jueves, 2 de marzo de 2017

Límites y sombras del Blas Infante político: El complot de Tablada

Los sucesos acaecidos en Sevilla en junio de 1931 que formaron parte del polémico Complot de Tablada, en el que uno de los implicados fue el considerado padre de la patria andaluza, Blas Infante, están aún hoy sin esclarecer, permaneciendo como uno de los puntos oscuros de la carrera política del líder del andalucismo histórico. Según el gobierno de la II República y alguna prensa de la época, este episodio consistió en la intención de la toma de Sevilla por parte de un heterogéneo grupo revolucionario liderado por el aviador Ramón Franco, que quería proclamar así la revolución y el Estado libre de Andalucía. En su libro La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía, Blas Infante se defendía de estas acusaciones, señalando que todo era parte de una campaña del gobierno de Maura para desacreditar  a la controvertida Candidatura andalucista que se presentó a las elecciones a Cortes de junio del 31.

            Aunque todavía este asunto no ha sido aclarado, todo parece indicar que aunque sí que pudo haber alguna intención en este sentido liderada por el polémico Ramón Franco, esto no fue sino algo muy inconcreto y sin una verdadera organización, y que, probablemente, acabó exagerándose posteriormente. Pero aparte de la curiosidad que pueda despertar este turbio episodio, creo que la importancia que tiene es que puede servir de muestra de la poca claridad ideológica y confusa praxis política  de la que hizo gala el andalucismo histórico. Efectivamente, el discurso político del movimiento liderado por Blas Infante tuvo serios problemas de socialización, teniendo una base ideológica confusa y mixturada, que desarrollaba un nacionalismo antinacionalista, integrador y cosmopolita, que era de hecho contrario al modelo de nacionalismo diferenciador que fue el que acabó por imponerse en Europa. Era un discurso, por tanto, poco definido y confuso, que oscilaba entre regionalismo y nacionalismo, y que añadía tintes de radicalidad a su lenguaje para acercarse a unos sectores populares que, sin embargo, tampoco podrían identificarse fácilmente con opciones interclasistas y que optaban por otras puramente revolucionarias como el comunismo y anarquismo.

Con la llegada de la II República el andalucismo vive una reactivación notable y adquirirá cierto matiz de radicalización en su lenguaje, movido por la efervescencia coyuntural que supuso el cambio de régimen y por su interés en acercar el andalucismo a la masa anarquista. Desde el primer momento, Blas Infante se mostró optimista con la llegada del nuevo régimen, y acudió por partida doble a la cita electoral de junio de ese año 31, presentándose por dos candidaturas distintas, una por Sevilla y la otra por Córdoba, siendo la primera la más sonada de todas las participaciones electorales del líder andalucista, debido sobre todo al revuelo del Complot de Tablada que salpicó a la candidatura.

Blas Infante organiza la candidatura sevillana coherentemente con su idea de utilizar la vía electoral con coaliciones ocasionales, buscando el aprovechamiento de la coyuntura electoral como una plataforma de exposición de sus ideas. En La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía, el propio Infante explica el proceso de formación de la que vendría a llamarse Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza. La candidatura presentaba una mixtura heterogénea de elementos, estando en ella, aparte del propio Infante, el agrónomo Pascual Carrión, el comunista José Antonio Balbontín, el aviador Ramón Franco y sus colegas Pablo Rada y Antonio Rexach, de ideología éstos que podría definirse como izquierdista radical. Además, la candidatura recibió el respaldo del cenetista Pedro Vallina, uno de los iconos del anarquismo sevillano de la época.


En el centro sentados: Antonio Rexach, Ramón Franco y Blas Infante


La mezcla de elementos indica perfectamente el ideario político de Infante, contando por un lado con Pascual Carrión, que legitimaba el sustrato agrarista tan importante para el andalucismo y que representaba, como Infante, a un sector de clase media de centro izquierda, mientras que por otro las figuras de Balbontín y Vallina representaban los intereses de la izquierda revolucionaria, sector al que Infante pretendía atraer hacia el andalucismo.

Por su parte, el comandante de aviación Ramón Franco era otra clave de la candidatura, pudiendo entenderse su presencia en la candidatura como un reclamo propagandístico. Debe tenerse en cuenta que este personaje, hermano del que sería dictador, era una personalidad pública de renombre debido a sus hazañas como aviador, de las que destaca por encima de todas la travesía del Plus Ultra, primer hidroavión en realizar un vuelo entre España y América, como también fue sonada su participación en el golpe militar contra Alfonso XIII de Cuatro Vientos en 1930. Su fama se adecuaba también al público revolucionario al que Infante quería dirigirse, ya que este personaje participaba de una ideología política algo confusa que se movía en torno a un radicalismo populista de izquierdas.

El otro pilar que sustentó la polémica de la candidatura fue la presencia de Pedro Vallina, famoso personaje del anarquismo sevillano y amigo de Infante. El propio Vallina en sus memorias cuenta que, aunque rechazó la invitación de Infante para presentar su candidatura en las elecciones, sí que aceptó formar parte del movimiento revolucionario. En definitiva, Vallina acompañó a los candidatos en sus mítines pidiendo el voto para ellos, y esta implicación fue el principio de su ruptura con la C.N.T.

Las bases programáticas de la Candidatura no eran en sí novedosas, presentando los mismos objetivos en los que el andalucismo venía ya insistiendo, como el federalismo municipalista y la preocupación por el problema de la tierra. Pero aunque el ideario andalucista no variara, la candidatura arrastró una expectación y una polémica que pocos esperarían. La campaña fue sin lugar a dudas, llamativa, presentándose Franco, Rada y Rexach dispuestos a cumplir su papel de reclamo publicitario haciendo gala de un comportamiento heterodoxo de Franco que despertaría el recelo de otros militares. La acción más llamativa de esta campaña propagandística fue, sin duda, la que protagonizaron dos avionetas procedentes del aeródromo que, con las inscripciones de «Viva Andalucía Libre» pintadas, lanzaban octavillas desde el aire, octavillas que serían objeto de una acalorada discusión posterior en las Cortes. En su alegato, Blas Infante insiste que no hubo aquí mal uso del equipamiento militar, ya que el piloto Rexach utilizó su avioneta particular con gasolina que costearon los responsables de la candidatura, mientras que negaba la veracidad de las octavillas leídas en la sesión Cortes, de lenguaje francamente radical, señalándolas como partes de un montaje.


Pueblo Andaluz: Candidatura Republicana Revolucionaria


No fue ese el único suceso controvertido en torno a la campaña, destacando también lo ocurrido durante el mitin celebrado en Lora del Río el 24 de junio. Durante la intervención de Franco en este mitin, el escenario se vino abajo, y como consecuencia del derrumbamiento el aviador sufrió la fractura de una de sus piernas. Tras esto, Franco declaró tal suceso como un atentado contra su persona, dando lugar a unos rumores que no hicieron sino generar más tensiones en Tablada, donde el polémico lesionado se instaló tras el accidente.


Ramón Franco hospitalizado tras el mitin de Lora del Río


Ante el temor a la inestabilidad y los rumores de revolución que circulaban por Sevilla, el gobierno encargó a Sanjurjo la tarea de controlar la situación, por lo que el general llegó a Sevilla el día 27 llevando a cabo un notable despliegue de fuerzas militares por toda la ciudad y haciéndose cargo de la situación en el aeródromo.

Finalmente, al día siguiente, 28 de junio, se celebraron las elecciones sin que hubiera ningún altercado. El supuesto Complot de Tablada, finalmente, quedó en nada, aunque con certeza aún no puede saberse si los rumores eran infundados o no. La prensa y el gobierno difundieron la idea de que había todo un plan urdido por Franco, que consistía, primero, en la concentración de armas y aviones en Tablada, y ya el 27 de junio, en la toma de la ciudad por parte de campesinos de la CNT y comunistas, proclamándose así la revolución y el Estado libre de Andalucía.

Blas Infante en su ya mencionado texto sobre el tema, desmiente tajantemente toda esta teoría de la conspiración, que considera un montaje del gobierno de Maura para desacreditar una candidatura “molesta” que cuestionaba el rumbo que estaba tomando la República.

Sin embargo, analizando otros testimonios, el asunto no aparece tan claro. Pedro Vallina en sus memorias declara que sobre el plan de “revolución andaluza” que la candidatura estaba gestando, Franco le aseguraba que contaba con el apoyo de los nacionalistas catalanes y que el movimiento revolucionario podía disponer, ya que él era director de la aviación militar, de aviones de guerra. Vallina prosigue afirmando que la noche del accidente de Lora, tenía preparada a la gente en Triana para tomar posesión del aeródromo, “pero en el momento que se reunía la muchedumbre, llegó a aquel lugar en un automóvil la mujer de Ramón Franco y el mecánico Rada con la orden de Ramón Franco de detener el movimiento porque Sanjurjo se había posesionado del aeropuerto y había preparado su defensa militar”.

Por su parte, José Antonio Balbontín en sus memorias escribe que Franco participaba de la misma idea de revolución que Vallina, y que le dijo “que era preciso hacer la revolución social en Sevilla y en todo el campo andaluz, de un modo inmediato, antes de que se reunieran las Cortes Constituyentes”, a lo que Balbontín contestó que era mejor “esperar a que se disipasen las ilusiones despertadas en la masa campesina por los anuncios de la reforma agraria que habían de promulgar las cortes constituyentes para poder intentar con éxito cualquier movimiento revolucionario en el campo”, ya que de lo contrario se guiaría a los campesinos revolucionarios sevillanos a una muerte inútil.

Libro de Blas Infante sobre el Complot de Tablada


No puede asegurarse nada, pero como el historiador Lacomba afirma, parece que los testimonios y documentos apuntan a que “algo sí debió haber o, al menos, pasar por la cabeza de R. Franco, aunque, desde luego, sin auténtica organización”. No es extraño que un personaje de actitud provocadora como Franco propiciara este tipo de fantasmas, como tampoco es descabellado pensar que el gobierno, necesitado de estabilidad, agrandara, consciente o inconscientemente, el caso para neutralizar una posible fuente de problemas y acabar con un personaje como Franco, a la vez influyente y polémico.

Como dije al principio de este artículo, los sucesos de Tablada sirven para exponer la confusión y el eclecticismo que ciertamente demostró el andalucismo en su acción política, que lo llevó a estar implicado en un asunto tan poco claro y extravagante como este. La Candidatura Republicana, con su afán movilizador y su lenguaje aparentemente radical, junto con la inclusión de personajes como el líder revolucionario Vallina y el controvertido Franco, pudo ser percibida como excesiva, incluso incendiaria, para un régimen que había acabado de instaurarse, pudiendo dar pie a especulaciones de todo tipo. El carácter que tomó la candidatura parecía no tener mucho éxito entre las clases medias, mientras que también podría no haber sido muy entendida por los sectores populares de tradición socialista o anarcosindicalista. En definitiva, el andalucismo de Infante mostraba una estrategia política poco clara, que podría considerarse en buena parte consecuencia del carácter confuso de sus propias bases doctrinales. La controversia y la escasa receptividad del anarcosindicalismo hacia los planteamientos andalucistas de la Candidatura Republicana Revolucionaria (aunque hay quien ha interpretado que no obtuvo pese a todo unos resultados electorales tan malos), significaron un duro golpe para el movimiento liderado por Blas Infante que volvería a replegarse a un segundo plano de la vida política. El andalucismo histórico quedaba así presa de su indefinición ideológica y sus contradicciones.

Bibliografía

Balbontín, J. A. La España de mi experiencia. Reminiscencias y esperanzas de un español en el exilio. Sevilla: Centro de Estudios Andaluces, 2007.

Gil Honduvilla, J. “Los sucesos de Tablada de Junio de 1931 y sus consecuencias”. Revista de Historia Militar, 110 (2011), 11-50.

González de Molina, M. “El andalucismo político 1915-1998: ¿un andalucismo imposible?”. En C. Forcadell Álvarez (Ed.), Nacionalismo e Historia (pp. 89-115). Zaragoza: Institución «Fernando el Católico», 1998.

Infante, B. La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía. Sevilla: Fundación Blas Infante, 2005.

Lacomba Abellán, J. A. Regionalismo y autonomía en la Andalucía contemporánea (1835-1936) Granada: Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Granada, 1988.

Lacomba Abellán, J. A. Teoría y praxis del andalucismo. Málaga: Editorial Librería Agora, 1988.

Vallina, P. Mis memorias Centro Andaluz del Libro & Libre Pensamiento, 2000.

Imágenes

Antonio Rexach, Ramón Franco y Blas Infante:
http://hacheandaluza.blogspot.com.es/2012/06/obras-de-y-sobre-blas-infante-perez-en.html

Pueblo Andaluz: 
http://universoandalucista.blogspot.com.es/2009/05/candidatura-republicana-revolucionaria.html

Ramón Franco hospitalizado tras el mitin de Lora del Río:
http://universoandalucista.blogspot.com.es/2009/11/ramon-franco.html

Libro de Blas Infante:
Infante, B. La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía. Sevilla: Fundación Blas Infante, 2005.


Sobre el autor:

Moisés Hidalgo García

Licenciado en Humanidades en la Universidad Pablo de Olavide, especializado en gestión y técnicas informáticas para Archivos, bibliotecas y bases de datos. Realizó además el Máster Historia de Europa, el Mundo Mediterráneo y su difusión atlántica: Métodos, Teorías y Nuevas Líneas de Investigación (1492-2000) de la Universidad Pablo de Olavide, y actualmente realiza su doctorado en la misma universidad en la que investiga sobre los procesos de democratización en el mundo rural.


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