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martes, 21 de noviembre de 2017

Feminismo negro: sus orígenes con Sojourner Truth, desarrollo y relevo por bell hooks

Los caballeros dicen que las mujeres necesitan ayuda para subir a las carretas y para pasar sobre los huecos en la calle y que deben tener el mejor puesto en todas partes. Pero a mí nadie nunca me ha ayudado a subir a las carretas o a saltar charcos de lodo o me ha dado el mejor puesto, y ¿acaso no soy una mujer? ¡Mírenme! ¡Miren mis brazos! ¡He arado y sembrado, y trabajado en los establos y ningún hombre lo hizo nunca mejor que yo! Y ¿acaso no soy una mujer? Puedo trabajar y comer tanto como un hombre si es que consigo alimento ¡y puedo aguantar un latigazo también! Y ¿Acaso no soy una mujer? Parí trece hijos y vi como todos fueron vendidos como esclavos, cuando lloré junto a las penas de mi madre nadie, excepto Jesucristo, me escuchó y ¿Acaso no soy una mujer?

El discurso de Sojourner Truth (anteriormente llamada Isabella Baumfree) en la Convención de los Derechos de la Mujer en Akron en el año 1852, conocido como Ain´t I a woman? (o ¿Acaso no soy una mujer?) es considerado el “texto” fundacional del feminismo negro. Era por entonces una mujer de unos cincuenta años, liberada hacía algo más de dos décadas de la esclavitud (la abolición de la esclavitud en el estado de Nueva York, de donde era Sojourner, no se llevó a cabo hasta 1827). Consiguió, antes de la abolición, escaparse a Canadá con uno de sus hijos, y volvió al ser definitivamente liberada para rescatar a otro, que había sido vendido ilegalmente. Fue la primera mujer negra en ganar frente a un tribunal un caso contra un hombre blanco, recuperando a su hijo. 


Sojourner Truth en 1870

En la década de los cuarenta, y tras tener una experiencia religiosa, Isabella (a partir de ese momento, Sojourner) comenzó a simpatizar con el adventismo, una rama del protestantismo surgida en esos años en Estados Unidos. Su discurso tiene mucho de la oratoria practicada en las iglesias, y la oralidad del relato hace frente a la racionalidad de la escritura de los textos fundacionales típicos del feminismo blanco. Estos rasgos permiten entender el carácter contrahegemónico, desde sus orígenes de este movimiento y se convierten en una de sus herramientas de resistencia.

Sojourner Truth, esta antigua esclava iletrada, fue la primera en mostrar los intereses y las reivindicaciones de las mujeres negras, aludiendo a la necesidad de observar que ellas sufren múltiples discriminaciones debido no solo a ser mujer, sino también a su “raza”. Truth deconstruye la categoría hegemónica de mujer y realiza una intersección de “raza” y género, reivindicando la reelaboración del término “mujer”, pues esta doble discriminación las posiciona como “no-mujeres”. Mientas el feminismo ilustrado se desarrolló a partir de Simone de Beauvoir y su afirmación “No se nace mujer. Se llega a serlo”, los discursos de género del feminismo negro parten de una negación, exclusión o interrogante.

El pensamiento feminista de las mujeres negras se construye a partir de estas reivindicaciones. La influencia del contexto en el que surge, es decir, momento de lucha de las personas de origen africano en EE.UU., marca a este movimiento irremediablemente. La lucha contra la esclavitud, contra la opresión, la marginación, la pobreza y las violaciones constituye las bases del movimiento. Ciertos reclamos son también característicos del feminismo en general, pero no puede dejar de reconocerse que las mujeres negras han sufrido y siguen sufriendo las consecuencias de una discriminación agravada por el racismo imperante, por lo que a partir del siglo XIX, y sobre todo, cuando se sustituyó el esclavismo por el racismo general (incluso dentro del movimiento feminista) como nuevo sistema de opresión, el feminismo negro hubo de constituirse como movimiento independiente.

Aunque es cierto que el feminismo surgió como un movimiento común, de lucha por la liberación de las mujeres y también de las personas negras, éste siguió posteriormente un desarrollo que tuvo como protagonistas a las mujeres blancas, más específicamente, a las mujeres blancas de clase media. El abolicionismo y el sufragismo son, desde muy pronto, movimientos que tienden frecuentemente al desencuentro, pues las mujeres negras sienten como la palabra “género” se observa desde una perspectiva excluyente desde el feminismo, obviando las diferencias entre las propias mujeres, sintiéndose excluidas y marginadas.

Este fenómeno del “abandono” a las mujeres negras tiene una simple explicación, muy bien acotada por Gloria Jean Watkins, más conocida como bell hooks (1952) como una de las activistas negras más aclamadas del siglo XX. Cuando las mujeres blancas reclamaron en la lucha por los derechos civiles que todo el mundo (mujeres blancas y personas negras) tuvieran derecho a voto, al ver que los hombres negros lo conseguían y ellas no por la cuestión del género, prefirieron aliarse con los hombres y unirse a la supremacía blanca, eliminando el problema de la raza. Las mujeres blancas basaron el movimiento feminista, a partir de este momento, en torno a la idea de la opresión compartida, proponiendo que las mujeres formaban una especie de casta sexual, sin admitir las diferencias ente las propias mujeres.

De esta forma, mientras la alianza entre hombres y mujeres negras se hacía más fuerte, la ruptura del sufragismo era patente. Los clubs de mujeres negras fueron excluidos; e incluso en las grandes marchas por el sufragio femenino, las líderes (blancas) del movimiento asumieron la política segregacionista instando a las mujeres negras a caminar de forma separada. Esta discriminación sirvió a las mujeres negras de clase trabajadora como nexo de unión, creando un vínculo interclasista que ha diferenciado al feminismo negro del feminismo blanco de origen burgués: el feminismo negro no solo evidenció la inconformidad de éste con el feminismo blanco, sino que además incorporó la lucha contra la opresión racial, sexual, heterosexual y clasista; es decir, introdujo una respuesta basada en la intersección de los sistemas de opresión simultáneos.

A pesar de la abolición de la esclavitud, la discriminación racista sustituyó a la esclavitud como “moderno” criterio de desigualdad, sufrido tanto por hombres como por mujeres negras. A mediados de los cincuenta del siglo XX surge el Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, que buscaba la plena igualdad de derechos de los que no gozaba la comunidad negra de este país. Martin Luther King se convierte en el símbolo de este movimiento, que tuvo como fruto los programas de acción afirmativa, que, aunque acabaron con la base legal de la segregación racial y la exclusión política y creó una clase media negra con grandes oportunidades educativas y laborales, propulsó la violencia en los guetos de las grandes ciudades (especialmente tras la muerte de Luther King) y las estructuras de liderazgo de la comunidad negra se debilitaron. 


Martin Luther King en su histórico discurso de 1963

Por otro lado, sectores conservadores de las élites respaldados por cristianos fundamentalistas refugiados en el partido republicano que terminaron imponiéndose en el gobierno comenzaron a intentar frenar luchas feministas como el aborto libre. Las mujeres negras, cargadas de estereotipos debido a esta nueva violencia en los guetos y perjudicadas por la oposición republicana hacia los avances en la liberación de la mujer, salieron de nuevo doblemente perjudicadas.

Así pues, el feminismo negro siguió siendo a mediados del siglo XX un fenómeno irremediable y necesariamente separado. Las feministas negras a partir de los años 60 y 70 lucharon por el reconocimiento de su identidad en contra de las representaciones de las mujeres negras en los discursos dominantes, en las que eran tan solo una figura importante en la familia y los servicios sociales. La activista bell hooks, en su libro El feminismo es para todo el mundo, cuenta como cuando se introdujo en el mundo del feminismo en un grupo de la universidad en los años setenta era la única chica negra, y cuando comenzó a darse cuenta del racismo implícito en el feminismo blanco y a reclamar que se reconociera el sesgo racista, muchas “la acusaron de traidora (…) pues pensaron que desviaba la atención del género”. Hooks cree indispensable la introducción de la cuestión de la “raza”, sin la que una verdadera sororidad entre todas las mujeres es impensable:

Nuestra intención no era ensombrecer la sororidad, sino poner en marcha políticas concretas de solidaridad que hicieran posible una verdadera sororidad. Sabíamos que no podría haber una sororidad real entre mujeres blancas y de color si las blancas no eran capaces de despojarse de su supremacía de raza, si el movimiento feminista no era antirracista.

La autora muestra como poco a poco, y a diferencia de lo que ocurrió en los siglos XVIII y XIX cuando el movimiento feminista aún estaba en períodos de formación, las mujeres blancas se dan cuenta de que la introducción de la “raza” en la lucha por la igualdad de géneros “supuso la reformulación de la teoría y la práctica feministas. Las participantes del movimiento feminista afrontaron la crítica y los desafíos sin perder su compromiso más sincero con la justicia o la liberación (…). Esto nos muestra que, a pesar de haber estado profundamente equivocadas, en muchas feministas fue más fuerte la voluntad de cambiar, de crear un espacio que hiciera posible le lucha y la liberación, que la necesidad de aferrarse a creencias y suposiciones erróneas”. 


Bell hooks en 2016

A pesar de la aceptación y la toma de conciencia del feminismo blanco con las reclamaciones del feminismo negro, la lucha debe continuar. Las personas negras son aún víctimas de estereotipos y fuertes discriminaciones aun en sociedades occidentales, donde forman grupos cualitativamente importantes. Tampoco acaban las discriminaciones a la mujer, por lo que la unión de género y raza no debe diluirse, pues aún quedan muchos asuntos pendientes por tratar. bell hooks lo siente así:

Todas las mujeres blancas de este país saben que su estatus es muy distinto al de las mujeres negras y de color, y lo saben desde muy pequeñas porque tanto en la televisión como en las revistas solo ven imágenes como la suya. Saben que el único motivo por el que las personas de color están ausentes y son invisibles es porque no son blancas. Todas las mujeres blancas de este país saben que su raza es una categoría privilegiada y, por mucho que decidan reprimir o desmentir este hecho, no significa que lo desconozcan. Simplemente lo están negando.

           
BIBLIOGRAFÍA

Beltrán, E., Maquieira, V. (eds.), Feminismos: debates teóricos contemporáneos, Madrid: Alianza Editorial, 2012.

hooks, b. El feminismo es para todo el mundo. Madrid: Traficantes de sueños, 2017.

Jabardo, M. (ed). Feminismos negros. Una antología. Madrid: Traficantes de sueños, 2012.

Neira Cruz, A., “Aportes del feminismo negro y los feminismos críticos al estudio de los hombres y las masculinidades”. Polisemia: revista del Centro de Pensamiento Humano y Social, 14 (2012): (24 – 37).

Miranda, E., “La historia del movimiento feminista negro en Estados Unidos”, El orden mundial en el siglo XXI, 7/6/2016, [consultado: 15/11/2017].
Enlace: https://elordenmundial.com/2016/06/07/movimiento-feminista-negro-estados-unidos/

martes, 20 de junio de 2017

Biografía de una mujer olvidada: Margarita de Navarra

Siglo XVI, Francia. Humanismo, Renacimiento, protestantismo y Reforma son algunos de los principales ejes rectores de la época, y todos ellos influirían sobremanera en la corte del famoso rey francés, Francisco I. De sobra es conocida su obra política, así como los constantes episodios de beligerancia con el emperador Carlos V. Pero detengámonos. Esta no es una historia más de los hombres importantes de la época. Con este artículo queremos introducir al lector o lectora, la biografía de una mujer, que a nuestro juicio, tuvo una relevancia capital, fundamentalmente tanto desde la óptica de la historia cultural y literaria, como de la política.

¿Habéis oído hablar de la duquesa de Alençon, de Berry, condesa de Armagnac, de Perché, reina de Navarra y princesa de la primera rama de Orléans?  A pesar de la sobrecarga de títulos nobiliarios, seguramente siga siendo una auténtica desconocida. Quizás Margarita de Navarra, nombre con el que ha pasado a la historia, suene algo más. Pues no sólo es la hermana del primer Valois, Francisco  I, sino que, también fue un personaje relevante en el ámbito político, social, literario e ideológico de principios del siglo XVI en Francia. ¿Por qué? 

Margarita de Angulema, c.1527, retrato de Jean Clouet


Desde su infancia estuvo muy vinculada con las letras. Tanto su hermano como ella, se vieron inmersos en un ambiente erudito que les ofreció la oportunidad de instruirse en la cultura clásica, aprendiendo tanto el griego como el latín. Sin embargo, Margarita puso especial interés por el estudio de otras lenguas, destacando entre ellas el alemán, el castellano, el italiano y el hebreo. Gracias a dicha formación, Margarita tuvo un papel relevante dentro de la corte, dado que su hermano confió los asuntos de la diplomacia extranjera en su persona.

Llama la atención que en aquella época una mujer tuviera un rôle tan activo en la corte de Francisco I, una de las más importantes de Europa. No obstante, esta situación no resulta tan extraña, ya que con la llegada del Renacimiento, muchas mujeres destacarían tanto en el ámbito político como en el cultural. Por tanto, si atendemos tanto a la historia de género como a la historia política, la figura de Margarita cobra más relevancia si cabe.

Los problemas afloran en la corte francesa. A raíz de la Batalla de Pavía, en 1525, el emperador Carlos V, además de derrotar al rey francés, lo hizo su prisionero. Margarita, ante esta situación, intentó negociar con los embajadores de la Monarquía Hispánica la liberación de su hermano. No obstante, fracasó en el empeño, dado que Francisco I tuvo que firmar un tratado en Madrid en 1526, en el que Francia no resultó nada beneficiada.

Otro de los aspectos a destacar, en su labor como diplomática de la corte, donde continuaba cultivándose y formándose, fue acoger tanto a pensadores como artistas de renombre y situarlos bajo su protección, para que así pudieran desarrollar una prolífica vida cultural. De entre estos destacamos Le Groupe de Meaux, con su mayor representante el poeta Clément Marot. Gracias a su situación privilegiada y a la buena relación con su hermano pudo liberar a algunos escritores de la censura. Entre ellos Erasmus y Léfevre.

Pero no solo fue una mecenas de la cultura de su tiempo, ya que, la propia Margarita, fue una escritora prolífica, que abarcó diferentes géneros literarios, contribuyendo de esta manera, y de forma directa al desarrollo de las letras francesas. Farsas, poesía, prosa, teatro, etc.

Concienciada de la controversia religiosa de su tiempo, Margarita entabló una fuerte relación con el obispo Briçonnet, quien la conduce por el camino de la mística. Gracias a esta amistad y a conocer a Léfevre y a Gérald Roussel, nuestra escritora atraviesa un periodo de inquietud religiosa que la lleva a una reflexión personal que manifiesta en muchos de sus textos.  Entre ellos encontramos el poema: Le Dialogue en forme de vision Nocturne, Chansons Spirituelles, La Navire etc.

En las letras francesas la literatura mística adquiere una gran difusión y repercusión en los siglos XVI Y XVII. Les Prisons es la máxima representación del misticismo de Margarita de Navarra. Los versos reflejan  una articulación de la unión mística en lenguaje paralelo al del amor humano. Este libro, mezclando lo espiritual y autobiográfico, termina con la fusión del alma purificada que llega al momento culminante de la unión mística del alma con Dios.

Con la publicación de Le Miroir de l’âme pécheresse en 1531  la autora vive un episodio amargo en su vida, pues la Facultad de Teología de la Universidad de la Sorbona quiso censurar la obra por ser de tendencias contrarias a la fe católica.



Atendiendo a las fuentes biográficas de la autora y a su obra literaria podemos apuntar que Margarita de Navarra se identifica más con la doctrina protestante, aunque no lo manifestase con total libertad, por ser la hermana de un rey católico.

A pesar de la gran cantidad de poemas escritos por ella, es sobre todo conocida en la historia literaria por su única novela: L’Héptameron. En esta obra predomina la temática de la religión y del amor pero, sobre todo, se caracteriza por la sátira hacia el clero. Destaca también, en los cuentos del Heptaméron, la influencia del platonismo o neoplatonismo, característico de la corriente humanística.

La estructura de esta obra maestra podemos compararla con El Conde Lucanor de Don Juan Manuel en España, The Canterbury Tales de Chancer en Inglaterra y Il Decamerone de Boccacio en Italia. Esta trilogía supuso una reforma de la prosa en Europa a través de nuevas técnicas narrativas.

Dos siglos más tarde, es Margarita de Navarra quien retoma estos precedentes literarios para reformar la tradición narrativa en Francia. De esta forma, abre la vía a un nuevo género: el cuento. Y es considerada la precursora de las técnicas boccacianas en la literatura francesa del siglo XVI.

“Entre autres, je crois qu’il n’y a nul de vous qui n’ait lu les Cent Nouvelles Nouvelles de Boccace, nouvellement traduites d’italien en français […]”

Vemos en estas palabras como en el prólogo del libro la autora resalta la figura de Boccaccio y deja entrever al lector su admiración por este autor italiano.

En definitiva, nos encontramos con una figura que a pesar del ostracismo al que ha sido sometido por la historiografía, resulta admirable el potencial que durante toda su vida desarrolló tanto a nivel político como cultural. Por último, nos gustaría destacar que desde la visión de género su legado cobra mayor relevancia para la historia puesto que, tristemente, la mujer ha sido relegada históricamente a un segundo plano.

Margarita de Navarra, supo desde su condición social privilegiada, romper todos los moldes. Fue capaz de rodearse de los personajes más brillantes de la época, enriqueciendo a las mujeres y los hombres de la corte. Más allá de esto, en una sociedad tan patriarcal, ella se atrevió a escribir y publicar textos sorteando incluso intentos de censura por parte de la Universidad de la Sorbona.

Es fácil andar cuando el camino es visible; lo más difícil consiste en atravesar ese camino a partir de nada. Margarita de Navarra, gracias a su espíritu abierto y decidido, es una de las primeras mujeres de su época en abrir el camino hacia la emancipación de las mujeres. Contribuyó así a la edificación de la cultura de principios del siglo XVI y a la cultura venidera. 

Jardín de Luxemburgo, París


Bibliografía

Balmas, E., Giraud, Y. et  Pichois, C. Littératurefrançaise. Paris: Arthaud, 1986.

Caso, A. Las olvidadas. Barcelona: Planeta, 2005.

De Navarre, Marguerite. Heptaméron. Ed. Simone de Reyff, Paris: Flammarion, 1982.

Martínez, Caridad, “La Narración” Historia de la Literatura Francesa, ed. Javier del Prado. Madrid: Ediciones Cátedra, 2009, páginas 241-267.

Múgica, M. Margarita de Angulema. Pamplona: Gobierno de Navarra, 2015.

Timmermans, Linda. L’accès des femmes à la culture sous l’Ancien Régime. Paris: Honoré Champion, 2005.



Sobre la autora



Inés Mestre Jiménez

Graduada en Estudios Franceses por la Universidad de Sevilla, promoción 2010-2014, centra su interés en la literatura e historia moderna y la cultura francófona.

De vocación docente, realiza una estancia de ocho meses en Dijon como auxiliar de conversación. Actualmente cursa el Máster en Profesorado en ESO, Bachillerato, F.P o Enseñanza de Idiomas (Especialidad: francés).

martes, 2 de agosto de 2016

Vibia Sabina: imagen y divinización como medio de propaganda y legitimación dinástica.

Los estudios historiográficos tradicionalmente realizados han tendido a eclipsar y silenciar las vidas, obras y actuaciones de las mujeres en los diferentes períodos y ámbitos de la historia obteniendo como resultado una reflexión androcéntrica y simplista de los hechos. Como medida de superación, en los últimos años las diferentes corrientes de estudios históricos han desarrollado un progresivo y avanzado proceso de renovación e integración de nuevos métodos y teorías, en donde la introducción y el desarrollo de los estudios de género se han ido convirtiendo en uno de los referentes imprescindibles para el estudio de la materia. De manera que, la inclusión de las vidas y obras de aquellas mujeres que han pasado inadvertidas por la historia nos aportan una percepción más profunda y elaborada de los acontecimientos y nos permite construir un marco intelectual de aquellos espacios en donde las mujeres fueron silenciadas, manipuladas u olvidadas, como ocurre, por ejemplo, en los estudios sobre la Antigüedad.

A lo largo de la historia todo rol desempeñado o asignado a las mujeres es producto de la construcción social y cultural de su tiempo. Las sociedades antiguas, y en concreto la romana, fueron caracterizadas por contar con una tradición fuertemente patriarcal, conservadora y desigual, en donde las mujeres ostentaban una posición marginal y secundaria respecto al varón. Su ejercicio de poder, por razones principalmente sociales y jurídicas estaba relegado al ámbito plenamente privado, con limitadas posibilidades de actuación pública. El ejercicio público era una cuestión de hombres, lo cual hacía de la presencia femenina una importante excepción y siempre únicamente en el ámbito religioso. No obstante, aunque la religión se encontraba estrechamente vinculada al sistema social antiguo, y afianzaba y legitimaba de manera sagrada dichas bases sociales, era la única esfera de la vida pública en donde las mujeres pudieron intervenir. Tal era el caso de las diosas, las sacerdotisas y las devotas.

Sin embargo, sí hubo un papel femenino relevante en la sociedad romana imperial no sólo en la religión, sino también en la política y en la utilización de la imagen como propaganda, fue el de las emperatrices o esposas de los emperadores. En este breve artículo prestaremos atención a una de las emperatrices más destacadas no sólo por la relevancia que obtuvo su esposo, sino por el papel y la importancia que ésta tenía en la corte, en el programa político adrianeo y en la legitimación dinástica: Vibia Sabina, esposa del emperador Adriano.

Las emperatrices y princesas de inicio del siglo II ocuparon un papel relevante como madres, esposas, hermanas e hijas cuyo modo de vida y virtudes servían de ejemplo para el resto de mujeres; pues de la misma manera que se había proclamado al “mejor” emperador, también se debía transmitir la imagen de la “mejor” consorte. Además, por necesidad de legitimación política y medio de propaganda, punto que desarrollaremos posteriormente, a estas mujeres les fueron concedido un elevado número de honores y títulos, y todas ellas, incluida Vibia Sabina, fueron divinizadas y homenajeadas tras su muerte.



Para mantener la imagen estática de vitalidad, prosperidad y abundancia del siglo II apreciada por los diferentes intelectuales y dirigentes de las más altas clases del imperio, era necesaria la difusión de una imagen de estabilidad y armonía de la familia imperial. Para ello era necesario establecer un modelo de familia idílica en donde el emperador y su esposa mostraran todo tipo de virtudes. Así pues, y al igual que sucedió con otras emperatrices y princesas, la imagen proyectada por Adriano de su esposa, Vibia Sabina, fue la de una mujer austera, tradicional, encarnada en los ideales de matrona, calificada de “gran consorte” y “señora de las dos tierras”, asociada y asimilada a diferentes diosas y virtudes acorde al programa político del emperador. Un programa más idílico, contrario y complejo que real debido a que, según las diferentes fuentes, la emperatriz poseía un carácter difícil que influyó en la ardua relación que tuvo con su esposo.

Al parecer, ambos tenían diferentes formas de concebir el imperio y de afrontar los problemas que el gobierno de éste planteaba. La emperatriz consideraba un monstruo a su marido por las relaciones que éste mantenía con el joven Antínoo y se mostraba disconforme con la idea de establecer un culto hacia su persona. Además, se discute que las disputas eran tan frecuentes que ambos habían hablado de divorcio; sin embargo, esto era cuestión impensable e inasumible por parte de Adriano debido a que debía a su esposa el poder del imperio.

Vibia Sabina, procedía de las gentes Vibia y Mundia, fue una mujer con grandes propiedades y poder económico que heredó tres modelos de mujeres imperiales: el de Plotina, mujer de Trajano, el de su abuela Marciana, mujer llena de virtudes y modelo de matrona romana; y el de su madre, Matidia la Mayor, la cual fue divinizada y colocaba a Vibia Sabina en un puesto relevante en la corte y de la gens Ulpia como filia divae Augustae Matidiae. Por consiguiente a través de su madre, abuela y su tío abuelo, Trajano, otorgaba su esposo la legitimidad necesaria para adoptar el título de emperador.

La cuestión sucesoria siempre ha sido uno de los problemas principales en cuanto a la legitimación del poder imperial, una cuestión en donde las mujeres de la casa imperial ocuparon una posición relevante por su función reproductora. 

Con los Antoninos, el sistema de la adoptio se convirtió en una solución ficticia pero efectiva. La elección del mejor permitía elegir al más adaptado para la función del poder, pero éstos, necesitados de una fuente de legitimidad que los uniera al linaje dinástico, acordaron matrimonios con mujeres pertenecientes a la familia del emperador vigente. Por esa razón, Adriano, a pesar de haber sido adoptado por el emperador Trajano, necesitaba a Sabina para que le aportara la legitimidad que no poseía por su linaje.

Bibliografía:

Domínguez Arranz, Almudena [ed]: Mujeres en la antigüedad clásica. Género, poder y conflicto. Madrid, Sílex, 2010.

Domínguez Arranz, Almudena [ed]: Política y género en la propaganda en la Antigüedad. Antecedentes y legado, Gijón, Trea, 2013.

Hidalgo de la Vega, Mª José: Las emperatrices romanas: sueños de púrpura y poder oculto. Salamanca. Ediciones Universidad Salamanca, 2012.

Hidalgo de la Vega, Mª José: Mujeres, religión y poder: el culto imperial en el occidente mediterráneo. Granada, Universidad de Granada, Instituto de Estudios de la Mujer, 1996.

Hidalgo de la Vega, M.J: Plotina, Sabina y las dos Faustinas: La función de las Augustas en la política imperial. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, Hª antig. 18, 2000, pp. 191-224.

Millán Muñío, Mª Ángeles; Peña Ardid, Carmen [eds.]: Las mujeres y los espacios fronterizos. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2007.

Posadas, Juan Luis: Emperatrices y princesas de Roma. Madrid, Raíces, D.L. 2008
Serrano-Niza, Lola; Hernández Pérez, Mª Beatriz [eds.]: Mujeres y religiones. Tensiones y equilibrios de una relación histórica.

Sobre la autora:


Cristina Cardador Ruíz

Graduada en Geografía e Historia por la Universidad Pablo de Olavide, promoción 2011-2015. Interesada en la Historia Antigua y en la Historia de las Religiones. Realizó su Trabajo de Final de Grado sobre el culto imperial en Itálica. Actualmente cursa el Máster en Religiones y Sociedades organizado por la Universidad Pablo de Olavide y la Universidad Internacional de Andalucía.





martes, 19 de julio de 2016

Mujeres gobernantes en el área maya

Los estudios sobre genealogía maya han seguido la idea de que la sociedad maya prehispánica fue patrilineal, a pesar de que existen situaciones que no pueden explicarse mediante esta teoría. En fuentes epigráficas del área maya se hace mención a gobiernos femeninos o mujeres políticamente importantes, con una marcada inclinación hacia la teoría de linaje que clasifica a la sociedad maya como patrilineal o matrilineal –este último solo durante ciertos periodos de crisis política. Por ejemplo, Robertson (1997) señala que en el sitio de Palenque, de descendencia patrilineal, el padre de Yohl Nal manipuló mañosamente  las decisiones dinásticas para permitir que su hija quedará en el poder. Mediante el empleo de estas “mañas” se explica que las mujeres en el área maya pudieran llegar al poder, y justificar así una ruptura patrilineal.

1Ix Unen B'alam (Martín y Grube 2002)

Existen evidencias –estelas y entierros-, a lo largo del área maya, que documentan la posición de las mujeres como gobernantes o con un importante rol en la política. En Tikal, hay registro de mujeres que ocuparon el puesto de gobernantes, la primera de ellas es Ix Unen B’alam, alrededor del año 317 d.C., lamentablemente no se tiene mucha información sobre ella y su gobierno, ni si quiera si dejó sucesores directos. Tiempo después aparece en una estela Ix Yax Mutal en el año 511 d.C., donde aparecen evidencias de que con tan solo 6 años,regentó el poder junto a un protector/consorte.. Sin embargo, no hay evidencias de si su descendencia heredó el poder tras su muerte.

Señora Seis Cielo

En el sitio de Naranjo, tras una derrota en la que desaparece toda la casa gobernante, el señor de Dos Pilas aprovecha y envía a su hija “Señora Seis Cielo” a refundar la casa dinástica. A pesar de que la evidencia epigráfica no indica que ostentara el título de gobernante, en el momento de su llegada, es evidente que ella asumió todas las tareas del cargo, retratándose realizando rituales e incluso pisando cautivos de otras ciudades. K’ak’Tiliw Chan Chaak, hijo de Seis Cielo, hereda el poder a los 5 años, es interesante que el padre no es mencionado ni representando en las estelas. Seis Cielo, en la estela 18 erigida por su hijo, porta el título de Oxh’Kin K’alomte, máximo título al que podía acceder un gobernante. Seis Cielo realizó conquistas así como edificaciones en Naranjo para legitimar a su hijo en el poder.

En Palenque también existe evidencia de mujeres en el gobierno, Yohl Ik’nal B’alam asciende al poder en el 583 d.C., a manos de su padre, gobernó durante 21 años. A su muerte su hijo ocupó el gobierno, quien murió sin herederos varones, por lo que el poder pasó a manos de su hija Sak K’uk, en el 615 d.C., desde este momento ejerció el poder durante 25 años y, tras su muerte su hijo Pakal heredó el cargo.

Mujeres y política.
En el registro epigráfico se menciona a mujeres quienes tuvieron un rol importante en la política. Algunas de ellas fueron retratadas y/o mencionadas como esposas de gobernantes, en ámbitos rituales, o legitimando el gobierno y poder de sus herederos.

 La señora Xoc en dinteles 41 y 24 de Yaxchilán

En Chichén Itzá, hay evidencia de dos mujeres que legitiman el poder de sus herederos: la primera de ellas es Lady K’ayam a quien su hijo, K’inil  Kopol, registra claramente como su madre en contraste con la identidad de su padre pues ningún glifo de parentesco es usado al referirse a él. La segunda mujer es Lady Ton Ajaw, madre de Lady K’ayam, esta mujer ha sido identificada por Krochock (2002) como la fundadora o representante de un linaje, lo cual otorgaría a sus nietos (K’ak’upakal y K’inil Kopol) el derecho de gobernar.

La evidencia material de entierros femeninos, permite identificar el estatus que alcanzaron algunas mujeres, ya sea en sus contextos domésticos o a nivel del sitio –todo depende del edificio y material con el que haya sido enterrada. 

Comentarios finales
La evidencia epigrafía y arqueológica aporta valiosa información sobre el sistema de parentesco entre los mayas prehispánicos. Un sistema de parentesco que no es patrilineal, por mucho que se justifique la presencia de mujeres en el poder como excepciones a las reglas de descendencia empleadas en momentos de crisis política, lo que provocaría cambios a un sistema matrilineal “temporal”. Los estudios antropológicos en relación al parentesco y descendencia permiten identificar todas las opciones existentes en los sistemas de descendencia patrilineal en momentos de crisis, y no hay posibilidad alguna de que una mujer ocupe un puesto en la línea de descendencia –se recurre a hermanos, sobrinos, primos, cuñados, etc.

Pool (2007), considera que no existieron líneas rígidas de sucesión entre los mayas prehispánicos. Fueron más bien conductas estratégicas – al designar a un género u otro-, a manera del  habitus de Bourdieu (1977), en el ejercicio del poder político y la manifestación simbólica para ser socialmente reconocidos. Tanto varones como mujeres tenían la facultad de acceder al poder de acuerdo a los intereses del grupo y no tanto por responder o romper con una regla de sucesión cuya naturaleza es la rigidez. Por el contrario en las Sociedades de Casas de Levi-Strauss, tal rigidez no se aprecia.

A través de los ejemplos presentados podemos inferir que en el caso de las gobernantes de Naranjo y Palenque, las mujeres funcionaron como puente a sus hijos pues a través de ellas obtuvieron el poder y legitimación de su gobierno, tal como señala Levi-Strauss en la Sociedad de Casas. En cuanto a las mujeres en la política, como en el caso de Chichen Itzá, algunos regentes varones registraron únicamente su linaje materno con el fin de relacionarse con la casa gobernante legítima. Notamos de nuevo el papel de las madres como las que transmiten el derecho del hijo a gobernar.

Bibliografía
Krochock, R. “Women in hieroglyphic inscriptions of Chichén Itzá” en Ancient Maya Women, edited by Traci Ardren, 152-170. U.S.A: Altamira Press, U.S.A. 2002

Levi-Strauss, C. La vía de las máscaras, Siglo XXI editores, México. 1981
Martin, S. y Nikolai G. Crónica de los reyes y reinas mayas. La primera historia de las dinastías mayas, Planeta, México, D.F. 2002

Pool Cab, M.N. “Las Mujeres en las Estructuras Políticas Mayas del Clásico y su Reinvención en los Modelos Antropológicos”. En Ponencia presentada en la XVIII Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología. México D.F. 2007.

Puga Salazar, E.M. X’almejenob las mujeres mayas de la nobleza, tesis para optar el título de Licenciado en Ciencias Antropológicas en la especialidad en Arqueología por la Uady, Mérida, Yucatán. 2009

Robertson, M. G. “El lenguaje iconográfico arquitectónico de Palenque en el ámbito político” en Memoria de la Segunda Mesa Redonda de Palenque: arquitectura e ideología de los antiguos mayas, editora Silvia Trejo CONACULTA-INAH, Pp. 195-211. 1997.

Imágenes:
Estela 24 Señora Seis Cielo
http://www.cirsociales.uady.mx/revUADY/pdf/225/ru2255.pdf
Dinteles 41 y 24 Señora Xoc
https://mujeresaborigenes.wordpress.com/mayas/reina-roja/


Sobre la autora:

Arqueóloga por la Universidad Autónoma de Yucatán, el trabajo de tesis fue sobre Identificación de rituales de paso a través de las ofrendas en los entierros. Colabora con el Centro de Investigaciones Históricas y Sociales de la Universidad Autónoma de Campeche, en proyectos arqueológicos, antropológicos e históricos. Actualmente realiza el máster en Religiones y Sociedades de la UPO.

martes, 17 de mayo de 2016

El feminismo en la Ilustración: Wollstonecraft y Rousseau

La historiografía del siglo XX había marcado el inicio del feminismo en los grupos de sufragistas que desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX reclamaban el voto para la mujer como primer paso para participar de la vida pública en igualdad con los hombres. Sin embargo en las postrimerías del siglo XX y en la actualidad, se considera que el feminismo, no solo tiene fuertes raíces ilustradas, sino que la vindicación por la igualdad se empieza a reclamar a la vez que Rousseau, Montesquieu, Kant, o Thomas Paine escribían sobre libertades políticas y la auténtica legitimidad del poder político. Esta vindicación fue de la mano de autores como el marqués de Condorcet, Olympe de Gouges o Mary Wollstonecraft.


M. Wollstonecraft

Hoy en día la Ilustración se sigue estudiando a todos los niveles en relación a un periodo y unos autores concretos que son leídos y en cierta forma admirados. Sin embargo esto se hace dejando fuera a otros muchos que no se destacan, dejando entrever que la Ilustración se desarrolló en base a las ideas de unos pocos iluminados, cuando en la práctica los autores del llamado “siglo de las luces” fueron muchos y variados.

Entre los que siempre destacamos están Kant con su lema “sapere aude!” (atrévete a saber), o su persistencia en eliminar todo tipo de prejuicios, en salir de la “autoculpable minoría de edad” y de la tutela que hasta el momento el Estado ejercía sobre sus ciudadanos. El segundo de los destacados es Rousseau que, siguiendo a Kant, decía que “el hombre ha nacido libre y por todas partes se encuentra encadenado” y que era hora de que los ciudadanos formaran parte importante de un contrato social que garantizara sus derechos naturales por encima de todo. Eran autores muy preocupados por cómo articular las nuevas ideas para que rigieran la sociedad a través de la educación del ciudadano y su necesaria expresión en el espacio público. Estas ideas eran algo muy extendido entre los ilustrados, las cuales eran debatidas y defendidas por muchos de ellos y por eso sirvieron de inspiración a la primera declaración de derechos universales: la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789.


I. Kant

Sus ideas han sido muy válidas, tanto que en la actualidad siguen siéndolo y que cuando nos refiramos a nuestros derechos todos miremos a la Ilustración como su origen teórico. Sin embargo, estos autores escribieron sus derechos en masculino, y no porque fuera precisamente el masculino genérico que al decir “hombre” se refiere a “ser humano”, no, sino porque a la vez que exponían estos pensamientos igualitarios y universales, escribían un apartado diferenciado para la mujer.

Esto se percibe de una forma muy clara en la obra de Rousseau “Emilio” o “De la educación”, que pretendía ser un manual para la educación del ciudadano. El ginebrino en este tratado exponía cómo el buen ciudadano debía ser educado para regirse por su propia conciencia y desterrar toda clase de prejuicios, se le debe inculcar la autonomía moral y enseñarle las herramientas para el ejercicio público de la política que debía ejercer todo ciudadano. Pero el quinto libro del Emilio está dedicado a Sofía, que representa a la mujer en la sociedad y en el que explica que, mientras el hombre debe expresarse políticamente en el ámbito público, la mujer debía quedarse en casa cuidando de los hijos y educándolos para que fueran buenos ciudadanos. Y, mientras que el hombre debía regirse por su propia conciencia y no dejarse llevar por nadie, la mujer tenía que guiarse por el juicio de los demás, es decir, la comunidad de hombres que iba a juzgarla bien o mal según cómo desempeñara su papel social. Esta diferenciación no se justificaba por el capricho de Rousseau, sino porque decía que las mujeres eran diferentes al hombre por naturaleza, y que por tanto la división del trabajo debía ser consecuente con ello, puesto que el contrato social solo se podía llevar a cabo entre iguales, es decir, entre hombres. El papel de la mujer quedaba así relegada a hacer la vida más placentera a los ciudadanos. La mujer sería hija, esposa y madre de ciudadanos, pero nunca sería ciudadana. En relación a esto, decía Rousseau:

“La educación de las mujeres debe estar en relación con la de los hombres. Agradarles, serles útiles, hacerse amar y honrar por ellos, educarlos cuando niños, cuidarlos cuando mayores, aconsejarlos, consolarlos, hacerles grata y suave la vida son las obligaciones de las mujeres en todos los tiempos, y esto es lo que, desde su niñez, se les debe enseñar.” Rousseau en el Emilio o de la educación 1762.


J. J. Rousseau

Las respuestas a esta incoherencia no tardarían en llegar por parte de esos otros ilustrados que no suelen enseñarse en los institutos ni en muchas carreras como los mencionados al final del primer párrafo de este artículo. Wollstonecraft, Olympe de Gouges y Condorcet, tres autores destacados que van a criticar duramente a Rousseau y a todos aquellos que defendían sus teorías.

Dos años después de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, Olympe de Gouges publicó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana (1791), calcando la primera excepto que donde ponía “hombre” ella puso “mujer” dejando ver lo absurdo y a la vez la importancia que tenía excluir a la mitad de la especie de estos derechos.

El marqués de Condorcet por su parte publicó en 1790, Acerca de la Instrucción pública, donde expresa la necesidad de no excluir a las mujeres de ningún tipo de enseñanza y propone la educación mixta como una forma de hacerlo encajar.

Sin embargo, Mary Wollstonecraft merece especial atención en este artículo, ya que con su Vindiación de los Derechos de la Mujer (1792), critica frontalmente el Emilio de Rousseau. Mary Wollstonecraft era una maestra londinense que además escribía profusamente y se reunía de manera frecuente en salones y clubs con los pensadores más importantes del momento. En el momento que el Emilio cayó en sus manos, confesó quedar admirada por el modelo educativo propuesto, sin embargo, cuando llegó al libro quinto y se percató de que Rousseau había dedicado un apartado a la necesidad de una educación diferente entre el hombre y la mujer, decidió responder. Su vindicación también es un tratado sobre la educación en el que expone que la mujer no es diferente al hombre, la mujer es diferente al animal en tanto que ser racional, y por tanto lo que la hace diferente es la educación. Por ello abogaba por la adquisición de “las virtudes humanas por los mismos medios que los hombres, en lugar de ser educadas como seres a medias”, y denuncia que lo que Rousseau llamaba la inocencia de la mujer como algo que debía conservarse ante la corrupción del ámbito público, no era más que la forma cortés de llamar a la ignorancia.

Haciendo referencia a una respuesta de Rousseau en la que decía que la mujer quería educarse para ser superior al hombre, Wollstonecraft dice que su objetivo no es “que las mujeres tuviesen poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas” palabras que después repetirán las representantes más destacadas de las olas de feminismo posteriores.


M. Wollstonecraft

Esta Vindicación de los Derechos de la Mujer se publicó para influir en los constituyentes de la Asamblea francesa de 1791 en contrapartida a la influencia que la obra de Rousseau había cosechado en las últimas décadas. La obra de Mary Wollstonecraft era más que una reivindicación por los derechos de la mujer, una reivindicación por su carácter individual y por su calidad moral, por ello Wollstonecraft será una pensadora feminista tan recurrente en el siglo XX, una vez ganado el sufragio en muchos países occidentales, cuando Simone de Beaviour escribe sobre los nuevos problemas del segundo sexo. Por ello pienso que estos ilustrados e ilustradas deberían ser más estudiados y, sobre todo, difundidos a todos los niveles.

Bibliografía
Beltrán, E., Maquieira, V. (eds.), Feminismos: debates teóricos contemporáneos, Madrid: Alianza Editorial, 2012.

Rousseau, J.J., Discurso sobre el origen de los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, Madrid: Alianza Editorial, 1980.

-Emilio o de la educación, Madrid: Alianza Editorial, 1990.

Wollstonecraft, M. Vindicación de los Derechos de la Mujer, Madrid: Cátedra, 1996.

Imágenes

I. Kant:
http://callejerorev.com/wp-content/uploads/2014/05/kant-shooting.jpg

J.J. Rousseau:
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/b/b7/Jean-Jacques_Rousseau_(painted_portrait).jpg/200px-Jean-Jacques_Rousseau_(painted_portrait).jpg

Mary Wollstonecraft:
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/36/Mary_Wollstonecraft_by_John_Opie_(c._1797).jpg

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/bc/MaryWollstonecraft.jpg