domingo, 12 de noviembre de 2017

A vueltas con la Reforma y la imprenta

            La Reforma protestante iniciada por Lutero, de la que justo ahora se cumplen 500 años, se produjo en una Europa que poco tiempo antes había visto la aparición y difusión de un nuevo medio de comunicación, la imprenta de caracteres móviles. La invención de Gutenberg acarreó una revolución en la forma de producir libros y otros textos menores (folletos, estampas, libelos...) y contribuyó de forma decisiva a convertir a la europea en una civilización escrita. En las primeras décadas del libro incunable (hasta 1480 aproximadamente), la difusión del nuevo arte podría calificarse de rápida pero aún poco segura: las dificultades para adaptar la oferta a la demanda provocaron la quiebra de no pocos negocios. Algunas ciudades que contaron con talleres de imprenta muy temprano los vieron desaparecer tan rápido como habían llegado. En respuesta a estas dificultades, a partir de 1490 el negocio del libro se organiza en Europa a una escala internacional, permitiendo a los impresores vender sus productos en mercados lejanos.


Imprenta de tipos móviles

            De manera que cuando estalló la Reforma protestante, el arte tipográfico estaba ya lo suficientemente difundido y consolidado como para jugar un papel decisivo en la inminente batalla religiosa. La imprenta dio alas a los reformadores para extender su mensaje con una rapidez y eficacia que los heterodoxos de la Edad Media no hubieran podido soñar. Al mismo tiempo, la Reforma proporcionó a los tipógrafos europeos de los siglos XVI y XVII una buena parte de la materia prima para sus negocios, y muchos no solo se aprovecharon de ello, imprimiendo textos reformados o católicos con los que alimentar la polémica, sino que se unieron entusiastas a alguno de los bandos en conflicto.

            Fue gracias a la imprenta que los escritos de Lutero, acompañados con frecuencia de su retrato, circularon con rapidez por Alemania, encontrando a un público deseoso de leerlos. Las 95 tesis, escritas en latín y pensadas originariamente para el debate académico, se tradujeron, imprimieron y difundieron con una rapidez sin precedentes que sorprendieron a su propio autor, según reconocía en la carta enviada al pontífice León X pocos meses después.  Pero el fenómeno no se redujo a tierras alemanas. Los textos evangélicos se desbordaron pronto hacia otros territorios europeos, gracias, precisamente, al carácter internacional que el mercado del libro había adquirido en las décadas anteriores. Las obras del reformador se leían en París al menos desde 1520 y poco después las autoridades españolas multiplicaban sus esfuerzos para frenar su difusión en la Península, ante la constatación de que ya habían penetrado en ella. 




La Biblia de Martín Lutero de 1534

La estrecha relación entre imprenta y Reforma fue ya reconocida y elogiada por los propios reformadores en el siglo XVI. La Reforma ha llegado a ser calificada como hija de Gutenberg o hija de la imprenta, concepto que los grandes historiadores Lucien Febvre y Henri-Jean Martin calificaron de ridículo, pero que ha tenido un profundo impacto. Los protestantes demostraron ser conscientes del poder de la imprenta y esta consciencia se revela en numerosos escritos donde se cantan las alabanzas del nuevo arte como un don divino. El mismo Lutero afirmó: “La imprenta es el último don de Dios, y el mayor. Por su mediación, en efecto, Dios desea dar a conocer la causa de la verdadera religión a toda la tierra, hasta los extremos del orbe”. Para Elizabeth Eisenstein, la imprenta fue al mismo tiempo precondición y precipitante de la Reforma, siendo el protestantismo el primer movimiento religioso que usó plenamente el potencial de la imprenta como medio de masas para acabar con el monopolio de la enseñanza de las escrituras por parte de la Iglesia católica.

             

Centros de impression y diffusion de la imprenta en Europa a principios del siglo XV

            Pero, ¿Hasta qué punto la Reforma fue favorecida por y favoreció a la imprenta? ¿son tan profundas las diferencias entre católicos y reformados en este terreno?

            Como recientemente señalara Andrew Pettegree, el impacto de la Reforma protestante sobre el mercado europeo de libros fue muy irregular: mientras que en algunas áreas o ciudades (como Wittenberg o Estrasburgo) la industria y el comercio de libros recibió un impulso decisivo por parte de la Reforma, en otras áreas, y particularmente en el sur de Europa, su influencia fue escasa o nula. Eso no significa, como veremos, que en dichas áreas la producción y circulación de libros no se viera influenciada profundamente por las corrientes y luchas religiosas desatadas en Europa a partir de 1517. Pero en distintas áreas del centro y norte de Europa la Reforma supuso, de hecho, el despegue de una industria tipográfica hasta entonces débil o inexistente. Tal fue el caso de los países nórdicos, donde la adopción de la fe evangélica se vio acompañada por la traducción de la Biblia a las lenguas nacionales y su impresión, así como por el apoyo de las autoridades a la producción de libros con los que difundir la nueva fe.

            La Reforma va a ser también determinante en el avance de dos de las grandes capitales europeas del libro en la Edad Moderna: Ginebra y Amsterdam. Antes de la revolución político-religiosa que convirtió a Ginebra en la Roma calvinista, la ciudad albergaba una industria tipográfica marginal. Al calor de la Reforma, las imprentas comenzaron a multiplicarse en la ciudad, que se vio también favorecida por la llegada de numerosos impresores y libreros franceses en busca de refugio. En este sentido, la cercanía de Lyon fue decisiva: En Lyon, numerosos libreros e impresores simpatizaron con los reformados y contribuyeron decisivamente a la expansión de su mensaje. Algunos mantuvieron actitudes ambivalentes, pero otros tomaron partido por el bando hugonote con claridad, como fue el caso de los Senneton. Tras un breve periodo en el que los reformados tomaron el poder en la ciudad, la vuelta de las autoridades católicas obligó a numerosos tipógrafos a emigrar a la vecina Ginebra.

            En los Países Bajos podemos observar como la llegada de la Reforma también supuso un cambio en la geografía de la imprenta: durante la mayor parte del siglo XVI, Amberes había sido la capital indiscutible del libro en la región, pero entre 1570 y 1630 algo más de doscientos impresores emigraron desde el sur a las Siete Provincias, estableciéndose sobre todo en las principales ciudades de Holanda y Zelanda, especialmente en Amsterdam y Leiden, y contribuyendo al florecimiento de la tipografía en la región.




La Reforma Protestante a finales del siglo XVI


            Sin embargo, no todo fueron elogios y beneficios para la imprenta en el bando protestante. La mayoría de los reformadores, tras un primer momento de mayor entusiasmo, van a defender el control de las lecturas hechas por los fieles, e incluso la Biblia traducida a las lenguas vulgares no estará pensada para todos los públicos, sino solo para una élite. Como ha señalado Mario Infelise, durante la Edad Moderna nació, se desarrolló y finalmente comenzó a colapsar un sistema de control de la producción, circulación y usos de los libros, que era entendido como complemento necesario de toda sociedad bien organizada. Este sistema de control, con distintas variantes, se desarrollará en todos los países europeos, y aunque la legislación y la censura en torno al libro impreso son anteriores al estallido de la Reforma, ésta exacerbará la necesidad sentida por las autoridades europeas de controlar la imprenta.  

Esta necesidad de control fue sentida tanto en los países católicos como en los protestantes, y en todos se arbitraron medidas al respecto. Sin embargo, en torno a la imprenta y la Reforma se ha generado lo que Fernando Bouza ha definido como "uno de los tópicos más extendidos de que se nutre la historia religiosa y cultural de Occidente". En función de este tópico, en los países protestantes se habría fomentado la lectura de la biblia y otros textos religiosos en lenguas vernáculas, mientras que la Europa católica no habría sabido aprovechar de la misma manera las posibilidades de la imprenta, centrando su acción en la censura y las prohibiciones. Esta es una idea que sin duda ha tenido un profundo impacto en el pensamiento occidental. En este sentido incidía Elizabeth Eisenstein en una obra reciente: "la Iglesia romana que inicialmente dio la bienvenida al divino arte [de la imprenta], se hizo mucho más ambivalente con respecto al invento después de la revuelta protestante. Comenzó a tomar una aproximación más reactiva que proactiva en los usos del a imprenta”.


Portada de la primera edición del Index Librorum Prohibitorum (Venecia, 1564)

  Sin embargo, cuando miramos al mundo de la imprenta y el libro en la Edad Moderna desde una perspectiva más desprejuiciada, podemos observar que en los países católicos la Reforma y la posterior Contrarreforma (o reforma católica) supuso también un revulsivo para el mundo de la imprenta: junto a la persecución de los libros perniciosos ("herejes mudos") que tiene uno de sus principales exponentes en la publicación de Índices de libros prohibidos, encontramos el fomento de los "buenos libros", cuya producción y difusión se verá respaldada por las autoridades. Por otro lado, numerosos impresores y libreros van a buscar su beneficio económico más allá de las divisiones religiosas, produciendo tanto para el mercado católico como para el protestante.

            En definitiva, la imprenta permitió difundir los escritos de Lutero y el resto de los reformadores europeos posteriores a una escala antes inimaginable. Al mismo tiempo, la Reforma contribuyó a modificar el mapa de la industria tipográfica europea. Pero quizás, las diferencias entre territorios católicos y protestantes en torno a la imprenta y la lectura no fueron tan grandes como se había considerado en la historiografía más tradicional, y las fronteras entre territorios de distintas confesiones fueron más porosas de lo que habíamos imaginado.


Bibliografía

Bouza, Fernando, Del escribano a la biblioteca. La civilización escrita europea en la Alta Edad Moderna. Siglos XV-XVII, Madrid: Síntesis, 1992.

Febvre, Lucien y Martin, Henri-Jean, La aparición del libro México: FCE, 2005.

Eisenstein, Elisabeth L., The printing press as an agent of change. Communications and cultural transformations in early-modern Europe, vol. I, Cambridge: University Press, 1979.

González Sánchez-Molero, José Luis, "Los impresores ante el Consejo Real: el problema de la licencia y el privilegio (1502-1540)" en Actas XIII y XIV Jornadas bibliográficas Bartolomé J. Gallardo. 2006.  Agustín Sánchez Rodrigo (1870-1933). 2007. Dos pinceladas sobre mercaderes de libros en el siglo XVI, Badajoz: Unión de Bibliófilos Extremeños, 2009, 119-184.

Gilmont, Jean-François, "Reformas protestantes y lectura", en Guglielmo Cavallo, Guglielmo y Chartier, Roger (eds.), Historia de la lectura en el mundo occidental, Madrid: Taurus, 1998.

Pettegree, Andrew, The book in the Renaissance, New Haven: Yale University Press, 2010.

Constantin, Léa, Les enjeux de la controverse religieuse dans l’imprimerie lyonnaise, 1560-1565, Memoire de Recherche, Université Lumiere-Lyon 2. Defensa junio 2011.

Cruz, Laura The paradox of prosperity: The Leiden booksellers' guild and the distribution of books in early modern Europe, Oak Knoll, 2009.

Mario Infelise, Mario, I libri proibiti da Gutenberg all'Encyclópedi, Laterza, 1999.

Bouza, Fernando "Contrarreforma y tipografía ¿Nada más que rosarios en sus manos?", Cuadernos de Historia Moderna, nº 16 (1995), 80-87.

Eisenstein, Elizabeth L., Divine Art, Infernal Machine. The Reception of Printing in the West from First Impressions to the Sense of an Ending, Philadelphia: University of Pennsylvania, 2011.

Maillard Álvarez, Natalia (ed), Books in the catholic world during the early modern period, Leiden: Brill, 2014.

Imágenes

Imprenta de tipos móviles:
http://www.pensamientosmaupinianos.com/2012/04/historia-de-la-imprenta.html

Biblia de Lutero:
De Torsten Schleese - Own photo taken in Lutherhaus Wittenberg, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=460823

Centros de impression y diffusion de la imprenta en Europa a principios del siglo XV:
https://www.blinklearning.com/Cursos/c392729_c15902999__1__El_inicio_de_la_Edad_Moderna__Los_siglos_XV_y_XVI.php

La Reforma Protestante a finales del siglo XVI:
http://www.curriculumenlineamineduc.cl/605/articles-32979_recurso_jpg.jpg

Portada de la primera edición del Index Librorum Prohibitorum (Venecia, 1564):
Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=433142

Sobre la autora:

Natalia Maillard Álvarez


Licenciada en Geografía e Historia y doctora en Historia por la Universidad de Sevilla (2007). Ha sido Marie Curie Fellow en el Instituto Universitario Europeo (2010-2012) y profesora de la UPO desde 2012. En la actualidad tiene un contrato Ramón y Cajal en el área de Historia Moderna de dicha Universidad. Su investigación se centra en la historia del libro en la Edad Moderna con dos líneas fundamentales: el estudio de las redes de comercio de libros en la Monarquía Hispánica y el análisis de las bibliotecas particulares y los gustos lectores en los siglos XVI y XVII. Es autora del Lectores y libros en la ciudad de Sevilla. 1550-1600 (Rubeo, 2011) y editora de Books in the Catholic World during the Early Modern Period (Brill, 2014).

Karlstadt y Müntzer: decepciones, enfrentamientos y escisiones en la Reforma luterana

Los actos de Martín Lutero durante los primeros compases de lo que posteriormente se convertiría en ruptura irremediable con el Papado y la Iglesia Católica, despertaron los anhelos de muchos sectores de la población que lo siguieron incluso tras su excomunión, ya que podían ver en él y en su desobediencia una figura revolucionaria capaz de remover los cimientos del poder y proporcionar un orden político nuevo que, desde lo religioso, hiciera posible la ampliación y popularización de la acción política. No fueron pocos los que lo interpretaron así, apresurándose a predicar un “nuevo cielo y una nueva tierra” en el que las personas corrientes tomarían buena parte, sin importar su estatus social anterior. Sin embargo, pronto se dieron cuenta que el pensamiento de Lutero no coincidía con estos anhelos idealizados y que el fin de los tiempos no se daría bajo el manto ideológico del mismo, siempre a favor de los príncipes y del mantenimiento de una jerarquía que organizara la sociedad y que siguiera articulando los mecanismos por los que la Reforma llegaría a todos, cada uno en su lugar y en la forma que correspondiera a su estatus social.


Retrato de Martín Lutero, por Lucas Cranach el Viejo

Este no fue un proceso rápido ni simple y estuvo condicionado en todo momento por la falta de consistencia que en algunos aspectos demostraba aún el pensamiento de Lutero. Para comprenderlo debemos tener en cuenta la propia evolución del monje agustino que, sin quererlo, se convirtió en reformador, teniendo que institucionalizar una nueva Iglesia después de la ruptura con Roma en aquellos territorios en los que sus tesis iban calando. Desde Wittenberg debía confeccionar una nueva ortodoxia, partiendo de la reflexión de puntos que hasta entonces habían sido indiscutibles incluso para él mismo. La puesta en duda y posterior caída de la práctica católica en algunos territorios del Sacro Imperio, daba amplios márgenes a los líderes de las nuevas comunidades luteranas que, sin ninguna hoja de ruta, más que la sola gracia, la sola fe, la sola escritura y los primeras postulados de un sacerdocio universal. En la práctica, la confusión de los primeros años hizo que muchos predicadores luteranos, admiradores todos de la figura de Lutero y algunos de ellos muy cercanos a su persona, abanderaran reformas más radicales que obligaron al mismo Lutero a posicionarse frente a ellos y que facilitaron la creación de esa nueva ortodoxia de la que hablamos. Los ejemplos de figuras de este tipo son muy numerosos, pero ningunos tan sonados como los de Andreas Karlstadt y Thomas Müntzer.

Quizá más conocidos por su papel en la Guerra de los Campesinos, así como en la llamada Reforma Radical, Karlstadt y Müntzer fueron dos de las figuras más controvertidas dentro de la Reforma luterana. Ambos siguieron exitosas carreras eclesiásticas y tuvieron una formación completísima en teología y textos sagrados y canónicos.

La vida de Andreas Karlstadt (1477-1541) fue muy parecida a la de Martín Lutero, inició sus estudios en la escuela catedralicia de Würzburg, siguió su carrera en Erfurt y Colonia, para llegar a la Universidad de Wittenberg en 1505 siendo un tomista convencido. Dos años después fue nombrado decano de la Facultad de Artes de la misma universidad y en 1510 se doctoró en teología y recibió un ascenso a arcediano del cabildo catedralicio. En 1516 completó sus estudios en la Sapienza de Roma doctorándose en derecho canónico y civil, tras esto volvió a Wittenberg donde fue elegido decano de la Facultad de Teología. Durante estos años hizo buena amistad con Lutero, compartía espacios con él y parece ser que en cierta forma fue su mentor. A partir de 1517, las posiciones que mantuvo Lutero frente a algunas prácticas, hicieron también a Karlstadt renunciar a corrientes reformadoras dentro de la Iglesia Católica como el Conciliarismo en 1518, al que se había mostrado cercano, así como declararse separado de la Iglesia a partir de la aplicación de la bula Exsurge Domine a Lutero en 1520.



Andreas Karlstadt

Durante la ausencia de Martín Lutero en Wittenberg, tras la Dieta de Worms y el secuestro simulado del príncipe elector Federico de Sajonia (1521-1522), Karlstadt tomó contacto con los aspectos más sociales y comunitarios de la Reforma en la ciudad y desde muy pronto predicó un evangelio cercano al ciudadano de a pie, incidiendo en la necesidad de la lectura de la Biblia en el hogar por parte tanto del hombre como de la mujer, aprobando la comunión laica en el hogar y considerando el bautismo (y no la eucaristía, como así lo hacía Lutero) el verdadero rito de incorporación al cuerpo de Cristo. Karlstadt se apresuró a poner en práctica las consecuencias lógicas del pensamiento de Lutero, percatándose desde muy pronto que estaba tomando posturas que el propio reformador no respaldaba (o no lo hacía todavía). Ejemplo de ello fue la comunión con las dos especies (pan y vino) durante la navidad de 1521, desacralizando el acto y recalcando el carácter meramente simbólico de este, además un mes después tomó como esposa a una doncella, poniendo en práctica así su tesis contra el celibato de los sacerdotes que también compartirá Lutero.

En 1522, tras la liberación de Lutero y su regreso a Wittenberg, Karlstadt fue relegado como decano y derivado a la congregación de Orlamünde como pastor, desde donde se encargó de perfeccionar y seguir predicando sus doctrinas en favor de una regeneración espiritual basada en el sacerdocio espiritual y en la igualdad de todos los creyentes. Consecuentemente desechó los hábitos que lo distinguían y elevaban en medio de su comunidad y practicó su particular visión del bautismo, muy similar a la de los grupos anabaptistas suizos que surgieron con posterioridad.

Entre 1522 y 1524, Karlstadt y Lutero mantuvieron debates sobre cada una de sus convicciones doctrinales, tras los que el primero fue desterrado de Orlamünde y perseguido por las autoridades luteranas, lo que le obligó a vagar de ciudad en ciudad del imperio. Este viaje continuo le sirvió para seguir expandiendo su concepción del cristianismo y la vida del cristiano, doctrinas que escribió en forma de 8 opúsculos que poco después se imprimieron en las imprentas de Basilea e influyeron en los movimientos radicales de la Reforma en la Confederación Suiza.

Por su parte, Thomas Müntzer (1488/89-1525), cuya imagen de loco espiritual ha trascendido hasta el día de hoy, también estudió en profundidad la Biblia y otros textos canónicos sagrados y laicos, tras lo que obtuvo el grado de maestro y se estableció en Fröhse con el cargo de preboste. Conoció al reformador de Wittenberg en la disputa de Leipzig (1519) y aunque no tuvo contacto directo con él, el encuentro fue un punto de inflexión en su carrera eclesiástica, ya que a partir de este momento dedicó su tiempo a leer y repensar tanto textos clásicos como las actas de los Concilios de Constanza y Basilea a las que tanto jugo les había sacado Lutero.


Thomas Müntzer

En mayo de 1520 recaló en Zwickau, donde entabló contacto con un grupo de creyentes que se hacían llamar profetas y que predicaban un biblismo radical caracterizado por la creencia en la revelación directa de Dios mediante visiones y sueños, la posesión del Espíritu Santo, el rechazo del bautismo de niños y en la creencia de una escatología inminente.

La impronta que estos profetas dejaron en Thomas Müntzer lo hizo tomar contacto con una religiosidad más popular que se oponía en muchos puntos a Lutero y que también había influido en Karlstadt con anterioridad. Esto lo llevó a defender sus doctrinas el 13 de julio de 1524 ante el príncipe elector Juan y otros nobles y magistrados de la región en el Castillo de Allstedt, donde hizo hincapié en el papel fundamental que tenían los gobernantes de la cristiandad en el profundo cambio que debía producirse en la práctica. Su pensamiento generaba rechazo, pero también duda entre los príncipes, por lo que no recibió ningún castigo tras el juicio.

Ante el rechazo de Lutero y de los príncipes, Müntzer siguió predicando estas nuevas doctrinas, fundamentadas en la inminencia del Reino de Dios y en la transformación estructural del orden terrenal, y sus ecos no tardaron en llegar a amplios sectores de la población, llamando la atención sobre todo de los inconformistas que liderarán posteriormente la Guerra de los Campesinos, en la que Müntzer tomará parte como ideólogo y caudillo de los ejércitos que zarandearon el Sacro Imperio durante los años centrales de la década de 1520. Estos movimientos dejarían una impronta tanto en Müntzer, Karlstadt y el resto de disidentes de la Reforma luterana que vinieron después, el mismo Lutero escribía contra ellos incitando a los príncipes a que destriparan el movimiento y a sus líderes:

"contra las hordas asesinas y ladronas mojo mi pluma en sangre: sus integrantes deben ser aniquilados, estrangulados, apuñalados, en secreto o públicamente, por quien quiera que pueda hacerlo, como se matan a los perros rabiosos"


Batalla contra los campesinos

Estas palabras recuerdan al inicio de este especial, al Edicto de Worms en el que el emperador mandaba asesinar al propio Lutero indultando a quien lo hiciera. En 1525 finalmente el propio Müntzer perdería la vida al mando de uno de estos destacamentos que aunaban reclamaciones sociales, políticas y religiosas. Lutero se desvinculaba así de algunos de los movimientos sociales que con anhelos de reforma religiosa lo habían respaldado, apoyando a los príncipes en pos del orden social y derribando el poder de una Iglesia, para constituir otra igual de rígida y represiva que la que buscaba mejorar a principios de siglo.

            Karlstadt y Münster fueron católicos, luteranos y finalmente disidentes de ambas confesiones, se movieron en una tercera vía, intermedia, sin definir y condenada a desaparecer por las persecuciones que uno y otro bando llevaron a cabo con el fin de eliminar aristas que no convenían al orden social establecido. Sin embargo, estas aristas no desaparecerán aquí y las acciones y escritos de estos dos personajes serán el punto de partida que seguirán personas como Conrado Grebel, Félix Mantz o Luis Haetzer, figuras que desbrozo en mi última publicación y que seguro que aparecerán pronto en algún artículo de esta revista.

Bibliografía

Cameron, Euan, The European Reformation, Oxford: Clarendon Press, 1991.

Cortés Peña, Antonio L. (Coord.), Historia del cristianismo, vol. III: El mundo moderno, Madrid: Trotta, 2006.

Egido, Teófanes, Las claves de la Reforma y la Contrarreforma 1517-1648, Barcelona: Planeta, 1991.

Fernández Gallardo, Luis, El Humanismo renacentista: De Petrarca a Erasmo, Madrid: ArcoLibros, 2000.

Kaufmann, Thomas, Martín Lutero: Vida, mundo, palabra, Madrid: Trotta, 2017.

Kittelson, James M., “Humanism and the Reformation in Germany”, Central European History, vol. 9, nº 4 (1976), 303-322.

Lutero, Martín, Escritos políticos, Madrid: Tecnos, 2008.

Lutz, Henry, Reforma y Contrarreforma, Madrid: Alianza Editorial, 2005.

Muir, Edward, Ritual in Early Modern Europe, Cambridge: Cambridge University Press, 1997.

Orozco Cruz, Jonatán, El cristianismo itinerante. La reacción anabaptista a la Reforma (1525-1531), Sevilla: Fundación Gordion y Observatorio de Religiones Comparadas, 2017.

Po-Chia Hsia, Ronnie, A companion to the reformation world, Hong Kong: Blackwell publishing, 2006.

Roper, Lyndal, Martín Lutero: Renegado y profeta, Barcelona: Taurus, 2017.

Roth, J. D. y Stayer, M. (eds.), A companion to anabaptism and spiritualism, 1521-1700, Leiden y Boston: Brill’s Companions to the Christian tradition, 2007.

Spitz, Lewis W., The religiosus renaissance of the German Humanist, Massachusetts: Cambridge, 1963.

Trinkaus, Charles y Oberman, Heiko A. (eds.), The pursuit of holiness in late medieval and renaissance religion, Leiden: E. J. Brill, 1974.

Williams, H. George, La Reforma Radical, México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 1983.

Imágenes

Retrato de Martín Lutero, por Lucas Cranach el Viejo:

www.wikipedia.org

Andreas Karlstadt:

De Desconocido - paper from 1541/42, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3839045

Thomas Müntzer:
http://gameo.org/images/thumb/e/eb/Muntzer.jpg/300px-Muntzer.jpg

Batalla contra los campesinos, grabado de Gabriel Salmon ilustrando un libro de Nicolas Volcyre de Sérouville, 1526:


De Gabriel Salmon - Catalogue de l'exposition "America. L'Amérique est née à Saint-Dié-des-Vosges en 1507" (1992), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=928758

Bibliografía para estudiar la Reforma de Martín Lutero


El epílogo perfecto a nuestro especial V centenario de la Reforma protestante, es nuestra recomendación bibliográfica pensada expresamente para todos aquellos lectores que quieran adentrarse en la materia desde lo básico a lo más específico. En el caso de que no sepas mucho sobre la Europa del siglo XVI ni sobre la Reforma protestante, te recomendamos que leas los apartados dedicados a ésta que tienen los dos manuales sobre Historia Moderna que aparecen en nuestro artículo sobre bibliografía general de todas las épocas históricas.

Una vez realizadas estas lecturas básicas, que te darán un contexto mínimo necesario para entender la Reforma, podrás pasar a lecturas más amplias y específicas. En este espacio podríamos ponerte simplemente una lista de lecturas, sin más, pero queremos ir un paso más allá y proponerte un orden lógico de lectura, de manera que puedas aprovechar la profundidad de cada una de estas obras.

En primer lugar podrías leer dos de los manuales básicos en español fundamentales para estas temáticas:

Cortés Peña, Antonio L. (Coord.), Historia del cristianismo, vol. III: El mundo moderno, Madrid: Trotta, 2006.

Egido, Teófanes, Las claves de la Reforma y la Contrarreforma 1517-1648, Barcelona: Planeta, 1991.

El segundo paso sería leer una serie de libros que tratan de manera general la Reforma, pero a un nivel analítico superior:

Álvarez Caperochipi, José Antonio, Reforma protestante y Estado Moderno, Granada: Comares, 2008.

Cameron, Euan, The European Reformation, Oxford: Clarendon Press, 1991.

Delumeau, Jean, La Reforma, Barcelona: Labor, 1977.

Lutz, Henry, Reforma y Contrarreforma, Madrid: Alianza Editorial, 2005.

Po-Chia Hsia, Ronnie, A companion to the reformation world, Hong Kong: Blackwell publishing, 2006.

En tercer lugar pasarías a hacer lecturas específicas sobre la figura de Martín Lutero en todas sus facetas, vida y obra, teología, pensamiento político y su evolución histórica desde principios del siglo XVI hasta su muerte en 1546:

Kaufmann, Thomas, Martín Lutero: Vida, mundo, palabra, Madrid: Trotta, 2017.

Roper, Lyndal, Martín Lutero: Renegado y profeta, Barcelona: Taurus, 2017.

Para quienes quieran desarrollar un conocimiento propio que complemente  todo lo anterior sobre la evolución de Lutero y el luteranismo, deberían leer sus obras, en su mayoría editadas y publicadas en formato contemporáneo y en multitud de idiomas. En mi caso leí con especial interés el siguiente libro:

Lutero, Martín, Escritos políticos, Madrid: Tecnos, 2008.

Por último no me gustaría dejar pasar la oportunidad para reivindicar estudios como el de Max Webber o Lucien Febvre sobre el protestantismo. Personalmente me gusta leer los estudios clásicos, pese a que éstos estén superados en algunos de sus aspectos, ya que a partir de su lectura crítica pueden proporcionarte visiones enriquecedoras a las que no debemos renunciar. Además es necesario conocer cómo se ha estudiado un hecho histórico y los estudios de referencia que hay sobre un tema para abordar tu investigación con mayor coherencia, honestidad y conocimiento.

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miércoles, 25 de octubre de 2017

Primera sesión del ciclo de conferencias Estudios sobre Europa, el mundo mediterráneo y su difusión atlántica (HUM-680)-Polycentricstates


El próximo jueves 2 de noviembre tendrá lugar en la Universidad Pablo de Olavide la primera sesión del ciclo de conferencias Estudios sobre Europa, el mundo mediterráneo y su difusión atlántica (HUM-680)-Polycentricstates, en el cual Éufrates tiene el placer de volver a colaborar como venimos haciendo los dos últimos años. El ciclo está organizado por el grupo de investigación homónimo de la Universidad Pablo de Olavide, del que forman parte todos los organizadores. En este curso las conferencias se extenderán hasta finales de mayo o principios de junio y seguirán contando con investigadores de vanguardia en cada una de las sesiones, de las cuales os iremos informando conforme se vayan acercando en el tiempo. Por su parte, la primera sesión contará con dos ponencias, la primera estará a cargo de Gibrán Bautista y Lugo (UNAM, México) y lleva por título "Constructores de la integración: negocios globales y cohesión de la monarquíaen perspectiva comparada 1592-1633", mientras que la segunda será por parte de Javier Rodríguez Cárdenas con el título "La Iglesia en el noroeste novohispano. Fray Francisco de San Buenaventura y su labor pastoral en el Nuevo Reino de León, 1753-1760". El acto dará comienzo a las 16:00 hrs. en el aula 3 del edificio 13 de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla. 

Desde Éufrates os invitamos a ir a estas enriquecedoras conferencias que, más allá de las ponencias, gozan siempre de un ambiente muy bueno para debatir y plantear cuestiones relacionadas con las intervenciones. Allí estaremos algunos de nosotros y esperamos veros a vosotros también. Para más información podéis contactar directamente con nosotros a través de nuestro correo que os enlazamos AQUÍ.

¿No soléis asistir a este tipo de eventos porque creéis que no van con vosotros? os recomendamos que leáis nuestro artículo ¿Por qué tengo que asistir a congresos?, en el que damos algunas buenas razones por las que merece la pena participar en conferencias, seminarios y congresos.


miércoles, 18 de octubre de 2017

Jornadas "Mujeres que hacen historia"

El día 27 de octubre tendrá lugar en la Universidad Pablo de Olavide un evento organizado por la misma junto con La Odisea de la Historia, con el patrocinio de Éufrates Revista de Historia:



"Una jornada para repensar el papel de las mujeres en la historia y visibilizar la investigación histórica hecha por mujeres".

Ya no quedan plazas de inscripción para esta primera edición, pero visto el éxito que ha supuesto, se celebrara una segunda el día 3 de noviembre.

Para más información, haz click en el siguiente link, que redirige a la página oficial del evento:



martes, 17 de octubre de 2017

El discurso de Pericles. Atenas como ideal democrático

El devenir histórico de la Polis ateniense vio su curso marcado por importantes alteraciones en su estructura política: desde su constitución prístina en la que las magistraturas sólo eran accesibles para la aristocracia, donde “ciudadano” era sinónimo de “compañero de linaje”, hasta el régimen isonómico/democrático, el cual, pese a las restricciones legales que dificultaban el acceso a la ciudadanía, era esencialmente opuesto al anterior. Si la primera etapa quedó bien reflejada en los poemas homéricos, la naturaleza de la última queda retratada en los tres discursos pronunciados por Pericles, los cuales fueron recogidos por Tucídides en los dos primeros libros de su Historia de la Guerra del Peloponeso, siendo el segundo de ellos (II 35 - 46) el más emblemático y, por ende, sobre el que versará el presente artículo.

Además de ser uno de los elogios fúnebres más famosos de toda la literatura, el mencionado alegato, a priori una parte más del ceremonial, celebrado en 431 a.C., en memoria de los caídos tras el primer año de la guerra mantenida por Atenas y Esparta junto a sus respectivos aliados, es en realidad uno de los más hermosos elogios dirigidos a Atenas y a lo que esta representaba. Se trata de un manifiesto en primicia del espíritu de su sistema de gobierno, la Democracia, y del carácter y modo de proceder de este pueblo, constituyendo a su vez una justificación de su política imperialista.


Se ha de matizar desde un principio que este no es un artículo de Historia Política ni de Sociología, sino de Historia de las Ideas, por lo que, en este caso, la intención no es dilucidar la exactitud histórica del gobierno ateniense, el cual, evidentemente, aparece idealizado en el Discurso; se trata de analizar el documento en sí, cuya relevancia reside en ser la expresión prístina de la teoría democrática y, particularmente, el reflejo que la propia Atenas creía ver de sí misma. No interesarán, por tanto, ni la opinión personal de Tucídides, ni sus intenciones; tampoco se tendrá en cuenta la posible objetividad o idealidad del texto.



Tucídides (c. 455 a.C. – c. 498 a.C.), político e historiador ateniense, autor de la Historia de la Guerra del Peloponeso.

El tema central del alegato es la exposición de los principios que condujeron a Atenas a esa situación de poder, y “con qué régimen político y a qué modos de comportamiento este poder se ha hecho grande” (II 36, 4), con la intención de demostrar la nula validez de las críticas oligárquicas pro-espartanas hacia el régimen de Atenas, que, por el contrario, es un modelo a seguir para el resto de poleis griegas, e incluso para comunidades extranjeras (cabe destacar que en la obra de Tucídides, por primera vez en la Historia, se engloba a griegos y bárbaros dentro de una misma realidad ontológica).


Pericles (c. 490 a.C. – c. 429 a.C), líder demócrata perteneciente al genos Alcmeónida, constantemente reelegido como strategos entre 443 y 431.

            De las primeras observaciones dadas por Pericles (II 37, 1) pueden extraerse tres ideas fundamentales: un nombre específico, igualdad ante la ley y consideración pública del individuo:

•  Su nombre, Demokratia, se debe a que los asuntos del gobierno no dependen de unos pocos, sino de la mayoría, y siempre en favor de los intereses de esta mayoría (aunque no especifica quién la integra).

•  La segunda idea que define es el tratamiento igualitario en lo que concierne a los asuntos privados; la ley otorga a todos los particulares los mismos derechos, políticos y civiles. Para el individuo, la igualdad supone la supresión de los privilegios ligados al nacimiento y la riqueza, antaño vinculados a la jerarquización social. Podría traducirse de la siguiente manera: el ideal de igualdad de la nobleza, destinado a mantener un equilibrio que evite una concentración excesiva de poder en uno de sus miembros (los homoioi espartanos o los pares de la nobleza medieval europea), se ha extendido a la totalidad de los ciudadanos; la Diké (justicia) ha dejado de ser una pena impuesta por las deidades al quebrantamiento del orden natural, para convertirse en un principio resultante del deliberar entre iguales.

•  Desde sus primeros tiempos, los griegos se han caracterizado por una búsqueda compulsiva del honor (buen ejemplo de esto es la historia de Cleobis y Biton narrada por Heródoto,  Historias I 31), siendo el fin de toda carrera pública la consecución de una distinción personal. Pericles afirma que en la esfera de lo público se pone en funcionamiento la meritocracia, que, manteniendo el principio de igualdad, otorga el ejercicio de los cargos públicos en función de las capacidades personales de los individuos. La misma conjunción de fuerzas que, mediante el reconocimiento de la igualdad, conduce a eliminar la sanción jurídica que percibe las diferencias sociales como naturales, es la que, invirtiendo la situación, lleva a sancionar las diferencias naturales como las únicas diferencias sociales válidas en el ámbito jurídico. La asignación de un cargo público, por tanto, no dependerá ya de la suerte del individuo, sino de su valía, la cual no viene dada ni por su prestigio, ni por sus orígenes, ni por su condición social, sino por sus propias cualidades subjetivas, quedando así derogado el determinismo característico del pensamiento platónico. Todo esto, en suma, implica el reconocimiento de la diferencia individual en el interior de la igualdad general.

La Democracia hace compatible el trabajo privado con la dedicación en la vida pública; así prosigue su Discurso el general ateniense (II 37, 2; 38). Todos los ciudadanos tienen derecho a atender sus asuntos particulares, pero la extensión de la igualdad obliga a todos a prestar servicio al Estado, cosa que antaño sólo incumbía a la nobleza. Es necesaria, por tanto, la supresión del criterio de pobreza si se quiere convertir a todos los atenienses en ciudadanos efectivos, pues esa es la raíz de toda idea democrática. Dos principios que originalmente eran antagónicos se han hecho ahora conciliables. Para aliviar las fatigas resultantes de esta multitarea, los atenienses tienen a su disposición multitud de medios de esparcimiento, ya que la virtud de la Polis viene dada por el bienestar de los politai (ciudadanos), tal y como Aristóteles afirmará posteriormente.
           
El parágrafo que sigue (II 39) es una comparación entre las disciplinas militares y sistemas educativos de atenienses y espartanos: mientras que estos dedican su vida a alcanzar la fortaleza por medio de un entrenamiento de rigor excesivo, que reduce la complejidad humana al puro músculo, aquéllos vuelven a conciliar dos cualidades a priori antitéticas (el uso de la razón y la deliberación se une a la acción decidida y vigorosa).
           
El Discurso alcanza el momento del clímax al pronunciar la siguiente afirmación, que define de forma rotunda las virtudes del ser ateniense: “Amamos la belleza con sencillez y el saber sin relajación” (II 40, 1). El ateniense adopta como actitud vital el gusto por lo bello (Philokaloûmen), situándose en las antípodas de la monótona vida exclusivamente dedicada a la guerra que caracteriza al ser espartano. Pero ahí no queda la cosa, pues la belleza no se ama de cualquier manera, se ama con sencillez, de acuerdo al estilo de vida moderado y equilibrado del ateniense, con una literatura y unas manifestaciones artísticas capaces de evitar los excesos, muy diferente, a su vez, del ceremonial pomposo adoptado por el ser bárbaro de Oriente, quien cree haber encontrado la felicidad plena en la ostentación del lujo exagerado (se aprecian paralelismos con la conversación que mantuvieron Solón de Atenas y Creso de Lidia, relatada por Heródoto en Historias I 28 – 33). Junto a esto, su gusto por el saber no tiene como fin el jactarse de tener amplios conocimientos sin más, sino la búsqueda de la utilidad, pues el uso de la razón no persigue alcanzar la verdad absoluta, más bien resultados eficaces, adecuados a las circunstancias y destinados a la salvación de la Polis y el bienestar de sus habitantes. Al establecer estas diferencias, el demócrata ateniense se percibe a sí mismo como el máximo estadio de la evolución humana, capaz de razonar y actuar a un mismo tiempo.


Reconstrucción de la Acrópolis, símbolo del esplendor cultural de Atenas en el siglo V a.C.

Según dice el strategos, el impuesto establecido en Atenas para financiar a los asistentes a la asamblea popular permite a quienes viven en condiciones precarias prestar un servicio al Estado, lo cual les brinda una oportunidad para demostrar sus capacidades y, gracias a la meritocracia, cambiar su condición. No se reprocha la pobreza en sí, sino a aquella persona que rehúsa de la coyuntura que se le otorga para salir de esta, por no querer participar en la vida pública. Por primera vez en la literatura helénica se hace mención a la posibilidad de salir de la indigencia.
           
Pericles resume el pretendido preámbulo de su Discurso de la siguiente manera: “afirmo que nuestra ciudad es, en su conjunto, un ejemplo para Grecia” (II 41, 1), y por consiguiente, para toda la humanidad, dado que entre su público se encuentra gente de muy diversa procedencia; además, se debe tener en cuenta la conciencia general de humanidad propia de Tucídides, ergo todos ellos podrán llegar a ser demócratas algún día.
           
Llegados a tal punto de grandeza, los hechos hablan por sí solos, por ello “no necesitamos de ningún Homero que nos haga el elogio ni de ningún poeta que nos deleite de momento con sus versos (…) nos bastará con haber obligado a todo el mar y a toda la tierra a ser accesibles a nuestra audacia, y con haber dejado en todas partes monumentos eternos en recuerdo de males y bienes” (II 41, 4 - 5). Los hechos de Atenas llevarán en volandas la grandeza de la ciudad hasta la eternidad tal y como han sido, sin necesidad de engrandecerlos; los fracasos también merecen ser recordados, puesto que todos los proyectos concebidos por la Democracia ateniense, independientemente de su resultado final, han contribuido a demostrar su espíritu emprendedor y el valor de sus ciudadanos.
           
Finalmente, concluido el magnífico canto a los ideales de su patria, Pericles procede, de acuerdo con lo establecido en un principio, a elogiar a los caídos en su nombre (II 42 - 46).
           
Queda claro, pues, que la Democracia extiende al conjunto ciudadano la estructura nobiliaria de las sociedades oligárquicas (el ideal del héroe homérico), para lo cual, estas han tenido que renunciar a sus exclusividades: desprecio de la pobreza y del trabajo privado o físico, así como la creencia en una superioridad o inferioridad heredadas de los progenitores, dando paso por primera vez a la existencia de una verdadera comunidad. Las ideas de Pericles conforman uno de los más altos horizontes engendrados por la mente helena en su constante búsqueda de perfección. Pese a no dejar de ser, como reza en el encabezamiento de este artículo, un ideal (y como tal, desnaturaliza la realidad de la condición humana al suprimir mentalmente al menos la mitad de la misma), supone una aspiración que todo sistema democrático necesita preservar para constituirse como tal, al menos mientras se pretenda garantizar la dignidad del individuo y traducirla a derechos.


Bibliografía:

HERMOSA ANDÚJAR, A.: “Pericles y el ideal de la democracia ateniense”, Res Publica, 5 (2000), pp. 45-72.

RODRÍGUEZ ADRADOS, F.: La Democracia Ateniense, Madrid: Alianza Editorial, 1993.

SEALEY, R.: “Democratic Theory and Practice” en SAMONS, L.J. (coord.): The Cambridge Companion to the Age of Pericles, Cambridge: Cambridge University Press, 2007, pp. 238-257.

TUCÍDIDES: Historia de la Guerra del Peloponeso, II, Madrid: Biblioteca Clásica Gredos, 2015.


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Sobre el autor

Juan Manuel Ortega Madroñal
Estudiante de Historia por la Universidad de Sevilla. Sus principales áreas de interés se centran en la Historia Antigua, especialmente la Asiriología y el Mundo Clásico, así como la herencia que la Antigüedad ha legado a los períodos posteriores. Complementa sus estudios universitarios con exhaustivas lecturas de los historiadores griegos y romanos (siendo Tucídides y Tácito sus predilectos), junto con el aprendizaje de la filosofía política del Renacimiento.


martes, 10 de octubre de 2017

Las candidaturas al trono tras la revolución de La Gloriosa en 1868

La llamada revolución de La Gloriosa tuvo lugar en septiembre de 1868. Cuarenta y cinco dirigentes de ideología progresista y demócrata, entre los cuales se encontraban el general Juan Prim y Prats y el general Serrano, se enfrentaron al reinado de Isabel II. Tras la victoria en la Batalla de Alcolea el 18 de septiembre, se formó un gobierno provisional, dirigido por el General Serrano, que proclamó las libertades de expresión, asociación, reunión y la libertad de cultos.

La Constitución se promulgó el día seis de junio de 1869. Era necesaria la búsqueda de un nuevo rey, puesto que estaban decididos a mantener la monarquía en España. Se barajaban varias posibilidades, y de ellas debieron ocuparse Serrano, que había sido presidente del Gobierno Provisional formado tras la Gloriosa, y elegido regente por las Cortes el 15 de junio de 1869, y el General Prim, que en la sombra era quien lo organizaba todo.

Por un lado estaba la candidatura de Antonio de Orleans, duque de Montpensier e hijo de Luis Felipe de Orleans, rey de Francia. Estaba casado con la hermana de Isabel II, Luisa Fernanda, y apoyado por la antigua Unión Liberal y una parte del ejército. Hay que tener en cuenta que su relación con Isabel II era, cuanto menos, tormentosa. Era de todos sabido que había financiado golpes contra ella, así como la propia Gloriosa. Además, no dejaba de vérsele como a un rey extranjero y siendo francés tendría problemas por el recuerdo de la Guerra de Independencia.

Las candidaturas portuguesas planteaban dos problemas a Inglaterra, protectora tradicionales del país vecino: la unidad dinástica y territorial entre España y los lusitanos y la posible pérdida de las importantes relaciones comerciales entre ambos. El iberismo (o unión ibérica) era visto con un gran temor tanto desde Gran Bretaña como desde Francia. Además, ni siquiera los propios candidatos estaban de acuerdo con aceptar el trono español. Por un lado, Fernando de Sajonia-Coburgo, que había sido rey consorte de Portugal junto a la fallecida reina María II, era ya de una avanzada edad y decidió rechazar el trono. El hijo mayor de ambos, Pedro V, era Gobernador de Brasil, por lo que su candidatura no se planteó. Por otro lado estaba Luis I, el segundo hijo del matrimonio, rey de Portugal, que tampoco veía clara la unión con España.

También se miró hacia el joven reino de Italia para el problema de las candidaturas al trono. En él, a la altura de 1870, se había establecido una monarquía dirigida por la familia de Saboya. El monarca,Víctor Manuel II, tenía como sucesores a Humberto I, después a Amadeo de Saboya (duque de Aosta) y finalmente a Tomás de Saboya (duque de Génova), su sobrino. La primera candidatura italiana que se presentó al trono de España fue la de Amadeo, a instancias de Prim. Pero esta candidatura presentaba un problema: la familia de Saboya, al unificar Italia, había provocado que el amplio territorio de influencia del papado quedase reducido al Estado del Vaticano, lo cual les había costado la excomunión. Además, el propio Amadeo rechazó el trono español. Así Prim, respaldado por el Gobierno, sugirió la candidatura del duque de Génova (de tan sólo 13 años) a finales de 1869. Pero la propia madre del duque se oponía a la candidatura, de modo que acabó descartándose a pesar de los esfuerzos de Prim. En el verano de 1870 se consideró lícito  revisar la propuesta de la candidatura al trono de Amadeo de Saboya, pero eso sería ya en el verano de 1870 .

La candidatura del prusiano Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen parecía factible, pues era católico y no tenía problemas con el Papa. Estaba casado con Antonia María de Portugal, la hermana del rey de Portugal, Luis I, y del Gobernador de Brasil, Pedro V, así hija de Fernando de Coburgo-Sajonia y de la ya fallecida María II de Portugal. Por tanto, el miedo al iberismo tanto desde Inglaterra, como desde Portugal, trató de frenar esta candidatura. La Unión Ibérica, que deseaban demócratas y progresistas, era posible puesto que además de estar Leopoldo casado con Antonia María, su hermana, Estefanía de Hohenzollern, estaba casada a su vez con Pedro V de Brasil. Puede que el interés de Bismarck (artífice de la unificación alemana) en la candidatura de Hohenzollern radicara en su intento de acercarse al mundo colonial portugués, en una época en la que Alemania no gozaba de los beneficios de los imperios coloniales que tenían Francia e Inglaterra.


El gobierno provisional de 1869

 La negociación para la candidatura de Hohenzollern se hizo en secreto, y de nuevo a instancias de Prim. En un principio sólo este, Sagasta, Salazar y Mazarredo, durante los primeros meses del año de 1870, trabajaron en ella. Los franceses reaccionaron pronto, pues tenían miedo a quedar cercados entre la monarquía prusiana y una España con un rey Hohenzollern, lo cual hacía recordar los tiempos de Carlos V.

 La candidatura de Hohenzollern se truncó definitivamente en España por el asunto del Telegrama de Ems, el casus belli de la guerra franco-prusiana (1870-1871). El embajador francés, Benedetti, se entrevistó con el rey Guillermo I de Prusia, en el Balneario de Ems (en Renania-Palatinado, junto al río Lann, en la frontera de Alemania con Francia). En dicha entrevista se dejó claro, por parte de Guillermo I, que Leopoldo no sería rey de España y que la candidatura se retiraría. Sin embargo, Benedetti exigió al rey “la seguridad de que aquella candidatura no se volvería a presentar en el futuro”. Según el príncipe de Radziwill, Guillermo debió negar, a través de él, tres veces, que aceptaría negociaciones sobre esto. Así, con este acto visto como soberbia por Benedetti, y el telegrama que Bismarck publicó sobre la entrevista (que se ocupó de hacer ver como un deseo belicista de Guillermo I) llevaron a la declaración de guerra por parte de Francia el 19 de julio. Quedaba así descartada la candidatura de Leopoldo, si bien en los años posteriores a la victoria prusiana, Bismarck tendría guardados candidatos Hohenzollern para España, manteniendo así temerosa a la derrotada Francia.

La candidatura que se consideró “menos peligrosa” fue la de Amadeo de Saboya, que como he indicado anteriormente, se volvió a sugerir en 1870. Pero su reinado, iniciado en 1871, resultó ser un fracaso que apenas duró dos años, lo cual seguramente tenía uno de sus motivos en el hecho de que el monarca no hablara castellano. Amadeo renunció al trono español el 11 de febrero de 1873. Fue entonces cuando surgió la idea de formar, por primera vez en la Historia de España, un Estado republicano. Emilio Castelar, futuro presidente del Poder Ejecutivo en la I República, decía:

“Señores, con Fernando VII murió la Monarquía tradicional; con la fuga de Doña Isabel II la Monarquía parlamentaria; con la renuncia de D. Amadeo de Saboya la monarquía democrática: nadie ha acabado con ella; ha muerto por sí misma.” (Sesión del Congreso de los Diputados de los días 10, 11 y 12 de febrero de 1873, p. 131).

Como vemos, la cuestión de la candidatura al trono español no radicaba únicamente en los intereses nacionales. Nuestros vecinos europeos también miraban con atención lo que aquí se decidía con el objetivo de estar preparados para lograr sus pretensiones. Las enrevesadas conexiones familiares entre las distintas casas reales servían de tablero de juego para las ambiciones de los políticos, que veían en los matrimonios y las candidaturas la ocasión perfecta para ejercer más poder sobre el país propio o los aliados. España, sin duda, no era una excepción. Con el antiguo imperio colonial  ya en absoluta decadencia, era mucho más sencillo que antes intentar controlar el trono desde fuera.

Bibliografía:

Congreso de los Diputados, Sesión permanente celebrada en los días 10, 11 y 12 de febrero de 1873, Madrid: Carlos Bailly-Bailliere, 1873, p. 131.

Espadas Burgos, Manuel [et al.], Historia General de España y América, Tomo XVI-2,  Madrid: Rialp, 1981, pp. 190-192.

Fuentes, Juan Francisco, El fin del Antiguo Régimen (1808-1868): política y sociedad, Madrid: Síntesis, 2007, p. 235.

Paredes Javier, Historia Contemporánea de España, siglo XIX, Barcelona: Ariel, 2008, pp. 263, 264.

Speroni Gigi, Amadeo de Saboya, rey de España, Barcelona: Editorial Juventud, 1989, p. 88.

Suárez Cortina, Manuel, La España liberal (1868-1917): política y sociedad, Madrid: Síntesis, 2006, pp. 31, 33-35.

Fuente de la imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:LeopoldHS.jpg (autorizada para reutilización).


Sobre la autora:

Ariadna Muriel Humanes

Graduada en Historia por la Universidad Complutense de Madrid (promoción 2012-2016), en el último curso elegió los itinerarios de Historia Contemporánea e Historia de América. Su Trabajo Fin de Grado consistió en un estado de la cuestión respecto al estudio de la experiencia emocional de los soldados de la Primera Guerra Mundial en el frente occidental. Sus intereses giran en torno de la microhistoria, la Historia de las Emociones y la Historia Social, así como en las artes y su relación con el proceso histórico. Además, es actriz en una asociación teatral de Rivas Vaciamadrid.

Actualmente se dedica a escribir artículos para revistas digitales independientes de divulgación histórica y reseñas literarias en un blog de autoría propia, en castellano e inglés (https://elacantiladodedover.wordpress.com/).