mediterráneo. El cristianismo tendrá desde el principio un fuerte afán misionero.

En un principio, Pablo y otros misioneros se dedican a predicar entre judíos, por lo que el mensaje se transmite en las sinagogas y sus alrededores. A ellas no solo acudían judíos, también los llamados “temerosos de Dios”, gente atraída por el judaísmo que participaba en la vida religiosa de la sinagoga pero que no cumplían con las Leyes de Moisés. Hay que tener en cuenta que para convertirse al judaísmo es necesario observar preceptos judíos en relación a la comida, las fiestas, el Sabbat…y los hombres debían circuncidarse, algo que no era plato de buen gusto. Por estas razones existía este grupo, y por ellas también el mensaje de Pablo caló tan rápidamente en estas personas.

El discurso de Pablo sobre Jesús no versaba sobre el relato de su vida, sino que más bien se basaba en el alzamiento de dos hechos en particular: su muerte y su resurrección. Estos dos hechos son los que redimen la situación de pecado de la humanidad completa, no solamente judía, sino la de todo el mundo: es decir, el discurso de Pablo es universal, al contrario que el de Jesucristo, que se dirigía tan solo a los judíos. El apóstol interpreta la muerte de Jesús como un sacrificio expiatorio, una muerte inocente que carga con la culpa de la humanidad, y la resurrección como vindicación divina, para demostrar que Jesús era realmente el mesías y que gracias a él todos los pecados han sido perdonados. Este pensamiento es fundamental para la situación descrita en el párrafo anterior, ya que según Pablo, la muerte sacrificial de Cristo permite a la humanidad salvarse tan solo a través de la fe en Dios y en Jesús, es decir, la obra ya no importa, no hay que seguir los preceptos del judaísmo y la circuncisión tan solo debía de ser espiritual.

Es así como el cristianismo se aleja definitivamente del judaísmo, ya que Pablo, viendo la facilidad con la que su mensaje calaba entre los gentiles (simpatizantes del judaísmo) se separa definitivamente de las sinagogas y comienza a formar comunidades que serán cristianas, sin haber pasado antes por el judaísmo. Este hecho enfadó a la comunidad judeocristiana (comunidades que eran judías pero que creían que Jesús era el mesías) de Jerusalén, muy conservadora y liderada por Santiago, hermano de Jesús, ya que pensaban que la circuncisión y la observación de las leyes de Moisés estaban directamente unidas a la fe en el mesías.

A través de esto se obtiene que Jesús, realmente, se ocupa poco de los orígenes del cristianismo, y que quien comienza a establecer las bases necesarias para que exista un grupo diferenciado dentro de la sinagoga que se separe definitivamente del judaísmo y el judeocristianismo es Pablo. Sin embargo, esta concepción de religión separada es algo posterior al apóstol, que no pretendía fundar una nueva religión, sino añadir al judaísmo una rama en la que Jesús tomase parte.


Bibliografía:


Alvar, J., Blázquez, J.M., Fernández Ardanaz, S., López Monteagudo, G., Lozano, A., Martínez Maza, C., Piñero, A., Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas. Madrid: Cátedra, 2010. 

Piñero, A., Guía para entender el Nuevo Testamento. Madrid: Trotta, 2011.

Piñero A. (Ed) Orígenes del Cristianismo. Antecedentes y primeros pasos. Madrid: Ediciones el Almendro, 1995.




Imágenes:
https://es.wikipedia.org/wiki/Pablo_de_Tarso


martes, 22 de marzo de 2016

La representación y vestimenta de la Virgen María en la ciudad de Sevilla

No se sabe cómo pudo ser, físicamente, la madre de Jesús de Nazaret, pues su descripción no aparece en los evangelios canónicos. En los evangelios apócrifos se describen ciertos aspectos sobre sus cualidades morales, pero no sobre su físico.
Las representaciones pictóricas de la Virgen María en el mundo cristiano (católico a partir del XVI) comienzan a darse en el siglo III d. C., mostrándose en catacumbas romanas como la de Priscila. No empiezan a ser más frecuentes hasta la segunda mitad del siglo V, dada la importancia que tuvo en este asunto el Concilio de Éfeso, en el que se define que la Virgen María es la madre de Dios.


Virgen theotocos de las catacumbas de Priscila. Se la llama de esta forma cuando se muestra entronizada, siendo ella misma además el trono del Niño Jesús.

En la ciudad de Sevilla son importantes los reyes Fernando III de Castilla y Alfonso X el sabio en su papel de difusión del culto a la Virgen María. En esta época, los cambios experimentados en la sociedad occidental desde el siglo XI por el peso creciente de la burguesía urbana y por el papel cada vez más activo de la mujer en la economía familiar, modificaron su imagen, que comienza a tener una fisonomía propia. Esto se tradujo, en el plano religioso, a esta nueva tendencia de la veneración a la Virgen.
En el siglo XII el fervor  por la Virgen María creció exponencialmente: los sermones, tratados eruditos, himnos, poemas visiones y milagros que rodearon a la Virgen hicieron que los artistas comenzasen a realizar representaciones por doquier. En prácticamente toda la Edad Media son mayormente en posición entronizada y entre los siglos XII y XIII la representación de la Virgen es casi siempre hierática y mayestática, tanto en pintura como en escultura. Un buen ejemplo muy conocido en Sevilla es la Virgen de los Reyes, patrona de la ciudad, imagen realizada en el siglo XIII.


Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla

Podemos clasificar las representaciones de María en dos tipologías generales: las imágenes de Gloria (a través de las cuales se muestra pasajes alegres, normalmente aparecen con el Niño Jesús) o las Dolorosas (en las que se nos muestra a la Virgen sufriendo los trances relacionados con la crucifixión de su hijo).
En la Semana Santa de Sevilla, las imágenes marianas siguen un canon bastante uniforme: son dolorosas de candelero realizadas para ser vestidas. Aunque no siempre ha sido así. Las imágenes comenzaron a vestirse en España con la llegada del gótico. La moda hizo que imágenes talladas ya con ropajes (llamadas “imágenes de bulto”) fueran revestidas con suntuosas telas que esconderían la vestidura original. En ocasiones, muchas imágenes llegan a ser mutiladas gravemente para adaptar su forma a la de la nueva moda de ser vestidas.


La famosa Virgen de Regla de Chipiona fue adaptada para ser revestida, teniendo que desaparecer el Niño Jesús original.

En el siglo XV hallamos en algunas hermandades inventarios en los que se recogen la donación de prendas para vestir por completo a las imágenes: es entonces cuando se empieza a asentar la costumbre de vestirlas. Sin embargo, la realización de imágenes hechas expresamente para ser vestidas no llega hasta el último tercio del XVI, momento en el que se comienzan a fundar las principales hermandades y a realizar las prácticas penitenciales (ver artículo sobre el origen de la Semana Santa de Sevilla aquí). Mientras que las imágenes de Gloria se vestían con colores y bordados alegres, las dolorosas portaban telas oscuras, a forma de atuendo de viuda.
Es muy curioso observar cómo con el paso de los años la vestimenta de la Virgen María también sufre el cambio en las modas. Normalmente, el modelo a seguir han sido las mujeres cortesanas, y más concretamente, las reinas. En muchas ocasiones las mismas reinas u otras mujeres pertenecientes a la nobleza donaban telas y trajes a las vírgenes para que los vistieran. Por ello, por ejemplo, el estilo de las vestimentas de la virgen se vio gravemente alterado con la entrada de Felipe II a la cabeza de la Monarquía Hispánica, cuando la corte vestía un impoluto color negro. El hábito monjil fue el más común en las dolorosas de la época.



A la izquierda, La Reina Viuda Doña Mariana de Austria, quien fuera segunda esposa de Felipe IV (s. XVII). A la derecha, la Señora de la Antigua y Siete Dolores de la Iglesia de la Magdalena, atribuída a Pedro Roldan (1650).

También influyen las clases altas de los siglos XVI y XVII en las imágenes marianas en lo que se refiere a la talla del rostro de las mismas. Mostrar los sentimientos abiertamente era algo inconcebible, por lo que nos encontramos en esta época con multitud de vírgenes que tan solo muestran su tristeza a través de su llanto y el enrojecimiento de sus ojos, sin ningún atisbo de dolor excesivo en la cara, como sí ocurrirá en siglos posteriores, cuando el sufrimiento será el protagonista en la imagen de María y se incluirán rasgos naturalistas, como lágrimas de cristal, pestañas y cabellos naturales. En el siglo XIX, la indumentaria se dispondrá de una forma mucho más teatral a la moda con el sentimiento cortesano de la época.


A la izquierda, la Soledad de San Lorenzo (s. XVI). A la derecha, Mª Stma. de los Dolores y Misericordia (s. XX).

Es a partir de este siglo cuando se introducen además la mayoría de los accesorios que conocemos en las dolorosas sevillanas actuales.  El característico pecherín donde se colocan las joyas que se le compran o se le regalan a la imagen fue la estrella principal en los distintos atuendos de la Virgen. Además, en muchas imágenes, el luto riguroso desapareció para dar paso a tonos más alegres y telas más vistosas, apareciendo bordados en las sayas, los mantos y el paso de palio.


Virgen de Montserrat con el pecherín profusamente enjoyado al estilo decimonónico. Año 1934.

En la actualidad, los vestidores tienen especial cuidado en elegir la forma en la que dispondrá el tocado de la Virgen, una especie de equivalente al schebisim que utilizaban las judías de Palestina. Es una prenda muy difícil de colocar y, normalmente, cada vestidor tiene un determinado estilo que sabe acomodar a lo que mejor le sienta a la imagen. Muy célebres y aclamados son en estos días, entre el público y los cofrades sevillanos, los vestidores Antonio Bejarano y Grande de León, por haber sabido sacarle partido a imágenes que hasta hace poco pasaban desapercibidas.



A la izquierda, la Virgen de las Tristezas de la hermandad de la Vera-Cruz, vestida por Garduño. A la derecha, por Antonio Bejarano, que opta por despejar el rostro de la imagen utilizando telas muy sueltas.








A la izquierda, la Soledad de San Buenaventura, ataviada por Paco Ortiz, en la postura típica de dolorosa sevillana. A la derecha, vestida por José Antonio Grande de León, que ha recuperado una estética en la que la gestualidad de la imagen es más natural gracias a la posición de las manos.






BIBLIOGRAFÍA
Sánchez Herrero, J., Moreno Navarro, I., Bernales, J., González, J.M., Sanz, M.J., Campos Camacho, J.C., Las Cofradías de Sevilla. Historia, Antropología, Arte. Sevilla: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1999, 119-131.

Sánchez Rico, J.I., Bejarano Ruiz, A., Romanov López-Alfonso, J. Imago Mariae. El Arte de Vestir Vírgenes. España: Editorial Jirones de Azul, 2015.

IMÁGENES

Virgen theotocos de las Catacumbas de Priscila: http://divdl.library.yale.edu/dl//images/eikon/ei0658s.jpg

Virgen de regla: Sánchez Rico, J.I., Bejarano Ruiz, A., Romanov López-Alfonso, J. Imago Mariae. El Arte de Vestir Vírgenes. España: Editorial Jirones de Azul, 2015.

María Santísima de los Dolores y Misericordia: Página Oficial de la Hermandad de Jesús Despojado http://www.jesusdespojado.org/hermandad/imagenes-titulares/m-stma-de-los-dolores-y-misericordia

Virgen de la Soledad (San Lorenzo): http://cofrades.sevilla.abc.es/photo/besamanos-de-la-soledad-de-san-443 (fotografía de Manuel Jesús Rodríguez Rechi).


Virgen de la Antigua y Siete Dolores: rafaes.com